María Cocepción Gómez, en una foto de archivo. / EL ADELANTADO
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A mediados de la década de los 80 del pasado siglo, España comenzaba a hervir con el fuego del cambio político que hizo pasar de la dictadura a la democracia. El nuevo ‘guiso’ de la nación no sólo trajo trascendentales cambios políticos, sino que comenzó a ventilar las estancias de una sociedad adormecida por cuarenta años de inmovilismo, que no pocos quisieron ocupar.

Con tan sólo 22 años, María Concepción García González abría una de esas estancias incorporándose al cuerpo de Policía Municipal –hoy Policía Local-de Segovia y de esta manera pasar a la historia de la ciudad como la primera mujer perteneciente a la plantilla de agentes de este servicio en  la capital.

Si bien es cierto que había barajado opciones profesionales tan dispares como factor de ferrocarril o azafata, su inquietud por buscar un empleo le llevó a presentarse a las oposiciones para Policía Municipal, que consiguió aprobar  a la vez que otras a las que se había presentado en la Diputación Provincial.

Sin precedentes policiales en la familia, Concepción se decidió por la Policía Local, y el 1 de agosto de 1980 inició una carrera de casi 39 años en un cuerpo que le ha dado muchas alegrías, y que el próximo 1 de febrero dejará definitivamente tras pasar a la jubilación.

La agente recuerda con emoción su primer día de trabajo, en el que sus superiores le encomendaron el control del tráfico en el Azoguejo; delicada tarea entonces, ya que era uno de los principales nudos de tránsito de vehículos.

“Me acuerdo que ese día la gente se paraba en las vallas de Fernández Ladreda (hoy Avenida del Acueducto) para verme trabajar, y  era algo que me daba mucha vergüenza, porque siempre he sido un poco tímida”.

Desde entonces, Concepción ha conocido cuatro acuartelamientos de la Policía Local, ya que comenzó a trabajar en el exiguo cuartel de la calle Escuderos, y ha trabajado bajo las órdenes de dos intendentes, José Soriano y Julio Rodríguez Fuentetaja, con dos estilos distintos de mando pero con el denominador común del respeto y el apoyo a las agentes femeninas.

También ha conocido a todos los alcaldes de la democracia en la capital, de quienes guarda un grato recuerdo, pero se decanta por la figura de José Antonio López Arranz, al que define como “un hombre muy cariñoso y siempre muy preocupado por nosotros” en sus dos periodos al frente de la alcaldía de Segovia.

Muchos han sido los cambios experimentados por la Policía Local durante estas cuatro décadas de historia, algunos de ellos forzados por la incorporación de las mujeres al cuerpo. Así, la pionera de las policías locales pone como ejemplo el vestuario, que ha pasado de la rigidez de los largos abrigos, corbata, camisa y bombín que limitaba mucho los movimientos a la hora de realizar operaciones, a la versatilidad y comodidad de la ropa que ahora lucen sus compañeras, mucho más operativa para el trabajo diario.

Pero los cambios no sólo han sido materiales. Los avances sociales y la especialización en la formación de los policías locales en academias han hecho que las mujeres que ahora se incorporan a la Policía Local lo hagan “mucho más preparadas y concienciadas de lo que nosotras lo hicimos”, explica García.

“Antes éramos más sumisas, porque había un régimen mucho más estricto –señala- pero ahora una mujer con 22 años tiene las cosas mucho más claras que en nuestro tiempo y sabe cómo y a donde llegar a través de su preparación y su valía”.

Aunque la mayor parte de su carrera policial la ha pasado en la unidad administrativa de la Policía Local, rodeada de expedientes y papeles, la agente asegura asumir la jubilación “con sentimientos encontrados de alegría y de melancolía, porque son muchos años y demasiados recuerdos y emociones”.

Se emociona cuando los segovianos le recuerdan y saludan por la calle, y agradece todo el cariño recibido por la sociedad segoviana durante este tiempo, que ha hecho que su trabajo sea más llevadero; pero reconoce que ha habido “sus cosas” durante este tiempo.

Su vinculación a la Policía Local quedó subrayada de forma indeleble con su matrimonio con otro agente del cuerpo, del cual surgió una familia cuyos vástagos no han querido seguir el ejemplo de sus progenitores. Concepción celebra esta decisión y el rumbo que han tomado sus hijos alejado de la ingratitud de “fines de semana de trabajo y turnos de noche” que acarrea el servicio en la Policía Local.