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Agapito Marazuela recibe el homenaje de un danzante de La Esteva, que bailó 'La Entradilla' del maestro mientras la dulzainera Rita San Romualdo la interpretaba a la dulzaina. / Kamarero
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Profesora, escritora y concejala de Cultura, Marifé Santiago hizo una semblanza del maestro Agapito Marazuela en el 127º aniversario de su nacimiento en Valverde del Majano. Fue, como en los últimos años, junto a la escultura que le recuerda en la plaza del Socorro, obra de José María García Moro. Afrontó el encargo, el honor, intercalando referencias de una contemporánea del investigador del folclore, aunque algo más joven, María Zambrano, de la que es gran especialista. Explicó que otro 20 de noviembre, el de 1984, la filósofa, que vivió en Segovia su niñez y primera juventud, regresó a España después de 45 años de exilio. En ambos ve Santiago esa “mirada prendida” en su ciudad, en Segovia.

La Ronda Segoviana, con su presidente, Carmelo Gozalo, y secretario, Ángel Román, a la cabeza, convocó un año más a los segovianos, a las siete y media de la tarde, a un homenaje sencillo, que no quisieron perderse, además de Santiago, el alcalde de Valverde del Majano, Javier Lucía; miembros de Nuevo Mester de Juglaría, de la Asociación Cultural Grupo de Danzas La Esteva o de la Escuela de Dulzaina de Segovia, así como el músico y folclorista Pablo Zamarrón, recientemente nombrado académico de San Quirce, o el director de esta Real Academia de Historia y Arte, Rafael Cantalejo, entre otros. Como un admirador más se acercó a la plaza del Socorro el músico gallego pero universal Carlos Núñez, Premio Europeo de Folclore Agapito Marazuela, que esta tarde presenta su libro ‘La Hermandad de los Celtas’ en el Palacio Provincial.

Santiago inició su semblanza invitando a pensar en cómo pudo ser la infancia de Marazuela, un niño de familia pobre, para esbozar su valía desde muy joven, aprendiendo a tocar la dulzaina a los 13, convirtiéndose en dulzainero profesional a los 14 y culminando poco después su carrera como intérprete de guitarra clásica, cosechando gran éxito en Madrid.

Recordó que ganó el Premio Nacional de Folclore en 1934 y enlazó su vida con la de personalidades como Zambrano pero también con la Universidad Popular de Segovia, de la que en 2019 se celebra el centenario, o con artistas y activistas como Emiliano Barral o el cronista Antonio Linaje Revilla, con quienes participó en las milicias segovianas para la defensa de Madrid al comienzo de la Guerra Civil.

No olvidó ese compromiso político del maestro de Valverde del Majano, afiliado al Partido Comunista en los años treinta, y aventuró que su concepto de la democracia tuvo que ser parecido al de Zambrano, quien dijo que es el sistema político que más se parece a la música, frente a la rigidez de la arquitectura.

Antes, Gozalo convirtió en un santo laico a Agapito, al referirse a su “vida y milagros”, por los muchos avatares de su biografía, incluidos años de cárcel tras la guerra, mientra el regidor de su pueblo natal recalcó que hoy en día puede considerarse figura “universal”.

La Entradilla

Además de sendas ofrendas de flores que Gozalo y Lucía depositaron a los pies de la escultura, un danzante de La Esteva interpretó ‘La Entradilla’ y ocho, cuatro chicos y cuatro chicas del mismo grupo, el Fandango de Zarzuela, de Luis Barrero, con el excelente acompañamiento musical de Rita San Romualdo a la dulzaina y su padre Fernando San Romualdo al tamboril.