La vida sigue siendo sueño

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Revisitar a los clásicos es un ejercicio necesario pero que siempre se aborda, por parte del espectador, con cierto temor. Encontrar el punto justo de equilibrio entre una visión arqueológica, que no aporta nada nuevo a los montones de versiones que de las grandes obras se han realizado a lo largo de los siglos, y una visión que desvirtúa totalmente el original entre modernos fuegos de artificio, no es cosa sencilla.

Digamos pues para comenzar que la versión de «La vida es sueño», la obra por excelencia del dramaturgo por excelencia de nuestro siglo de Oro, una de las grandes piezas del teatro de todos los tiempos, que este fin de semana trajo al Juan Bravo la Compañía Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid, ha encontrado ese equilibrio, lo cual encierra un mérito no pequeño.

La versión de Pedro Manuel Víllora, dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente, que se estrenó en junio del año pasado en el Festival Clásicos en Alcalá, respeta el texto de Calderón y hace su propia aportación, traslada una pieza de por sí moderna a una estética de modernidad, que aportan fundamentalmente la escenografía, el vestuario y el espacio sonoro.

Gustarán más o menos los guardias vestidos como si acabasen de salir de «La guerra de las galaxias», Segismundo en vaqueros o las ultramodernas gafas, símbolo de autoridad real, del Rey Basilio, pero lo cierto es que dentro de la visión que ha creado Pérez de la Fuente, nada de eso chirría, como sí pasa con apuestas similares en un buen número de revisitadas obras clásicas.

Decía el director en una de las múltiples entrevistas que ha concedido en los últimos meses para hablar de este montaje que lo que permite modernizar una obra sin que el resultado parezca forzado es que la obra sea moderna en sí misma. Y no le falta razón. Las reflexiones de «La vida es sueño» son intemporales y universales, y nos valen ahora lo mismo que cuando la obra se estrenó hace casi 400 años.

«La vida es sueño» es una inteligente reflexión sobre el poder y la ambición, pero lo más interesante de todo lo que pasa en la obra es sin duda lo que sucede en el interior de Segismundo, convertido en la representación de cualquier hombre, de cualquier mujer, de cualquier vida, en un paradigma.

De los abismos de la prisión, a las cimas de la fama y el reconocimiento del Heredero; del loco, al hombre prudente. De la pesadilla al sueño y de ahí a la realidad… ¿o de nuevo al sueño? Quizá no hagamos, como Segismundo, más que soñar una vida, y la muerte sea el único despertar.

Por supuesto, una obra de este calado necesita para funcionar un Segismundo. El vallisoletano Fernando Cayo, actor de teatro y cine de amplia experiencia, ha configurado un Segismundo propio, ha dado al personaje una interesante dimensión, para dotarlo de un sentido muy orgánico. En mi opinión, se le va un pelín la mano en algunas escenas, como el primer monólogo, pero entiendo que hay un gran trabajo de creación previa, además de una destacada interpretación sobre el escenario.

Mucho más convencional en su interpretación, Chete Lera está correcto en el rol del rey Basilio, como a la altura está el resto del sólido reparto. Destacar especialmente, además de a Cayo, a Ana Caleya, como Rosaura, y Daniel Huarte, Clarín.

Ficha técnica

Espectáculo: La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Versión de Pedro Manuel Víllora

Compañía: Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid

Reparto: Fernando Cayo, Ana Caleya, Jesús Ruymán, Daniel Huarte, Joseph Albert, Victoria dal Vera, Víctor Anciones, Pedro Cuadrado, Joseba Gómez, Samuel Señas, Paco Blázquez y Chete Lera como el Rey Basilio.

Escenografía: Rafael Garrigós

Vestuario: Javier Artiñano

Iluminación: José Manuel Guerra

Música: José de Eusebio

Coreografía: Chevi Muraday

Espacio sonoro: Mariano García

Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente

Lugar: Teatro Juan Bravo

Fecha: Sábado, 29 de marzo de 2009