José Muñoz, Director General del Grupo COPESE. / Nerea Llorente
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COPESE nació en el año 1976 como un modesto proyecto empresarial basado en la comercialización de piensos para el sector porcino en la que trabajaban cinco personas. Pero en poco tiempo, aquella pequeña empresa familiar, fundada por Juan Antonio de Frutos y Marino Muñoz, se convirtió en el potente Grupo COPESE que en la actualidad genera alrededor de 240 empleos directos y más de un centenar de forma indirecta. La empresa desarrolla su actividad en su planta cárnica, fábrica de piensos y granjas. Además, de forma inminente iniciará su actividad en el Centro Integral Cárnico de Villacastín, adquirido por la empresa caucense. Su actual director general, José Muñoz, asegura que la clave del éxito ha sido la diferenciación y el crecimiento controlado, unido al trabajo y el esfuerzo de todas y cada una las personas que forman parte del proyecto.

— Hace más de 40 años comenzaba un sueño que hoy es una realidad imparable. ¿Cómo ha sido la evolución del Grupo COPESE desde sus inicios hasta la actualidad?
— El grupo COPESE nace en el año 1976. La crea Juan Antonio de Frutos quien, posteriormente, propone a mi hermano mayor, Marino Muñoz, hacer la sociedad. Ahí es donde entramos toda la familia para poner en marcha una fábrica de piensos.

La evolución del Grupo COPESE siempre se ha basado en ir generando negocio sin hacer previamente una inversión. Es la forma en la que hemos ido creciendo a lo largo de estos años. Inicialmente lo que hacíamos era fabricar en Madrid, en una fábrica de piensos, allí le ponían nuestra marca y posteriormente lo vendíamos. Podemos decir que COPESE fue pionero en el sector de las marcas blancas. El siguiente paso fue crear nuestra propia fábrica, Piensos COPESE, para posteriormente ir ampliando negocio con el inicio de la actividad ganadera. Lo que hemos ido haciendo con el paso de los años es verticalizar la cadena de producción, siempre dentro del mismo sector, uniendo las diferentes fases.

En el año 1989 creamos nuestra primera granja de reproducción para controlar la genética y toda la parte sanitaria y en 1993 incorporamos la industria cárnica en COPESE, con la implantación del Centro de Selección Porcina. En 2003 inauguramos el Centro Cárnico Las Salinas ubicado en el núcleo de Coca, con la primera sala de despiece y una pequeña parte de la fábrica de jamones. En 2005 ampliamos la fábrica de jamones y en 2007 ponemos en marcha el matadero y una segunda sala de despiece. Con nuestro propio centro vamos avanzando hasta la actualidad, que estamos sacrificando unos 4.500 cerdos semanales, de los cuales procesamos cerca de 2.000 despiezados. El resto los vendemos en canal a nuestros clientes.

— ¿Cuántos puestos de trabajo genera la empresa de forma directa e indirecta?
— De forma directa tenemos alrededor de 240 empleados y de forma indirecta generamos en torno a 100 – 120 puestos de trabajo.

— Para la comarca de Coca COPESE es, sin duda, una fuente de desarrollo y riqueza…
— Cuando nos encontrábamos en plena crisis económica y comenzaban a caer las empresas de alrededor, recuerdo que los vecinos nos decían: “sujetaros vosotros porque como caigáis, se nos muere la comarca”. Ahí es donde te das cuenta de que la gente te valora, porque nos veían como creadores de riqueza en la zona. COPESE es una empresa que sujeta población. Las industrias del núcleo rural somos las que hacemos que los pueblos sigan teniendo vida.

— Actualmente el Grupo COPESE encabeza la actividad ganadera segoviana. ¿Se podían imaginar que llegarían hasta este punto?
— No nos lo podíamos imaginar. Cuando creas una empresa, partes de cero y, en nuestro caso, nada teníamos que ver con este negocio. Mi padre era pañero, el clásico vendedor ambulante que iba con el metro de vara por los pueblos. Él ni siquiera llegó a conocer la empresa. Mis hermanos mayores fueron los que comenzaron la andadura y yo comencé a trabajar en la empresa cinco o seis años después de haber hecho la fábrica de piensos. Cuando te encuentras en esos comienzos, te marcas retos a corto plazo.

— La empresa se distingue por su modelo de gestión y el control de todo el proceso productivo, además de su intensa actividad en I+D. Háblenos de ello.
— Una vez me preguntaron en una charla en la que hablaba de nuestro modelo de negocio, que si era fácil ser bueno en todos los campos. Y la respuesta es que fácil no es, pero se consigue cuando tienes todo el proceso bajo tu control, cuando eres tú el que toma la decisión sobre la genética, sobre la alimentación de los animales, sobre cómo tienen que ser los cebaderos… Aunque parece un sector muy tradicional hay mucho I+D destinado a mejorar y optimizar en alimentación, reproducción y genética.

— Porque hay que ser punteros para no quedarse atrás…
— Tienes que ser puntero en I+D, pero es que los cambios son mucho más rápidos. Tienes que ser pionero en aplicar nuevas tecnologías que ya no dependen de ti, es I+D que han generado otros. Y hay que crecer fuera de nuestras fronteras, porque las empresas cada vez son más grandes y más fuertes. En España, uno de los principales problemas que tenemos es que si nos comparamos con un país como Alemania, nuestras empresas cuentan con un número de trabajadores infinitamente más bajo. Yo recuerdo que antes tenía que pensar si me iba a vender cerdos a Madrid o a Málaga. Ahora lo que pienso es si me tengo que ir a vender cerdos a China o a EEUU. Esa es la diferencia, que hoy estamos en un mercado global.

— ¿Cuál es el valor añadido que aporta COPESE con respecto a otras empresas del sector?
— El éxito radica en que al tener todo bajo control, conseguimos mejor la cuadratura del círculo. Al llevar a cabo todo el proceso y la producción, aportamos uniformidad en el producto, que se traduce en una calidad continua superior. En el sector se sacrifica el animal con 100-105 kg y nosotros hacemos lo que llamamos el “buey del porcino”, que es un animal castrado que llevamos a pesos de 140 kg, y que aporta mucha más calidad a la carne. Lleva unos costes de producción más altos y vas al mercado con un producto más caro, pero te diferencias del resto.

— Uno de los saltos que dan dentro del sector cárnico es la comercialización de sus productos bajo la marca comercial Eresma. ¿Cómo fue la puesta en marcha de esta iniciativa y cómo ha evolucionado?
— La puesta en marcha fue una iniciativa personal mía, que inicié con mi sobrino, el mayor de la segunda generación. La marca Eresma nace en 1993, año en el que la empresa comienza la transformación de una parte de la producción en jamones, embutidos, despiece y canales. Y poco a poco nos hemos ido abriendo camino en el mercado. Hemos crecido bastante porque no solamente nos hemos dedicado a los elaborados, sino también a la carne fresca.

— Hace unos meses adquirieron el Centro Integral Cárnico (CIC), ubicado en la localidad de Villacastín, Se trata de uno de los mayores complejos agroindustriales de la región. ¿Qué les ha llevado a poner en marcha este proyecto?
— Nos lo planteamos porque está ubicado en nuestra provincia y entendimos que era una oportunidad para crecer. El Centro Integral Cárnico multiplicaba por cinco nuestra capacidad de producción y nos lanzamos a por ello. Era un proceso concursal muy complejo, nos costó negociarlo porque era de mucho volumen, pero al final lo conseguimos. Había otra empresa que lo quería, pero les convencimos de que nosotros éramos la mejor opción.

— ¿Qué fases de actividad se contemplan en el CIC?
— Lo que vamos a hacer es trasladar todo el centro de carne fresca a Villacastín. La parte de sacrificio, despiece y congelación. Lo homologaremos y lo prepararemos para mover muchas más toneladas y así exportar a terceros países. En el centro cárnico de Coca la idea es cerrar la parte de fresco para remodelarla y destinarla a hacer muchos más elaborados, con el objetivo mantener los puestos de trabajo que hay actualmente. Además, vamos a montar un centro de I+D para sacar nuevos productos al mercado.

— ¿Cuándo será la puesta en marcha del CIC y cuántos puestos de trabajo tiene previsto generar?
— La puesta en macha será para finales de mayo o principios de junio. Probablemente en mayo ya hagamos pruebas de sacrificio. Inicialmente se crearán unos 80 puestos de trabajo, pero en la medida que vaya creciendo, este centro podría albergar más de 200 empleados.

Por su parte, la fábrica de piensos está finalizada y pendiente de arrancar. Vamos a optimizar costes y a aumentar la calidad de producto. Y a partir de ahí marcaremos los nuevos objetivos para crecer en la venta de piensos y en la producción ganadera.

— Son muchos los reconocimientos institucionales que ya tiene el Grupo COPESE en sus vitrinas. ¿Qué supone para la empresa recibir este tipo de galardones?
— Te motivan y te impulsa a querer seguir creciendo, creando empleo y riqueza en tu zona. Al final es un estímulo más que te hace seguir avanzando, es otro empujón. En esta vida cada vez tenemos todos más claro que lo importante no es el dinero y el corazoncito también es una parte fundamental.

— Empresas como COPESE son el futuro de las zonas rurales, de esa “España vaciada” de la que tanto se habla. ¿Cuáles son las principales dificultades o carencias a las que se enfrenta una industria ubicada en el campo?
— Las principales carencias que tenemos son a nivel de infraestructuras. Tenemos que afrontar mayores costes que una empresa ubicada en una gran ciudad, porque la comunicación no es la que debiera de ser, las carreteras tienen muchas carencias, la fibra óptica no llega, tiene un alcance de un 25% con respecto a lo que llega en una ciudad. Todo esto en un momento en el que ya hablamos de la industria 4.0. Por otra parte, cuando te pones a implantar una nueva industria en una zona rural, no llega potencia eléctrica. Entonces hay que negociar con las empresas eléctricas para que te lleven potencia y todo eso supone una inversión a mayores.

— Estamos en plena campaña electoral y es el momento de hacer una reivindicación a los partidos políticos. ¿Qué medidas fiscales cree que se podrían implantar para favorecer que empresas se implanten en zonas rurales?
— Creo que se deberían tener en cuenta bonificaciones aplicables a la cuota del IAE, del IBI, del Impuesto sobre Sociedades…. En definitiva, contar con algún tipo de deducción, porque las empresas rurales somos las que sostenemos la población en estas zonas. Y no se trata solamente de tener gente en los pueblos, sino de mantener sus culturas, de tenerlos cuidados. Y todo esto se hace si hay infraestructuras y empresas que asienten población. Si no se instalan empresas en el medio rural, los pueblos se quedarán vacíos y abandonados, como lamentablemente ha pasado en algunos municipios de nuestra provincia, de esta Castilla y León que tanto queremos. Las empresas del medio rural somos las que mantenemos vivos nuestros pueblos.

— ¿Las empresas rurales son, quizás, las grandes olvidadas?
— Es cierto que ahora los políticos se están focalizando más en nosotros, pero durante mucho tiempo las empresas rurales hemos sido las grandes olvidadas. Porque íbamos con reclamaciones pero no se acometía nada de lo que planteábamos. En nuestro caso llevamos diez años solicitando una entrada al polígono de Coca y no llega. Y existe un verdadero peligro de accidentes. Ahora con la fábrica de piensos va a haber mucho más movimiento de camiones y la entrada está total y absolutamente arcaica. Insisto, son pequeñas inversiones que no se acometen. Y esto es solo un ejemplo, pero podríamos poner cientos más.

— ¿Cómo ve el panorama empresarial en nuestra provincia?
— Si miro a mi alrededor, lo veo desde un punto de vista optimista. En conversaciones con amigos y empresarios hablamos mucho del futuro, no solo del de nuestras empresas, sino del de nuestros pueblos, del de Castilla y León. Crear empleo y riqueza en la zona ya lo vemos como un objetivo, tratando de devolver a la sociedad parte de los beneficios que nos aporta.

El punto pesimista lo pondría la incertidumbre política. No es nada buena para muchos proyectos. Y no es un problema de partidos, es un problema de no saber qué va a pasar, de cómo van a salir los gobiernos… Yo creo que al empresario lo que le preocupa es que tengan mucho poder los extremos en la política, porque eso puede frenar el crecimiento. Y una vez que has hecho grandes inversiones, te pueden poner entre las cuerdas.

— ¿Cómo afecta a nivel empresarial la despoblación en las zonas rurales?
— Afecta bastante. Cuando vas a crear empleo, en un país en el que el paro es la principal preocupación, hay zonas rurales donde no se encuentra mano de obra para trabajar, porque en 20 km alrededor no hay población. En el caso del Centro Cárnico de Villacastín tenemos la suerte de que está bien comunicado con Ávila y Segovia, por lo que esperamos tener más facilidad para el crecimiento.

— ¿Cuál es la mayor satisfacción que le ha dado el mundo empresarial?
— La mayor satisfacción te la da el día a día. El levantarte, el tener la agenda repleta y con una empresa que está funcionando. Sientes una gran satisfacción cuando te están dando un premio, pero también cuando estás poniendo en marcha una granja nueva o un centro de producción. Todos estos pequeños momentos son los que te motivan a seguir creciendo.

— ¿Qué consejo le daría a una persona que se quiera lanzar a emprender en el ámbito rural?
— Que emprenda, que no pasa nada, pero que lo haga con cabeza, que se vaya marcando metas. Que sueñe con el autoempleo, con crear dos o tres puestos de trabajo y cuando los tenga, que sueñe con tener seis, y así sucesivamente. Para que un negocio funcione es muy importante focalizar. Poniéndole ganas, esfuerzo, trabajo e imaginación, seguro que sale adelante.