La Casa de la Moneda se llena de vida 500 años después

Turismo organizó una visita a la que fuera la primera fábrica de acuñación en España

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Bajo un cielo abierto y un sol radiante. Así comenzó la jornada para las 13 personas que participaron en la visita ‘Ingeniería y Paisaje en Segovia’, organizada por los responsables de Turismo para esa mañana de domingo.

Cuando quedaban pocos minutos para que el reloj marcase las 10 y media, la guía Beatriz González recibió a los visitantes en la Casa de la Moneda, lugar desde el que partiría la excursión. Los integrantes del grupo pudieron contemplar de cerca la que fuera la primera fábrica de acuñación de monedas en España, allá por el siglo XVI.

Fue el rey Felipe II quien, tras comprar unos 6.000 metros cuadrados de terreno a la Iglesia, encargó a Juan de Herrera su diseño. Finalmente se edificaron 4.500 metros cuadrados en una zona con un gran desnivel, que fue sencillamente salvado con un edificio a dos alturas. Desde la entrada a la antigua fábrica, los visitantes pudieron comprobar fascinados las magníficas vistas. Por un lado, el Alcázar; por otro, el Monasterio de El Parral.

Una vez dentro, el grupo visitó el Museo de la Real Casa de la Moneda. La primera sala era un viaje a lo largo de la historia del dinero: el trueque, los metales preciosos, la moneda y finalmente el dinero electrónico, aparecían representados en distintos murales pictóricos. La siguiente sala llamó la atención de los participantes. Bajo el rótulo ‘Viajar por la acuñación’, pudieron sumergirse en las distintas herramientas que fueron utilizadas durante los años de actividad de la fábrica. Primero fue la técnica del martillo, después se introdujo la elaboración a ingenio; más tarde fue el turno de las prensas de volante, que finalmente dieron paso a la ya moderna prensa automática.

Los excursionistas no perdían detalle alguno y acompañados de sus cámaras de fotos o de sus ‘palos selfie’ pudieron inmortalizar auténticas piezas de museo, como las primeras y las últimas monedas acuñadas en la fábrica segoviana. Otras destacaban, incluso, por pertenecer a momentos históricos muy emblemáticos, como la moneda acuñada tras la llegada de la I República.

El ensayador, el tallador, el tesorero y un largo etcétera de trabajadores de la fábrica parecían aún recorrer los rincones del museo ante las explicaciones de la atenta guía, que comentaba cada uno de los oficios de la época en la sala homónima, a la par que respondía a las distintas dudas de los allí presentes. Luego fue el turno de la visita al improvisado taller, donde los visitantes pudieron ver de cerca la acuñación de varias monedas con la técnica del martillo, la más antigua de todas.

Una vez en el exterior, la guía del museo pasó el testigo a David Martín, que comenzó explicando el funcionamiento de los molinos de agua que hacían funcionar el resto de maquinarías del interior de la fábrica. También deleitó al grupo con las cifras referentes al caudal del río Eresma a su paso por la Real Casa de la Moneda. En el mes de abril, en pleno apogeo hidráulico, se llegan a alcanzar los 5,5 metros cúbicos por segundo. En cambio, en su punto más bajo, allá por el mes de septiembre, no llega apenas a los 0,5.

Tras la visita al histórico y recientemente reformado edificio, el grupo se dirigió hacia el Monasterio de El Parral para continuar con la parte más puramente natural de la excursión. Desde lo alto de un pequeño acantilado, los visitantes pudieron contemplar la singular belleza de la zona paisajística del valle del Eresma, que contrastaba con la zona amurallada de la ciudad, que protege aún hoy la Catedral o el Alcázar. La que es una zona protegida desde mediados del siglo pasado, ha vivido a lo largo de la historia la influencia de la acción humana en sus entrañas. Primero fueron los romanos; más tarde durante el esplendor agrícola de la ciudad, las huertas llenaron la ribera del río, dejando paso a la actual arboleda que es sin duda alguna un lugar estupendo para contemplar la belleza de nuestro paisaje.

El guía también quiso mostrarles una de las plantas que hizo posible teñir de rojo los paños de la Edad Media en Segovia. Se trataba de la rubia tintórea, que aún hoy habita en las zonas de San Lorenzo y junto al Parral. No hay que olvidar que durante aquella época, nuestra ciudad era una de las más industrializadas de la época, llevándose el primer puesto en fabricación de vidrio, paños y monedas. Lugar que después pasaron a ocupar otras capitales como Madrid.

Para finalizar la visita, se le ofreció al grupo la posibilidad de ver el Romeral de San Marcos, que es hoy una propiedad privada. Obra del paisajista uruguayo Leandro Silva, el lugar contiene un sinfín de especies arbóreas, incluso exóticas, que lo convierten en una zona única, a la par que desconocida dentro de nuestra ciudad. La actividad concluyó dejando un muy buen sabor de boca a los 13 participantes, que disfrutaron de una mañana cultural y repleta de naturaleza.