La población de águilas imperiales asciende a 19 parejas, un nuevo récord

El número de pollos volados en Segovia durante 2009 fue de 33, lo que mantiene a la provincia como una de las más ‘productoras’ de la especie

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El año 2010 comienza con una buena noticia para la población de águilas imperiales ibéricas (Aquila adalberti) en la provincia de Segovia. El número de parejas censadas en el año 2009 fue de 19, lo que supone un importante incremento con respecto a 2008, en el que los biólogos cifraron la población segoviana en 16 parejas.

Siguiendo la tendencia nacional, las águilas imperiales ibéricas aumentan su número en Segovia, ahuyentando así el miedo a la extinción de un ave que, durante años, había ceñido su área de nidificación en la provincia a la Sierra de Guadarrama y zonas colindantes. Ahora, esta emblemática especie se halla en un proceso de colonización de las llanuras segovianas, un hábitat idóneo para las águilas imperiales ibéricas, siempre que encuentren alimento —su dieta se basa en los conejos—, árboles para nidificar y tranquilidad, mucha tranquilidad.

Si las águilas imperiales ibéricas de Segovia se refugiaron en la Sierra de Guadarrama fue “por la persecución que sufrieron”, estima Javier Oria, asesor técnico de la Junta de Castilla y León en esta especie. Reducido ese acoso, vuelve a volar sobre sus áreas tradicionales, aquellas en las que encuentra con facilidad conejos. De hecho, las tres nuevas parejas de 2009 han nidificado precisamente en la Campiña y la Tierra de Pinares.

Además de un récord en el número de parejas, en 2009 se ha batido una marca en la cifra de pollos volados. En total, han volado 33 pollos, lo que supone una productividad considerada “muy alta”, de 1,73, permitiendo a Segovia mantener su posición privilegiada en cuando a ‘producción’ de águilas imperiales ibéricas.

De igual manera que en los últimos años, Oria quiere destacar el papel “decisivo” que tiene en este éxito el ‘Plan de Alimentación Suplementaria’ impulsado por la Junta de Castilla y León. Así, se colocan conejos, desde el mes de abril al de septiembre, en los posaderos utilizados habitualmente por las águilas imperiales ibéricas. Con esta medida se evita, en gran medida, el cainismo entre las crías, provocado por la falta de disponibilidad de alimento. El pasado año, la mitad de las parejas segovianas se benefició del ‘Plan de Alimentación Suplementaria’. La productividad resultó “muy similar” entre las parejas que entraron en este plan y las que quedaron fuera de él.

El aumento de la población a nivel nacional —las estimaciones apuntan que el número de parejas en España en 2009 rondaba las 260— es debido a una larga lista de motivos, en la que figura en lugar preferente la implicación de las diversas administraciones públicas, que han adoptado numerosas medidas para la conservación de la especie. “Mientras las águilas son jóvenes, se desplazan hasta territorios lejanos, con los peligros que ello conlleva, como riesgo de electrocuciones o veneno en el campo”, explica Oria, para el que “las actuaciones que decida tomar una comunidad autónoma no solamente afectan a ‘sus’ águilas, sino también a otras que pasen por allí”.

En cualquier caso, este experto está satisfecho con respecto a la menguante incidencia de electrocuciones y venenos. “La modificación de los tendidos peligrosos contribuyó a aminorar la mortalidad, y con respecto a los venenos, las águilas no están siendo muy afectadas en Segovia”.

De cara a 2010, Oria ha hecho su particular petición a los Reyes Magos. “Solamente pediría que no muriera ningún águila imperial ibérica ni por disparos, ni por venenos, ni electrocutadas ni por molestias”. A su juicio, la especie “está respondiendo muy bien” a las medidas de conservación impulsadas por las administraciones públicas y las campañas de sensibilización. No obstante, advierte que, a medio plazo, “lo más importante será que el hábitat que reúne las condiciones para que la especie anide no se degrade”. Esta última apreciación resulta especialmente clarividente en provincias como la de Segovia, donde las águilas imperiales ibéricas han superado los límites de las ZEPA (Zonas de Especial Protección de Aves) para anidar en áreas que no cuentan con ningún tipo de figura de protección.