La unión hace la fuerza

Hermanos Asenjo Águeda, propietarios de Restaurantes Gobolem. Son cinco hermanos que llevan casi 40 años presumiendo de segovianos en Madrid, y promocionando los productos gastronómicos con origen en su tierra. Además de su unidad familiar, dan ejemplo del tesón y de capacidad de sacrificio exigida en el mundo empresarial, más si se trata del sector hostelero.

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A pesar de que muchas de las empresas de carácter familiar acaban disgregándose cuando pasan a ser gestionadas entre varios hermanos, el caso de los salones Gobolem es la excepción que confirma la regla.

La unión fraternal entre estos cinco segovianos ha permitido que sus negocios hayan crecido desde que apostaron por implantarse en Madrid. Ramón, Aniceto, Enrique, Miguel Ángel y Martín Asenjo proceden del pequeño municipio de Alconadilla de Maderuelo, pero integran un gigantesco equipo que hacen de Gobolem una enseña en Madrid donde abarca diferentes ámbitos de la hostelería a través de sus locales de distinto ambiente.

Ramón, el mayor de todos, fue el primero en empezar a trabajar en Madrid. Como otros muchos de entonces tuvieron que emigrar ante las escasas expectativas que había en los años 60 y 70 en el mundo rural en el que la agricultura y la ganadería, únicas actividades que se realizaban, no ofrecían expectativas halagüeñas.

El primogénito aprendió el oficio en un establecimiento de Carabanchel, de la mano de un paisano y conocido de la familia. Con la colaboración y apoyo de los hermanos, en 1974 se decidieron a abrir su propia cafetería, situada en el Paseo de San Francisco de Sales, de ambiente estudiantil. Con Ramón acudió Aniceto, que pronto dominaron la profesión de camarero y cocinero. Poco a poco fueron llegando los otros tres hermanos y aprendiendo el oficio.

Los cinco trabajaron codo con codo hasta convertir a Gobolem en un local de moda entre los estudiantes por encontrarse en zona de universidades y colegios mayores. En 1982 vieron la importancia que adquiría la restauración en Madrid y ya habían decidido que iba a ser la ciudad en la que desarrollarían su profesionalidad. Abrieron así, en Julián Romea, su segundo negocio: un restaurante con horno de leña. Con él comenzaron a ensalzar y dar prestigio a los productos de su tierra de origen. El cordero y el cochinillo asados, junto con los pescados de calidad reforzaron la fama de la marca Gobolem.

Su apuesta por la variedad sus ganas de seguir trabajando les llevó a abrir en 1991 el que hasta ahora es su última apuesta: un lugar donde poder sofocar los rigores del verano madrileño. Los jardines y espacios abiertos de Gobolem Las Rozas aporta un nuevo aire a sus negocios. Los hermanos Asenjo ofrecen en ellos una cocina de vanguardia a la altura de los nuevos tiempos. “Los clientes es lo mejor de nuestra casa”, aseguran estos hermanos, a quienes están agradecidos.

Muchos de sus antiguos clientes estudiantes son hoy ejecutivos de alto nivel. Y mantienen vinculación. “Nuestra mejor recompensa es ver que aquellos con quienes comenzamos, consideran nuestra casa como la suya; y hoy nos siguen confiando sus celebraciones familiares”, asegura agradecido Enrique Asenjo. Sólo con calidad humana se logra esa fidelidad. Y ellos la mantienen también con su pueblo, Alconadilla, donde vuelven, sobre todo en verano, para compartir recuerdos y vivencias con sus vecinos y amigos, y disfrutar de la tierra que un día les vio nacer.

A fondo:

Un paraje de Segovia: Alconadilla de Maderuelo

Un lugar de Madrid: El Paseo de San Francisco de Sales

Comida preferida: Cordero asado de Segovia

Una bebida: Vino tinto de Ribera del Duero

Una afición o deporte: Fútbol

Un equipo: Real Madrid y Atlético de Madrid

Una canción: Una jota segoviana

Un lugar al que viajar: Francia