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Celia Salvador Milla. / Nerea Llorente
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Parece que fue ayer pero han pasado casi 42 años desde que Celia Salvador entró por primera vez en la Audiencia Provincial de Segovia y, salvo unos pocos meses, lo hizo para quedarse. Siempre rodeada de papeles (durante la entrevista el despacho está lleno de cajas con documentación de pasadas elecciones que “en algún sitio lo tengo que poner”), los prefiere al ordenador “¡Que funciona fatal!” y se manifiesta a favor de anotarlo todo en su cuaderno o agenda… ¡Donde esté mi libretita…!

Han sido 42 años que suponen un cambio radical o, al menos muy importante, en la Justicia. Desde encontrarse un mundo en el que había muy pocas mujeres a… pero también, en estos años ha sido radical o importante, el cambio en nuestra sociedad y, aunque la jubilación está cada vez más cercana, de momento se resiste, “¡Qué hago yo jubilada!”

Celia Salvador es, en sí misma, un archivo y, de sus notas y recuerdos, nos habla.

— ¿Desde cuándo ocupas este puesto?

— Desde el 19 de enero de 1976. Después estuve unos meses en la Audiencia Nacional, que tenía mucho trabajo porque eran los tiempos de ETA y GRAPO pero me vine para acá volando. Entonces no estaba hecho el edificio y celebrábamos juicios donde podíamos, en una sección muy chiquitita, en medio de un pasillo y, donde estaba orden público… nos apañábamos como mejor podíamos… En un despacho que era la mitad del que tengo en Segovia, estaba junto a cuatro funcionarios… ¡Todos allí metidos!

Un día fue mi padre, que era Fiscal del Tribunal Supremo, a verme, se levantó uno de los funcionarios para saludar y… ¡descolgó una de las contraventanas con la cabeza!… Visto aquello, yo dije… Aquí se quedan y me volví otra vez a mi puesto, en el que estaba, y estoy, tan a gusto.

— ¿Cómo ha cambiado la justicia en estos años?

— Totalmente. Antes era todo como “más familiar”, todos… abogados, procuradores… éramos pocos. Ahora era distinto, como más “despegado”, aquí hay muchísima gente, ya no tenemos tanto trato… Ahora todo es a través del ordenador ¡Que funciona fatal!
Hoy, por ejemplo, no había manera de entrar… ¡Cada vez peor! Antes, cuando era todo en papel, funcionaba todo maravillosamente, ahora… Esto es un desastre… Las nuevas tecnologías… ¡Hoy no funcionaba nada!, ayer tampoco, de repente funciona una cosa… luego deja de funcionar… Meten mucho dinero pero hace falta… “muchísimo más” para que “la cosa” funcione bien y, además, como cada Comunidad Autónoma tiene su… sistema informático pues… ¡cada vez peor! Es caótico

— En estos casi 42 años, habrás visto de todo…

— Ahora son más delitos urbanos, antes eran más delitos rústicos. Ahora la vida es distinta. Vemos cosas de otro tipo como delitos económicos pero, tampoco demasiado… esta es una ciudad tranquila, al igual que la provincia. Además, los delitos menos graves los juzgan en el Juzgado de lo Penal, nosotros, en la Audiencia, vemos los más graves.

Drogas también vemos bastantes, pero no en grandes cantidades. Mucho “menudeo” y, de vez en cuando alguna cantidad mayor cuando dicen: “Han cogido 100 kg de hachís” pero eso sucede pocas veces y siempre alrededor de las principales carreteras, en Boceguillas o en El Espinar, esos son los dos puntos principales.

— Y la vez que cogieron un alijo en el aeródromo de Fuentemilanos…

— ¡Pero nada más! Antes había mucho robo y mucho atraco a mano armada pero ahora eso, prácticamente no se ve… En el archivo he visto un caso de unos que dejaron en una silla de ruedas a un Guardia Civil en el año 1988… Esos atracos que había antes, que entraban en un banco con armas, eso ha desaparecido.

— ¿Te acuerdas del atraco a la gasolinera de la Granja de San Ildefonso?, fue uno de los más famosos.

— ¡Hombre que si me acuerdo! El atracador se llama Félix Paulino M. R. Eran un grupo y, en el año 1979, este era menor de edad. Fue juzgado como “mayor” pero luego hubo que aplicarle, retroactivamente, la Ley del Menor, en los años 80.

 — Desde este despacho, que desde hace tantos años ocupas, ¿recuerdas algún caso te resultara “horroroso”?

— Pues mira. En el año 1981, pero el juicio fue en 1983, un padre, en un pueblo, mató a su mujer delante de la niña, pegándole un tiro cuando salían de misa. La madre dijo a la niña “mira a tu padre” y, entonces, el padre sacó el arma y mató a la madre que iba acompañada por su hermana, que también recibió un tiro pero no murió. Estaban en trámites de separación y le dio un tiro y la mató en el acto.

Otra, ¿Te acuerdas de los homicidios de Navas de San Antonio?, eso fue en el año 1986. Estaban un grupo de trabajadores, que habían entrado en una discoteca a celebrar que habían terminado una obra y hubo dos que, con cuchillos y catanas, mataron a unos cuantos, dos o tres, no recuerdo bien. A los otros los salvaron porque los curaron aquí, en el hospital. Los autores fueron dos, un guarda de seguridad, Gonzalo F. F. (hay nombres que no se me olvidan). Este hombre tenía un brazo que era una cosa espantosa…de casi un metro de diámetro… era culturista y fue condenado como autor. Iba acompañado de otro, Francisco Javier R. M. que fue condenado como cómplice. De este último me acuerdo que vino un día por aquí, cuando se había decretado su ingreso en prisión para cumplir la pena que se le había impuesto, con una maleta. Le pregunté a dónde iba y me contestó que quería ingresar “en esta cárcel” (la de Segovia), “no quiero ingresar en Madrid y, me han dejado una nota allí, en mi casa, diciendo que pase por la comisaría para un asunto de mí interés y, como me imagino que es esto…” Cogió la maleta y tiró para arriba, ¡fíjate tú!.

Otro homicidio que he recordado viendo el archivo es uno que tuvo lugar en 1988, en la localidad de Aguilafuente, donde un novio le dio a su novia, la víspera del día de Reyes, con una banqueta en la cabeza y la mató. Me acuerdo que ella iba vestida de hada madrina…
Otro, el de El Espinar, cuando, como ya he comentado, Alfonso D. S., dejó, durante un atraco en esta localidad, a un guardia civil, sentado en una silla de ruedas. Otro que ahora recuerdo es el de la Lotería de Navidad (22 de diciembre de 2000) y, por cierto, el autor está en la cárcel todavía.

Fue destacable, también, otro que tuve, en el que eran dos sicarios, Arias Soto y Loaiza Castaño, que asesinaron a un hombre que apareció quemado…, por El Espinar o por ahí y, entonces, se celebró un juicio con jurado de lo más pintoresco porque había dado a luz la mujer de uno de ellos y estaba citada como testigo. Tuvimos que ir a buscarla a la Residencia Sanitaria (Hospital). El jurado me pidió, dicho sea de paso, la única que puede tener comunicación con el jurado cuando están deliberando soy yo, el letrado…, que puedo entrar, si me llaman para cualquier cosa aunque yo no les puedo dirigir, ellos están allí para hacer su trabajo y… Estos me pidieron ¡Un plano de la provincia de Segovia!. La petición fue sorprendente pues, en otros casos, me han pedido dónde encontrar un documento, una parte de una declaración… y, cuando se lo comenté, me dijeron que querían saber si era verdad lo que decían los acusados sobre el tiempo que habían tardado en realizar los hechos pues, según ellos, estaban en no sé dónde y les dio tiempo a asesinar al otro en la otra punta…

La petición fue sorprendente pero los acusados acabaron condenados y, en el juicio se demostró que eran sicarios que mataron a un compatriota porque decían que era confidente de la policía y, por si fuera poco, aún “tengo a la mujer y a la hija del muerto, como testigos protegidos, con un plan de protección”

— ¿Todavía están protegidas?

— Sí, porque aunque los condenados siguen en la cárcel pero, Arias Soto, sale de cuando en cuando y, cada vez que la cárcel comunica que este hombre va a salir de permiso, tres o cuatro días, tengo que informar a la comisaría, donde ellas están residiendo, para que les pongan protección desde tal día a tal hora… y ¡esto ocurrió en el año ochenta y tantos o noventa!

Me voy acordando de cosas…. Otro, en el que no mataron a una fiscal porque no sabían que lo era pero… Saliendo del túnel le dieron un “topetazo” por detrás y ella paró el coche. La raptaron y la llevaron a Madrid donde iban de cajero en cajero, sacando dinero, hasta que al final la abandonaron en un descampado. … Aquí ha habido de todo. Yo me acuerdo de cosas más y menos divertidas en los juicios porque… hay de todo. Yo misma he sufrido un robo, me robaron el bolso y me tuvieron que operar de un hombro. Fue hace 17 años.

— ¿Supongo que también recordaras la presencia, muy frecuente en estos juzgados, de D. Jesús Gil? (por el caso de Los Ángeles de San Rafael).

— De Jesús Gil, tengo escritos que hizo en su momento y, escribía como hablaba, es decir, él debía de tener a una secretaria que escribía todo lo que le decía, tal y como lo decía. Era divertido verle entrar en los juzgados porque, se sentó varias veces en el banquillo y, las veces que esto ocurrió quedó absuelto, aunque luego tuviera problemas “civiles” con algunas personas o con “La Caja” pero eso era aparte, pero era divertido porque venía repartiendo insignias del Atlético de Madrid como si fueran caramelos y, tenía unos abogados “muy buenos”. Era simpático y encantador…

— Menudos casos…

— ¿Recuerdas el de Hontalbilla?

— No, ¿cuál fue?

— Fue en 1979. Eran unos padres…, un poco autoritarios, que tenían una hija de 17 o 18 años que, a su vez, tenía un “noviete” en el pueblo. A esta joven, los padres la recriminaban cuando llegaba a casa tarde… ¡Lo normal! Pero, una noche de aquellas, la debían estar esperando y le dieron un mal golpe… No se les ocurrió llamar a nadie sino, la ocultaron…en un pajar, encima de…Para disimular se pusieron a buscar a la niña… hasta en Radio Nacional salió el asunto.

La historia continuó hasta el punto de que casi se amotinó el pueblo porque, quisieron echar la culpa del asunto al novio y a una vecina… pero, apareció el cuerpo (en agosto, en un pajar… aquello empezó a rezumar…). El juez y el abogado, que era Manuel González Herrero, fueron zarandeados y, dos vecinos del pueblo, al final, fueron condenados por desorden público y, los padres fueron condenados por homicidio imprudente.

— Vistos todos estos ejemplos y muchos más que seguro recuerdas ¿La Justicia sigue siendo esa máquina pesada y lenta?

— No es tan lenta y, cuando se pone en marcha, llega hasta el final. La Justicia tiene sus plazos, sus recursos y todo el mundo se aprovecha de ellos. ¡Todo el mundo recurre todo! Y, eso tiene una tramitación que alarga los asuntos.

— Los nuevos abogados, los de nueva hornada, ¿Cómo ven todo esto?

— Yo creo que les supera mucho al principio. Lo que antes sabíamos, no se sabe ahora. No sé si es por los planes de estudio, están más especializados. Antes estudiabas la carrera de cinco años y sabías de todo, ahora te especializas más.

— ¿Quieres decir que una vez que terminas la carrera hay que seguir?

— Y sobre todo estudiar mucho otra vez. Tenemos que estar renovándonos todos los días porque, de repente, te encuentras que te cambian una Ley y… ¡Te la han cambiado en el sitio más insospechado! Por ejemplo El Derecho Procesal, antes era de una manera y ahora es de otra… No tiene nada que ver con lo que yo estudié hace casi 50 años y, tienes que estudiar mucho.

— ¿Qué temas veis o corresponden a la Audiencia?

— Nosotros vemos las sentencias en apelación del Juzgado de lo Penal, del Juzgado de Menores, contra autos dictados por los Juzgados de Instrucción tanto de la capital como de la provincia y, en civil, todas las apelaciones que pueda haber de los Juzgados de Primera Instancia de toda la provincia, del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria que cada vez tiene más que resolver porque la cárcel de Segovia cada vez tiene más presos que recurren sus temas… Esto es un cajón de sastre donde se ven muchas cosas aparte de los juicios por los asuntos más llamativos que se dan a conocer en los medios de comunicación. Hay mucho trabajo, eso sí que ha aumentado muchísimo.

Para terminar insiste en que la Audiencia debería tener más magistrados, porque en ella “se delibera todo” y, por si queda alguna duda, comenta los últimos datos de “asuntos” abordados desde el pasado mes de enero: Recursos de apelación de faltas y delitos leves, 80; contra autos se Juzgados de Instrucción, 276; vigilancia penitenciaria, 181; contra sentencias del Juzgado Penal, 40; juicios orales, 23 y, 3 juicios con jurado, que son los que más trabajo dan (datos desde 1 de enero de 2017) y, recuerda que en los próximos días comienza “el Juicio del Velódromo”, cuatro días con más de 50 testigos a los que hay que localizar y llamar… ¡Una locura!

FuentePilar de Miguel
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