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Aquí se inició la arquitectura del hierro en Segovia, si bien que aquel inteligente arquitecto tuvo proyectos ambiciosos para la ciudad que no llegaron a cuajar y que hoy serían solución y sorpresa.

Pero, como decíamos antes, aquí en Santa Eulalia se inició la arquitectura del hierro en Segovia en esa barandilla que, como antepecho desde la calle Puente Muerte y Vida, se asoma a la plazuela como si fuera una platea desde la que presenciar el espectáculo de vida que era el recinto y a la sombra de los más gratos alméces y el desaparecido árbol del “Pan y vino” cuando los chicos disfrutábamos de su “fruto” mientras que, por toda la ciudad, se nos ofrecía el “pan y quesillo” como regalo de las innumerables acacias que se repartían por Segovia entera al llegar la floración.

Otro acierto de Odriozola, que ponía a la plazuela como ejemplo de recinto con ambiente protegido, libre de azotes del tiempo y soplo de vientos, fue el de plantar aquí el almez, ese árbol de sombra acogedora y limpia que con sus anchas copas protege al recinto y, en el invierno, cuando nevaba y dejaban caer sus bayas, bolitas negras y dulces que hacían las delicias de los gurriatos disputándolas con los chavales a la salida de la escuela.

Esa señorial barandilla de hierro forjado que ha servido para que hoy toda Segovia vea cómo se delimitan sus zonas verdes y se protegen sus flores en calles y jardines con una reproducción simpática de esa barandilla señorial de Santa Eulalia.

Completa aquel inicio de “arquitectura del hierro” la verja que cerraba el patio de la Escuela de Niñas frente a la iglesia y de la que ya hemos hecho referencia.

Una de las afirmaciones que causa hilaridad, si no lágrimas, en el lamentable expediente para declarar BIC al conjunto de ruinas que nos ocupan es el que reza; “En esta zona se ubican las antiguas edificaciones agregadas sobre los muros que delimitaban hacia el oeste el antiguo convento de San Francisco, y que adosadas unas a otras, iban conformando el sinuoso trazado ascendente desde “la plaza del Azoguejo hasta la Plaza de Santa Eulalia”.

Hoy todavía se percibe en el plano la gran parcela del antiguo Convento de San Francisco, actual Academia de Artillería y la agrupación parcelaria, cuya característica principal es la organización estrecha y profunda en que las edificaciones se han adosado bien a calle o bien se han adelantado conformando espacios asoportalados como en el caso de la Plaza de Santa Eulalia.

Aclaremos: ninguna de las edificaciones que comportan el frente de la plazuela estuvo nunca adosada a los muros del Convento de San Francisco (hoy Academia). Detrás de la casa de los Buitrago, entrando por la calle de San Antón, hubo un redil de ovejas y todas las demás estaban separadas del muro de la Academia por pequeños y feraces huertos que daban buenas lechugas y tomates.

Hoy todavía se percibe
en el plano la gran parcela
del antiguo Convento de San Francisco,
actual Academia de Artillería y
la agrupación parcelaria,
cuya característica principal
es la organización estrecha
y profunda en que las edificaciones
se han adosado bien a calle o bien
se han adelantado conformando espacios
asoportalados como en el caso
de la Plaza de Santa Eulalia

En febrero de este año manifestó el equipo de gobierno municipal que la declaración de BIC venía a reforzar su actuación en el contencioso con la propiedad de alguno de los inmuebles arruinados y ello dio razones al Ayuntamiento que para que, con más buena voluntad que eficacia, denegara el proyecto de demolición que había presentado al consistorio la propiedad de la emblemática casa de los Buitrago, es la embocadura de la calle de San Antón.

Solo los cuatro días después de esa negativa municipal —acertada y seria en defensa del patrimonio histórico municipal— el Ayuntamiento deniega el permiso para la demolición que había presentado la empresa propietaria del tan único inmueble (ruina lastimosa) en litigio. Otros varios ya no eran -y si son- más que meros solares.

De todo ello deducimos que si ya no se puede recuperar aquel frente de la plazuela, el Ayuntamiento debería proponer alineación y tipo de edificación nueva que recupere el sentido y el estilo que durante siglos fue en la impronta de estética y de habitabilidad de esta torturada plaza. ¿por qué no un concurso de ideas, que bien lo merecen el lugar y la ciudad?.

Desconozco el estado en que se encuentra la situación en estos momentos y cuál haya podido ser el resultado del plazo de un mes que dio la Corporación en febrero pasado para que presentara un plan de consolidación y refuerzo del edificio de Buitrago.

Tengo la experiencia vivida en otro municipio —en el que tuve alguna responsabilidad— cuando, en situación similar, se dejó al criterio de los arquitectos —y al consejo de cronistas e historiadores— el encontrar soluciones que parecían irreparables.

Desde luego a lo anterior no se puede volver, como por ejemplo a reponer la escuela municipal que Odriozola levantó frente a la iglesia, pero, esperemos, que en el frente de la plazuela entre San Antón y la plaza de Buitrago, se encuentre con acierto la solución que devuelva a la plazuela su dignidad, su viejo estilo y el respeto histórico que el “Arrabal Grande” merece.

Desde luego a lo anterior
no se puede volver, como por ejemplo a reponer
la escuela municipal
que Odriozola levantó frente a la iglesia,
pero, esperemos, que en
el frente de la plazuela entre San Antón y
la plaza de Buitrago,
se encuentre con acierto la solución
que devuelva a la plazuela
su dignidad, su viejo estilo y
el respeto histórico que el “Arrabal Grande” merece

La historia y la tradición pesan mucho pero si lo ido ya no vuelve, el sentido común y el amor a la ciudad debe devolvernos el orgullo y el respeto.

Hay aquí una víctima que grita desde su ruina, hay demasiados culpables, que no nos corresponde juzgar, algunos afectados por el maltrato y muchos doloridos por la ruina que se ha cebado con nuestra entrañable y emblemática plazuela. Los que podéis, devolverla su sosiego y su belleza.

FuenteANTONIO HORCAJO
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