Landa, genio camaleónico

MUCES recuerda la figura del actor a través de un coloquio en el que su hijo descubre la faceta más humana de uno de los referentes de la historia del cine español

118

Era un ave nocturna. Metódico por naturaleza, cuando no estaba de viaje por algún rodaje, casi todas las noches, se encerraba en su despacho para dedicar horas al estudio de los guiones y a preparar a conciencia los papeles que le tocaba interpretar. “Por eso, por las mañanas, no estaba tan disponible para nosotros, pero luego, por las tardes, estábamos juntos”, afirma Alfredo Landa Imaz, que recuerda a su padre como “un hombre bueno, un trabajador compulsivo y para mí el mejor actor del mundo”.

Alfredo Landa Imaz, uno de los tres hijos del mítico Alfredo Landa Areta (Pamplona1933-Madrid 2013), descubrió ayer el perfil más humano del mítico intérprete español, uno de los actores más versátiles y populares del cine español y que se retiró en 2007, seis años antes de su fallecimiento, tras participar en 133 películas y decenas de obras teatrales y series de televisión. Landa Imaz participó en la mesa-coloquio “Alfredo Landa, el crack del cine español” organizada por la Muestra de Cine Europeo Ciudad de Segovia (MUCES) con motivo del ciclo de proyecciones dedicado a recordar la figura del actor.

Con la presencia del catedrático de cine de la Universidad de Sevilla, Miguel Olid, el encuentro en MUCES permitió conocer, por boca de su propio hijo, aspectos menos conocidos de la personalidad de Landa. “Era un padre estricto, pero muy buen padre”, indicó Landa Imaz, que recordó como él y sus hermanas, Ainhoa e Idoia, cuando eran niños “no le veíamos tanto” porque el actor rodaba hasta cinco películas al año, además de participar en otros trabajos teatrales o televisivos, aunque cuando “fuimos más mayores y él tuvo una situación asentada, se portó como lo que era, un padre ejemplar”.

Un hombre “coherente, consecuente y muy inteligente”, además de un trabajador “compulsivo” para quien “el cine y el teatro y, particularmente, ese mundillo de los cómicos, fue toda su vida. Pese a los elogios, Landa Imaz no oculta que su padre tenía “un genio tremendo, un pronto impresionante”, aunque “ya le conocíamos que era así. ¿Quién no tiene genio?. Todos. Tampoco hay que dramatizar”.

Alfredo Landa, premiado en Cannes, y ganador de dos Premios Goya, además del Goya Honorífico que le concedió la Academia de Cine en 2007, quiso mantener su vida privada y, especialmente, a su familia fuera de los focos. “Nos mantuvo absolutamente separados de todo esto”, afirma su hijo. Para abundar en este celo por preservar la intimidad de su vida que tenía el actor, su hijo recuerda que cuando él apenas superaba los veinte años de edad le hicieron una entrevista a su padre y la revista tuvo que ilustrar el reportaje con la única foto familiar que existía. El hijo ya tenía 20 años y la foto publicada era una imagen de cuando tenía apenas seis años de edad.

Landa Imaz confesó sentirse “encantado y muy agradecido” por el tributo de MUCES, homenajes que “deben extenderse a otros actores y actrices españoles”. ¿Es suficiente el reconocimiento recibido por Alfredo Landa?. Su hijo opta por la prudencia, aunque “hay algún festival que debería hacer un esfuerzo y hacer un homenaje a mi padre, tenemos una espinita clavada”.

Quien tiene claro que no se ha reconocido suficientemente a Alfredo Landa es el catedrático Miguel Olid. “Yo creo que no, aunque la Academia le dio el Goya de Honor”, afirma el también colaborador de la MUCES, que considera “de justicia” honrar la memoria de Landa y su aportación al cine español que fue “fundamental e importantísima”. Olid le califica como un “actor camaleónico”, que fue “capaz de hacernos reir y también de emocionarnos”.

La trayectoria de Alfredo Landa se puede dividir en varias etapas. En 1958 se trasladó a Madrid y comenzó a trabajar en el teatro. Cuatro años después tuvo su primer contacto con el cine como actor de doblaje. Después alternó el teatro con papeles cómicos en el cine, en más de 40 películas. De 1970 a 1977 realiza 35 películas de lo que se dio en llamar el Landismo; mientras que, con posterioridad, Landa trabaja con directores de la talla de Bardem, Berlanga,Camus, Garci, Cuerda o Gutiérrez Aragón; mientras que en su última etapa el actor participa en varias series de televisión que gozan del arropo del público.

Según Olid, el Landismo es solo una etapa de la filmografía del actor, películas que son un “retrato sociológico de una época en España”, porque sus últimos trabajos tienen “registros muy diferentes”. “Se le recuerda mucho por sus personajes de comedia, pero tiene papeles dramáticos impresionantes, es un actor superversátil, como cuando era actor de teatro, en sus inicios, y hacía piezas teatrales dramáticas en los escenarios de toda España, algo que quizá es su faceta profesional más desconocida”.

Olid también hizo referencia al libro de memorias que escribió Landa en colaboración con el escritor Marcos Ordoñez, donde no dejó bien parados a algunos compañeros de profesión. “El libro nos descubrió un Landa que sabía muchísimo de cine y no se puede considerar ni un ajuste de cuentas ni un acto de venganza contra la profesión, fue un ejercicio de sinceridad absoluta que debemos agradecer (…) además no todo son comentarios negativos, también habló maravillas de sus compañeros”.