La Historia: Maestra de la Vida (IV Marqués de Cuellar, Virrey de Cataluña)

En la Historia de España, aparece por primera vez el concepto de Democracia a mediados del siglo XVII, se apaga casi durante 100 años y vuelve a aparecer sobre 1.732. Este tipo de Democracia, se deriva de los pocos conocimientos que tenían los políticos o mandatarios de la época de libros tan necesarios para ellos como Las Leyes de Platón, la Política de Aristóteles y sobre todo el discurso profundo que hace de ella Pericles en el siglo V antes de Cristo. Esto ni se tocó en la Historia de nuestra tierra, solo hubo esos destellos que tuvieron los fueros de Castilla, desde Brañosera hasta Castrogeriz. Como todo esto se olvidó, ahora me sugiere este pequeño destello histórico.

El VII duque de Alburquerque, nacido en la ciudad segoviana de Cuéllar, IV Marqués de Cuellar, bautizado en la Iglesia de San Martín, con el nombre de Francisco Fernández de la Cueva y de la Cueva, hijo de Beltrán III de la Cueva y Castilla y de su primera mujer Isabel de la Cueva y Córdoba, nació en 1.575 y vive hasta 1.637, era del linaje que nuestro Rey Enrique IV fundó en esa ciudad segoviana en 1.464, el 26 de Septiembre de ese año, como dádiva a Beltrán de la Cueva, la renuncia que éste hizo de ser Maestre de la Orden de Santiago, estirpe a la cual se concedió la Grandeza de España por Carlos I para todos sus descendientes; Beltrán de la Cueva fue el personaje al que se pretendió endosar la paternidad de Juana la Beltraneja, y al que vigilaban por “rendijas” que había en la habitación de Dª Juana en el Palacio de Enrique IV en los años de apogeo de este monumento hoy en ruinas casi. El VII Duque de Alburquerque, IV Marqués de Cuellar, VII Conde de Huelma y de Ledesma y VII señor de Montbeltrán, fue Virrey de Cataluña del año 1.615 a 1.619, es decir, cuatro años de gran pelea en esas tierras, como ahora citaré, por la importancia que tuvo después en la Rebelión de Cataluña de 1.640, contra Felipe IV, por la política del Conde Duque de Olivares, su valido, con la que los catalanes no estaban de acuerdo.

FuenteJOSÉ MARÍA COSTA 
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