Productos tradicionales de la provincia, en una de las muestras de la Red. / el adelantado
Productos tradicionales de la provincia, en una de las muestras de la Red. / el adelantado
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La Red de Semillas de Segovia es un colectivo de personas comprometidas con la conservación de la diversidad agrícola. Su labor se basa en la búsqueda y reproducción de las variedades locales tradicionales. Desde hace años recorren la provincia con sus intercambios de semillas, plantel y cosechas, con el objetivo de preservar un legado tan importante. Una variedad local es un cultivo conservado por los agricultores que, mediante la selección continuada durante generaciones han sido adaptadas a las condiciones ambientales (clima, suelo, plagas, gustos, costumbres, etc.), de cada zona.
Este grupo cogió el relevo en 2013 de un gran trabajo, realizado primero por el grupo de acción local Codinse en la comarca nordeste, y después ampliado por la Unión de Campesinos (UCCL) a toda la provincia, incluyendo también cereales tradicionales. Este trabajo se inició con la recopilación de información y la conservación de las semillas que desde siempre se habían utilizado en la provincia. Así, gracias al banco de semillas, hoy en día se puede contar con algunas variedades que de otra forma se habrían perdido.
La Red se creó para retomar esa labor, según comenta María, una de sus integrantes más dinámicas. Organizan, al menos, tres encuentros al año, cada vez en un lugar de la provincia, para que se les conozca y poder llegar a los “guardianes” de las semillas. En febrero intercambian las semillas y también las reparten entre todas aquellas personas interesadas en conservar esas variedades tradicionales, y apadrinarlas para mantener vivo el banco. En primavera intercambian los plantones, “y en otoño nos encantaría recoger semillas de las variedades apadrinadas en febrero, y de hecho, lo vamos consiguiendo poco a poco”, afirma María. Hay que tener en cuenta que se trata de organizar más de 200 variedades de semillas hortícolas, cereales y de jardín.
En la actualidad, unas 200 personas están implicadas de una manera u otra en la Red de Semillas de Segovia. La parte más activa en diferentes grupos de trabajo la forman unas 20 personas, además de contar con otro grupo con un compromiso intermedio, de madrinas y padrinos, de unas 40 personas, que cultivan y recolectan semillas del Banco para su renovación. “En todos los municipios que hemos visitado, la gente se muestra muy interesada en la iniciativa y de una manera u otra comienzan a implicarse”, concluye María.
Las especies que más éxito tienen en los encuentros de la Red de Semillas suelen ser los tomates, ya sea Verde de Pinillos, Rosa de Piñel o Antiguo Segoviano. “Creo que la gente busca recuperar el verdadero sabor en sus huertas, que al ser la mayoría de verano y pequeñas, dejan de lado cultivos como el guisante y las habas”, afirma María, quien considera que el espacio no debería limitar las huertas y el invierno tampoco. “Debemos pensar que un suelo cubierto siempre de vegetación es un suelo vivo, capaz de producirnos alimento constantemente solo con aprender algunas técnicas básicas de rotación de cultivos”. La pérdida de esas prácticas y las leyes impuestas por las grandes empresas productoras de semillas han propiciado la pérdida de un gran número de variedades de especies hortícolas y especialmente de cereales, concretamente, a nivel mundial, el 75 por ciento, entre los años 1900 y 2000.
Cada día es mayor la aceptación de los productos ecológicos en la sociedad, también en la segoviana. María, integrante de la Red de Semillas de Segovia, manifiesta que “siempre se ha querido lo mejor en el plato y siempre se ha dicho que lo más caro es lo mejor”. En cuanto a esta última afirmación mantiene sus dudas, pero afirma con rotundidad que “lo más seguro para tu salud es consumir productos ecológicos y no siempre son los más caros”. “En igualdad de condiciones, —añade— su producción es más económica; ahora bien, la cadena es tan larga que cuando llega al consumidor…”. A este respecto, destaca que una certificación ecológica también cuesta dinero y la producción puede desarrollarse lejos, lo que afecta al precio con el que llega al mercado. “Lo ideal para el consumidor es poder tener acceso a productos de temporada y de kilómetro cero, y entonces el coste será igual o inferior en ecológico”.
Sobre los cultivos agrícolas propios de cada territorio, por los que apuestan las redes de semillas, las “semillas libres”, destaca que aportan sabores, aromas, olores o colores (propiedades organolépticas) característicos, que en el caso de la provincia de Segovia definen la alimentación mediterránea. También son fuente de seguridad alimentaria, facilitando el cultivo de poblaciones vegetales poco homogéneas, más estables ante situaciones adversas, es decir, su diversidad reduce el riesgo de pérdidas masivas de cosechas. Y además, son una biodiversidad patrimonio de todos, ajenas a patentes industriales, como ocurre en el caso de las semillas transgénicas. Por estas cualidades de estas variedades tradicionales surgen las redes de semillas. “Nos unimos ante la necesidad de recuperar el cultivo tradicional y las variedades locales, debido a que prácticamente han desaparecido por el despoblamiento, el abandono de la agricultura tradicional y la sustitución por variedades modernas”, argumentan desde la Red de Segovia.
En su opinión, “la enorme disminución de la biodiversidad no hace más que plantear un futuro muy incierto en nuestros pueblos y en nuestra alimentación y existencia”. “Nos basamos en el cultivo ecológico y tradicional en pequeños huertos de autoconsumo y con la ayuda y asesoramiento de agricultores ecológicos de la provincia. Esperamos una buena respuesta de la sociedad segoviana, que también está cada vez más informada y formada para saber lo que come, de dónde viene su alimento y cómo se produce, buscando estar sanos”, afirman.
La pérdida de biodiversidad y variedad de especies importantes, sobre todo en el sector del cereal, han propiciado que la Unión Europea fije nuevas leyes de producción y conservación de semillas, que animan a la conservación de esa biodiversidad y riqueza de recursos que cada agricultor selecciona a lo largo de los años en función de sus características climáticas y patológicas. “Lo malo es que hasta 2021, esta nueva normativa que permitirá al agricultor seleccionar y decidir qué semillas quiere utilizar, no entrará en vigor y el daño ya está hecho”, lamentan desde la Red de Semillas de Segovia. En este sentido, inciden en que con la labor de los bancos de semillas y la ayuda, entre otros, de los medios de comunicación, se pueda llegar a tiempo de conocer a algunos de esos “guardianes de las semillas” que todavía conservan variedades antiguas, y poder con su ayuda recuperar su cultivo.
En cuanto a la compatibilidad del cultivo ecológico con el actual sistema capitalista, consideran que poco a poco se van acercando los métodos de producción. “Es verdad que todavía no pueden convivir, —afirma María, de la Red de Segovia, — quiero decir que físicamente es incompatible tener campos trabajando en ecológico al lado de campos trabajados en convencional o integrada, ya que los productos utilizados en estos últimos afectarían al ecológico de tal manera, que casi seguro perdería su certificación en los análisis previos a la comercialización”. Lo que prima es la saluda y las leyes se diseñan para protegerla, por lo que cada vez se tiende más a suprimir el uso de muchos productos extremadamente agresivos. “Creemos que la agricultura del futuro se basará en técnicas que fomenten la biodiversidad y el manejo conservativo. Y necesitamos recuperar e investigar también la biodiversidad cultural, métodos y técnicas que mantengan el equilibrio del sistema de producción”.
Para luchar por todo lo anterior están los bancos y redes de semillas, como el de Segovia. En todo el mundo, existen cerca de dos millares de bancos de semillas, el mayor situado en unas instalaciones subterráneas en el archipiélago noruego de Svalbald. Estos refugios de biodiversidad permiten frenar su pérdida, conservando muestras de semillas con propiedades alimentarias o médicas en ocasiones todavía por conocer. Las entidades que integran la Red de Semillas, de ámbito estatal, van un paso más allá de los bancos de semillas. Promueven la sensibilización de agricultores y consumidores sobre las “semillas libres” y organizan, entre otros, encuentros para el intercambio de variedades autóctonas y su cultivo efectivo.