La Escuela de Socorrismo elaboró un plan de seguridad

El director técnico, Luis Miguel Pascual, afirma que los bañistas que van al Pontón tienen un perfil de ‘cultura acuática’ bajo

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“No se puede seguir en esta situación, en la que los usuarios se siguen bañando sin que haya una regulación”. Así de categórico se muestra Luis Miguel Pascual Gómez, director técnico de la Escuela Segoviana de Socorrismo, que lleva años clamando en el desierto para que el baño en el embalse del Pontón Alto sea seguro. Precisamente, a mediados de los años noventa, esta entidad ya elaboró un plan de seguridad para esta infraestructura hidráulica.

Pascual comentaba esta semana a EL ADELANTADO que todos los años, los primeros fines de semana del verano, integrantes de la Escuela se desplazan a la zona del Pontón para informar y aconsejar a los bañistas, a quienes entregan un folleto explicativo. “Hemos podido comprobar que los usuarios siguen teniendo el mismo perfil: Jóvenes, familias pero, sobre todo, personas con un perfil de “cultura acuática” bajo, en relación con su seguridad en un entorno con características especiales y que hace necesario elevar el nivel de autoprotección”.

Este especialista califica el tema de la autorización o no del baño en este embalse segoviano como “‘la patata caliente que se pasan las administraciones unas a otras”.

“Es muy significativo que cuando ha habido fondos sí se podía disponer de una organización y un servicio de socorristas y cuando se acabaron nadie se ha puesto de acuerdo en la regulación de las actividades, independientemente de quien tenga las competencias, lo que nosotros desconocemos porque no está claro”, explica Pascual.

Desde la Escuela Segoviana de Socorrismo, “si se permite el baño hay que aplicar criterios técnicos para regularlo y garantizar la mayor seguridad posible para los bañistas, los socorristas y el entorno”.

Para ello, añade, debería acotarse una zona concreta, marcada y vigilada, con unas condiciones mínimas.

El citado plan de seguridad del Pontón Alto, que elaboró esta entidad en 1995, completamente vigente según Pascual, contempla un análisis de riesgos, destacando la mayor ocupación de bañistas en el margen izquierda del embalse, por ejemplo, o la “visibilidad nula a dos metros de profundidad en el agua” y “una dispersión lumínica que la hace prácticamente opaca a cuatro metros de profundidad”. También alertaba de dificultades para los accesos de vehículos de emergencia o evacuación.

El plan incluye medidas de protección en relación con la delimitación de la zona de vigilancia, medios humanos y materiales necesarios, así como una valoración de su aplicación durante el primer año de aplicación de las medidas —en 1996, gracias a fondos estatales— que señala la conveniencia de una campaña de difusión y concienciación del público que acude a bañarse al Pontón Alto.