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El origen del Corpus Christi se remonta al siglo XIII. La religiosa Santa Juliana de Lieja (1193-1258; también conocida como Santa Juliana de Cornillon) dedicó su vida a promover una fiesta que honrara la Eucaristía después de unos sueños en los que aparecía la imagen de una luna cicatrizada. Más tarde, Jesucristo se apareció a Santa Juliana en uno de sus sueños y le explicó que la cicatriz simbolizaba la falta de una fiesta eucarística. La primera celebración del Corpus ocurrió en la Diócesis de Lieja (Bélgica) en 1246, y pocos años después, en 1264, el papa Urbano IV (1261-1264) instituyó una fiesta litúrgica, con textos de Misa de Santo Tomás de Aquino (1224-1274). El papa Clemente V (1305-1314) afirmó la fiesta, estableciendo las normas de un cortejo procesional, y el papa Juan XXII (1316-1334) introdujo la Octava con exposición del Santísimo Sacramento en 1316. La primera procesión del Santísimo Sacramento por las calles tuvo lugar en Roma en 1447. El Concilio de Trento reconoció la fiesta del Corpus y la importancia de su procesión y adoración pública en 1551: “Declara además el santo Concilio, que la costumbre de celebrar con singular veneración y solemnidad todos los años, en cierto día señalado y festivo, este sublime y venerable Sacramento, y la de conducirlo en procesiones honorífica y reverentemente por las calles y lugares públicos, se introdujo en la Iglesia de Dios con mucha piedad y religión”.

La más antigua referencia a la celebración de la fiesta de Corpus Christi en Segovia se remonta a 1577, aunque es muy probable que se observara antes, debido a la popularidad del festejo por España y Europa. El siglo XVII es, sin embargo, el periodo de su mayor florecimiento según los numerosos documentos existentes de ese siglo que describen la gran cantidad de tiempo y dinero que se invirtió en su organización y ejecución. Cada año, la Comisión del Corpus, cuyas máximas autoridades eran el corregidor y los regidores de Segovia e incluían las autoridades religiosas, se reunía varias veces antes del día del Corpus para organizar la música de la procesión, preparar un refrigerio para los asistentes oficiales, limpiar la custodia para el Santísimo Sacramento y elegir a los participantes en la procesión, el vestuario y las decoraciones de la ruta. La Comisión también se reunía después del día del Corpus para asignar los diversos premios monetarios que se repartían entre los participantes.

Los datos existentes que indican el itinerario de las procesiones son escasos, pero es razonable pensar por lo que se sabe que las procesiones recorrían la Calle Real, empezando en la Plaza Mayor y terminando en la Plaza del Azoguejo. El día del Corpus comenzaba con una misa, y las personas que no asistían a la misa solían ponerse de pie en las calles o tomar asiento en los balcones para la procesión. Los distintos elementos de la procesión seguían el mismo orden de aparición todos los años. La tarasca (un dragón que simbolizaba el mal) iba a cabeza de la procesión. Después de la tarasca, caminaban los gigantes y sus acompañantes, que eran enanos con cabezas enormes (cabezudos) hechas de madera y escayola. Las autoridades municipales y eclesiásticas llevaban velas mientras escoltaban al Sagrado Sacramento, que paseaba en un carro de gala.

Los libramientos de los gastos de la fiesta del Corpus en 1717 (A.M.Sg. 1172-112) especifica los diversos elementos de la procesión, incluso la vestimenta de los participantes. Los comisarios del Corpus autorizaron el pago de 240 reales de vellón por una danza, 192 reales de vellón por dieciocho pares de zapatos, 84 reales de vellón por siete sombreros, 70 reales de vellón por las corbatas y los vestidos que llevaban los gigantes en la procesión, 60 reales de vellón a un pintor por retocar la tarasca del día del Corpus, 20 reales de vellón a los mozos que llevaban la tarasca en la procesión y 32 reales por refrescos para las personas que llevaban la tarasca y procesaban de gigantes.

Los libramientos de los gastos del Corpus dejan de estipular los gastos de los gigantes, las danzas y la tarasca a partir del año de 1780. En este año, el Rey Carlos III (1759-1788) decretó que estos elementos de la procesión se quitaran porque los consideraba irreverentes: “Que en ninguna Iglesia de estos mis Reynos, sea Cathedral, Parroquial, o Regular, haya en adelante tales Danzas ni Gigantones, sino que cese del todo esta práctica en las Procesiones y demás funciones eclesiásticas, como poco conveniente a la gravedad y decoro que en ellas se requiere” (A.M.Sg. 816-40). La documentación que describe los gastos de las procesiones después de 1780 se centra en la vestimenta, la música, los preparativos para la ruta procesional y otros detalles que se necesitaban concretizar, pero no se vuelve a mencionar los gigantes, las danzas o la tarasca.

El festejo del día del Corpus incluía la representación del auto sacramental, una obra de teatro de un acto que alegorizaba temas eucarísticos. La primera representación se hacía en la Plaza Mayor después de concluir la procesión. Debido al reducido espacio de la Plaza Mayor, los actores se desplazaban a las plazas de Santa Eulalia y del Azoguejo, donde representaban dos autos sacramentales de nuevo para acomodar al gran número de personas que no podían verlos en la Plaza Mayor. Los actores que actuaban eran profesionales y procedían de otras provincias de España. Las representaciones no hubieran sido posibles, sin embargo, sin la ayuda de carpinteros, pintores y cargadores segovianos.

La fiesta del Corpus en Segovia hoy en día no es tan grandiosa como las celebraciones que se celebraban en el pasado por diversas razones. El Corpus en la Segovia del siglo XVII, por ejemplo, incorporaba la ostentación barroca de aquel entonces. Además de su función devocional, el Corpus en Segovia, sobre todo la adoración pública del Cuerpo de Cristo, cumplía una función sociocultural frente a los movimientos protestantes y la presencia de conversos y moriscos. La importancia religiosa y cívica de la procesión del Corpus en Segovia hoy en día se refleja en la demografía de los participantes: procesan los niños que han celebrado la Primera Comunión, los políticos municipales y el clero. El Obispo de la Diócesis de Segovia celebra una Misa por la mañana y luego sale la procesión de la Catedral, donde termina después de recorrer las calles de Segovia, haciendo paradas periódicas.

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(*) Profesor de Georgia Southern University y académico de San Quirce.