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Cristina Cuéllar compartió su lucha y emocionó con su testimonio. / KAMARERO
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“Desde la primera noche que me diagnosticaron la enfermedad, en la que no pude dormir nada, me propuse que nada me borraría la sonrisa porque entonces dejaría de ser yo, que aunque haya días de lloros —tan necesarios para desahogarte— y miedos, siempre hay que pensar que vendrán días mejores”.

Cristina Cuéllar dio voz a las mujeres que sufren cáncer de mama y relató su experiencia sin perder la sonrisa aunque emocionado hasta hacer llorar a más de una de las personas ayer reunidas en el que fue antiguo salón de plenos del Ayuntamiento.

Su lucha comenzó el 9 de febrero de 2017, con 39 años, cumplió 40 en el hospital con una “sesión que me dejó planchadita” y después de un año largo, el pasado 14 de febrero terminó los tratamientos más agresivos. “No me lo podía creer” dijo al recordar esa fecha. Entre medias, la operación, la quimioterapia, la radioterapia, y actualmente sigue con hormonoterapia. Lo más difícil fue la ‘quimio’. “Es un tratamiento largo —relató—, en el que hay días duros, que te dejan cansada, me miraba en el espejo y me costaba reconocerme; cuando te estás recuperando de una sesión ya te llega la siguiente”.

Cristina Cuéllar compartió el momento en que recibió el diagnóstico y las explicaciones de los especialistas y cómo dijo “a por ello” pero también que pensó “ahora no me viene bien”. “Pero claro, ¿cuando viene bien una enfermedad?” reflexionó en alto.

En todo este año intenso en el que ha renunciado a algún sueño, Cristina ha aprendido a cuidarse y a quererse más y tiene muchas cosas que agradecer. Al personal sanitario, “el tacto con que me han tratado”; a la AECC y a sus voluntarias, la ayuda económica para los desplazamientos, la ayuda psicológica y “hasta me enseñaron a maquillarme las cejas”; a las amigas, “esas tardes de cartas”, los globos en la puerta de casa y “acompañarme a comprar una peluca”; y a su familia que la ha protegido y “ha cargado con mi trabajo y el suyo”. Y con una amplia sonrisa y tono firme aseguró: “Esta segunda oportunidad, la voy a aprovechar”.