Angel (izq) y Jesús con el anagrama de la casa del siglo XV. / TERESA SANZ TEJERO
Angel (izq) y Jesús con el anagrama de la casa del siglo XV. / TERESA SANZ TEJERO
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La serie ‘Segovia en el inicio de la transición’ de la sección ‘Conversaciones con…’ publicaba en junio de 2017 una entrevista con Ángel y Jesús Serrano, muñidores de la Casa del Siglo XV, referencia cultural y artística de Segovia durante casi cuatro décadas. Esta semana fallecía Jesús Serrano, uno de los dos pilares que sustentaba este proyecto cultural, y EL ADELANTADO reedita hoy a modo de homenaje esta entrevista —la última que concedió en vida el promotor y galerista— en la que ambos recordaban los inicios y la historia de la Casa del Siglo XV. Un pequeño pero sincero reconocimiento a un hombre que quiso a su ciudad y que trabajó denodadamente para poner a Segovia en el mapa de la vanguardia cultural española.

Abrieron la Casa del Siglo XV un 28 de Diciembre de 1962 y desde aquel Día de los Santos Inocentes cumplieron durante 38 años con la misión de introducir en Segovia el gusto por el arte, atrayendo a los creadores más significativos del país y, al tiempo, sirviendo de plataforma para los jóvenes artistas segovianos. Más de 350 artistas y 500 exposiciones ponen cifra a la heroicidad de cabalgar por el tardofranquismo y los inicios de la Transición desde el arte de vanguardia.

— ¿Cómo surgió aquella idea de crear una galería de arte y tienda de regalos a comienzos de los sesenta?
— Ángel: Digamos que las poquísimas galerías de arte que había entonces eran lugar habitual de visita, sobre todo para Jesús que le hubiera gustado estudiar Bellas Artes, pero no era carrera ‘de futuro’, que se decía. Éramos del barrio de las Brujas y nos vinimos de San Millán, a Juan Bravo, 32 en 1943. Al año siguiente nuestro padre murió.
Jesús estudiaba bachiller. Yo, comercio, y en el 46 empecé a trabajar en la zapatería, de la que mi padre había sido socio. Después de este proceso, llegado el año 60, Jesús había estudiado ingeniero técnico agrícola y había sido profesor, siempre entusiasmado por todo lo artístico y un genio que dibujaba y hacia artilugios de magia y lo que se propusiera, y apostamos por la Galería de Arte.
-Jesús: Era algo que no había en Segovia y se ajustaba al propósito de ambos. Desde el punto de vista del comercio, lo que conocía bien Ángel; y desde el punto de vista de la creación y el arte, encajaba con lo que a mí me gustaba. Así nació; con intención renovadora. Queríamos dar a conocer en Segovia todo aquello que pudiera ser interesante, que no se conocía y que fuese representativo de aquellos momentos.
La idea era no solo la galería sino una tienda de artículos de regalo que fueran actuales y, sobre todo diferentes; con un cierto sentido selectivo y de calidad y, ambas partes, unidas por la belleza de las cosas.

— Entre 500 exposiciones individuales y colectivas, con 350 creadores, -entre ellos nombres como Eduardo Chillada, Luis Gordillo, Eugenio Granell, Joan Miró, Lucio Muñoz, Manuel Millares, Esteban Vicente o Pablo Picasso-, además de innumerables artistas vinculados a la ciudad, supongo que ¿alguna aventura habrá sido difícil e incluso imposible por prohibida?
— Jesús: Ha habido de todo; recitales que fueron prohibidos, como el de Paco Ibáñez, en 1971 y un festival homenaje a Agapito Marazuela, en 1977, que fue prohibido por orden del gobierno y aventuras difíciles.
— Ángel: Entre las exposiciones más difíciles están la de Picasso, en 1967, y la del escultor segoviano Emiliano Barral, en 1965.

— Vayamos por orden. Emiliano Barral ¿por su consideración de destacado socialista?
— Jesús: Sí; era un magnífico artista y a la vez un nombre prohibido en la dictadura. Hablamos de 1965 y el hecho de que hubiese sido socialista, hacía el propósito arriesgado; te jugabas que la prohibieran o la cerraran. A su exposición vinieron republicanos, anarquistas, ugetistas de Madrid; gente muy mayor y muy respetuosa, hablando bajito y con un miedo tremendo. Esa exposición se realizó porque teníamos amistad con su hermano Pedro. Gracias a él conseguimos exponer 15 obras, la mayoría en granito, caliza y madera. La presentación la hizo Mariano Grau, que fue amigo de Emiliano Barral y fue un descubrimiento para la gente más joven y algunos mayores que se acordaban de él, pero pocos conocían la obra. Había miedo a que se cerrase la exposición.
— Ángel: Para no tener complicaciones conseguimos que la exposición la patrocinase el Ayuntamiento, en junio del 65, con motivo de las ferias y fiestas. Los gastos de transporte de la obra, estudio y catálogo, lo asumimos nosotros, pero la colaboración del Ayuntamiento hacía más fácil su celebración. A la inauguración no vino ninguna autoridad, salvo el concejal de Cultura del Ayuntamiento, que era Maximiliano Fernández. Expusimos la cabeza de Pablo Iglesias en cemento, a la que le faltaba una oreja cortada por un militar con un sable en una exposición en la Universidad Popular en la época de Machado. Recuerdo que un director de un banco amigo, cuyo hijo se fue a Alemania nos mandó un recorte de un periódico alemán en el que nos ponían verdes. Nos llamó, leímos aquella referencia y nos dijo: ‘Esto hay que romperlo; no se puede tener’. Cosas que pasaban.

— Dos años después Picasso. ¿Tuvo éxito?
— Jesús: Ningún éxito. Fue una exposición preciosa, con 24 obras de Picasso en dos salas con 15 poemas y litografías y 9 aguatintas y aguafuertes. La gente desconocía todo sobre los grabados y se observaba el desprecio absoluto hacia Picasso. La incomprensión por parte del público fue absoluta, con algunas excepciones.
Había mucha ignorancia y tuvimos que explicar durante la exposición lo que era una plancha de grabado. ¡No había forma de hacer entender que eran originales!. No se vendió nada.
-Ángel: Absolutamente nada. Lo más caro era una litografía de 35.000 pesetas y recuerdo una colección de cuentos eróticos, maravillosa, escrita y dibujada por Pablo Picasso. Eran impresionantes las piezas pero no se le dio ninguna importancia. En los medios de comunicación de Segovia nadie quiso correr el riesgo de hablar de ella. Solo un valiente, Manuel Alcántara (aún sigue escribiendo) dedicó desde el diario Arriba una reseña de la exposición de Picasso en la Casa del siglo XV.
— Jesús: La tituló ‘Picasso y Segovia’ y hablaba en su artículo de la mirada de Picasso, aludiendo al cartel que escogimos con los ojos del artista.

— ¿Y Picasso qué dijo?
— Ángel: Nosotros le escribimos a la dirección que teníamos de él, en París, pero no contestó ni dijo nada. Le pedimos una fotografía dedicada para mostrarla en la exposición, pero no supimos de él. Algo muy distinto a lo que nos sucedió con Joan Miró, que agradeció muy cariñoso la exposición que le dedicamos en 1973. Nos mandó una carta con un sobre dibujado con sus colores y una fotografía dedicada que conservamos.
— Jesús: Nunca supimos si aquella carta enviada a Pablo Picasso le había llegado, porque él ya tenía mucha gente alrededor. El caso de Joan Miro era diferente: él se ocupaba personalmente de sus exposiciones y gestiones artísticas.

— ¿Cómo pudieron organizar la exposición de Joan Miró en 1973?
— Jesús: Ángel tenía un amigo galerista en Barcelona que era ya muy importante. Se fue allí y le habló de nuestra intención. Ferrán Cano era un galerista de Mallorca, que abrió otra galería en Barcelona, en la misma plaza del MACBA y estábamos en contacto con él. Fueron largas conversaciones y, finalmente, para hacerla posible de manera menos complicada, a través de otro comisario artístico, nos dieron toda la exposición que Miró había realizado de homenaje a Joan Prats. Fue preciosa y muy interesante. Corría el año 71 y no se vendió nada.

— ¿Por qué no llegó actuar Paco Ibáñez?
— Ángel: Porque la autoridad gubernativa así lo decidió. Nos marearon con papeles, permisos, documentación de todo tipo (enseña la voluminosa carpeta con todo el material archivado) y cuando ya estaban hechos los carteles, nos dijeron que los retiráramos, que no podía cantar. Habíamos llevado toda la documentación al Gobierno Civil y la censura había tachado párrafos enteros de cada canción; no había tema que se pudiera cantar, porque no podías saltarte todo lo prohibido.
— Jesús: Finalmente dijeron que no se podía celebrar porque iba a originar un altercado violento. Iba a haber sido en la sala Las Sirenas y después de todas las gestiones hechas, no hubo recital.
— Ángel: Nos costó un disgusto; un dineral y no se pudo hacer.
Aquí, en esos años, en las exposiciones, había que pedir permisos a Información y Turismo y luego por los carteles y las tarjetas lo daban o no. Pero por los dibujos de los carteles no se enteraban de qué iban las exposiciones, no sabían si eran desnudos, osos, hombres o mujeres. Lo que sí ocurría es que había siempre un policía que controlaba las exposiciones. Había un policía segoviano, un tipo simpático, que además era poeta y con algún libro publicado, que se daba una vuelta por aquí, nos saludaba y se iba sin más.

— ¿Cuándo terminaron los permisos obligatorios para cada exposición?

— Ángel: Más o menos en el 76 o 77, poco antes de las primeras elecciones democráticas.

— Muchos recuerdan su actividad más intensa y mejor hilvanada que la que entonces celebraban algunas galerías de arte de Madrid. ¿Cómo trabajaban para lograr las autorizaciones y la obra de los creadores?
— Jesús: Nosotros hacíamos nuestro trabajo lo mejor que podíamos. Teníamos muchos contactos con galeristas de Madrid, con algún otro de Cataluña, pero íbamos a nuestro aire y por vías muy diferentes.
— Ángel: Sabíamos lo que queríamos; otra cosa es que no fuera fácil. Fuimos miembros de la Asociación Nacional Profesional de Galerías de Arte, que reconocieron el trabajo al cumplir los 25 años. Hicimos una exposición, combinada con el Torreón, citamos a todos los galeristas de España para presentar a los artistas de Segovia y fue un éxito.

— ¿Ninguna exposición fue prohibida?

— Ángel: Exposiciones, no. Sí hubo que atemperar a algún artista para que no nos cerraran la exposición. Recuerdo la exposición de Francisco Molina, en 1965. Se estrenaba en el Cervantes ‘Franco, ese hombre. 25 años de paz; una película documental dirigida en 1964 por Sáenz de Heredia. Este Molina era un artista de prestigio, que pintaba unos monstruos muy característicos, llenos de medallas, que eran generales caídos llenos de chorretes y tuvimos un conflicto con él porque quería llevar el cuadro más grande, que ocupaba una pared en la galería, por la calle real y colgarlo en la cartelera del Cervantes. Conseguimos convencerle de que no lo hiciera porque aquello era temerario. Era un gran artista y un hombre peculiar que luego fue director del museo de arte contemporáneo de Sevilla. Aquello fue una aventura tremenda.

— En La Casa del siglo XV acogieron todas las tendencias que en aquellos años coincidían en nuestro país: Informalismo, abstracción geométrica, arte Pop, nueva figuración, realismo crítico…¿Alguno de estos movimientos se identificó mejor con el espíritu de la Transición?
— Jesús: Quizás alguno de los movimientos artísticos, pero en cualquier caso de forma algo superficial. Todos los pintores de vanguardia en ese momento, críticos con la situación política y activos denunciantes de aquello, sí coinciden en que en los últimos años nadie cuenta con ellos.
— Ángel: Ni galerías, ni nadie. Es una lástima que gente consagrada, de setenta y ochenta y pico años, nadie cuente con ellos. Fueron gente sacrificada en esa época políticamente y, ahora, al considerarles ‘pasados’, no se les tiene en cuenta, cuando son y fueron grandísimos creadores.

Era globalmente antidictadura. ¿Hasta qué punto la muerte de Franco (Nov 1975) acabó también con unos artistas que habían construido su carrera como opositores y se quedaron sin justificación?
— Jesús: Sucedió lentamente. Es cierto que la identificación de la izquierda cultural con el antifranquismo fue general.
— Ángel: Hay algunos casos que, realmente, no es que no estén de actualidad, es que lo pasan mal para vender. Además de enfrentarse a otro problema que es que al tratarse de gente mayor, como no había licencias de artista, sino licencias de carpintero y otros oficios, ahora no pueden vender como jubilados.

— Volviendo a Segovia. ¿Cómo era aquella ciudad vista desde la Casa del Siglo XV?

— Ángel: Tranquila, apacible y un poco triste; muy pequeña pero próxima a Madrid. Supongo que como otras ciudades. Siempre he creído que a Segovia la tocamos, pero no la agarramos y sigo con la misma idea. Hay un hecho que demuestra cómo era aquella ciudad. Se nos ocurrió abrir los domingos y días festivos y aquello fue una historieta. Permisos del Gobierno civil, de la delegación de Trabajo, de los sindicatos verticales, de la Delegación de Información y Turismo, del Obispado y en el escrito del Obispado se nos obligaba a dar a los empleados una hora para cumplir con el precepto de ir a misa.
— Jesús: Intentamos abrir para aprovechar el turismo que venía de Madrid; extranjeros no venían, pero si público madrileño que paseaba la ciudad, pero terminamos cerrando porque era una misión inútil. Eran paseos de pipas escupidas también por dentro de la galería y poco más. La ciudad era realmente tranquila y la plaza de San Martín se veía y se escuchaban hasta los pasos y al sereno, por supuesto.

— La galería actuó también fuera de su espacio, ¿no?
— Jesús: Celebrábamos el Día del Arte todos los años. Recuerdo en mayo de 1969 que celebramos en Sepúlveda el Día del Arte y acudió al acto el Gobernador Civil, Adolfo Suárez, que conocía la galería y la tienda. Convocamos a todos los pintores de España que quisieran participar y vinieron con su cuadro bajo el brazo, algunos recién pintados. Suárez quiso estar presente en Sepúlveda y vino a saludar. Yo estaba colocando las obras y tenía las manos llenas de pintura verde, de alguno de los cuadros recién traídos. ‘No le saludo que le voy a poner perdido’, le dije. Me agarró la mano, y se puso perdido. Era un hombre muy afectuoso y cordial.
-Ángel: ¡Y de gran capacidad comunicativa!. Se ganaba a todos; a las mujeres más, pero conectaba con todo el mundo. Era un hombre encantador al que conocíamos bastante, porque él sabía de nuestra procedencia abulense y su mujer venía mucho a comprar regalos. Los chicos eran terroríficos; eran pequeños, corrían y tocaban todo. Seguimos relacionándonos y cuando tomó posesión como presidente nos mandó un saluda y seguimos manteniendo la relación. Fue un hombre realmente positivo para Segovia y para el país.
Y fuera de la galería de arte fueron espectaculares las intervenciones de José María García Moro. Recuerdo una de sus exposiciones que continuaba en la plaza. Fue una denuncia por la recuperación de la naturaleza, con sonidos grabados de pájaros y ranas a las cinco de la mañana, como preámbulo de la intervención. Fueron varias sus intervenciones y debían pensar ¡estos están locos!. Primero las vacas, luego los plásticos en rojo y verde con los que se produjo una anécdota muy simpática. Fue al día siguiente de celebrarse en Madrid la final entre el Betis y el Atlético de Bilbao. Hubo gente que aprovechó para acercarse a Segovia y los del Betis pensaban que el verde era por ellos y los del Bilbao también hacían suyo el rojo. ¡El arte hermanado con el fútbol!

— Segovia siempre ha sido lugar artístico y de artistas. ¿A qué creen que se ha debido?
— Jesús: La tradición pictórica de Segovia se debe a muchos motivos. El curso de pintores pensionados, la beca de paisaje, La Casa del siglo XV también tendría su influencia, el conservatorio y la Casa de los Picos. Todo esto ha ido ayudando a transformar y a abrir la ciudad.
— Ángel: Nosotros hemos intentado apoyar a los jóvenes creadores que empezaban. Recuerdo a Luis Moro de niño que venía ya a las exposiciones y a Rafael Baixeras, siempre ilusionado por exponer aquí y no se atrevía a decírnoslo. Aún recuerdo un concurso de pintura provincial que organizó la Diputación y Jesús González de la Torre y nosotros éramos el jurado. Aquel concurso infantil de dibujo lo ganó Baixeras, que terminaría exponiendo varias veces en la Galería de arte. Y como con ellos con otros.
Así entendíamos la función de la galería: apoyar a los que empezaban desde Segovia y mostrar lo que se hacía en España.

— Abrieron la galería cuando las corrientes más innovadoras del arte eran desconocidas o despreciadas, ¿Cuándo empezaron a notar interés por las representaciones artísticas?
— Ángel: Fue un proceso muy lento. Durante años y exposiciones no teníamos demasiados clientes de Segovia y los clientes de Madrid eran básicos. Después de cada inauguración nos íbamos por ahí, casi siempre los mismos y unas veces podíamos ser 15 o 20 y otras 50 o 60. Cada exposición funcionaba de una manera. Lo que sí empezamos a notar fue la influencia de centros de cultura como el conservatorio y la Casa de los Picos. Esos padres de alumnos, además de los propios alumnos, eran asiduos de la galería de arte.
— Jesús: Es imposible saber cuándo se produce un cambio. Tuvieron que pasar muchas exposiciones, no fue algo puntual. Sí pudimos ver que ni siquiera con esos maestros del arte, como Picasso, Miro, Joan Brossa, esto se llenara. Después, a lo largo de los años, el interés fue creciendo.

— ¿Quién fue el artista de más éxito en aquel contexto en el que Picasso y Miró no vendían nada?
— Ángel: Chillida, sin duda, ya era muy conocido, hicimos varias exposiciones individuales y colectivas y atrajeron siempre público catalán y de Madrid, que compraban obra. También recuerdo una gran exposición del Equipo Crónica, en 1972, aún en plena dictadura.
— Jesús: La exposición del Equipo Crónica fue maravillosa, con esculturas de cartón piedra, meninas, dibujos, óleos. La apariencia era fundamental para crear o no problemas y aquella exposición tenía una apariencia dulce, amable y, además, divertida, por eso no generó los problemas que podía haber causado con otra estética esa misma denuncia. Franco vivía.

— ¿Intelectualidad, compromiso e izquierda van unidos?
— Jesús: La izquierda siempre se ha implicado más, sobre todo en esos años de lucha.
— Ángel: En Segovia había un grupo que siempre actuó con un mérito impresionante.
José María García Moro, Carlos Muñoz de Pablos, Baixeras, Agapito Marazuela, todos ellos y los más jóvenes, que mantenían una actitud más activa, provocadora; eran los que realmente se movían y trataban de cambiar las cosas.
-Jesús: Agapito Marazuela venía a las exposiciones para solidarizarse con el pintor que conocía o era amigo suyo. Siempre vino por aquí e incluso cuando no veía apenas, mostraba interés, preguntaba y con una lupa trataba de ver. Le explicabas lo que se había hecho y era una proeza de hombre. Le conocíamos de antes, de cuando le hicieron el homenaje en al Universidad Popular. Era un hombre generoso, bueno y de gran honestidad. Cuando inauguraban conocidos y amigos, como Tardón, Moro, Mesa Esteban Drake, venía y traía casi escondida la dulzaina y les obsequiaba tocando. Era un hombre grande, al que jamás le oímos hablar mal de nadie.
En el año 84 hicimos una exposición de homenaje en vida a Agapito Marazuela, y se sintió muy a gusto. Aquello gustó muchísimo, con una carpeta de serigrafías de Ángel Cristóbal, Fernando Zamora, Juan Pita, Juan Pablo Sánchez, Jose María Yagües y un texto de Pedro Fernández Cocero.

— ¿Es verdad que la Casa del siglo XV fue antes llamada la casa del comunero de Castilla, Juan Bravo?
— Jesús: ‘En esta casa vivió y nació el comunero de Castilla, Juan Bravo’. Así lo ponía una placa que se retiró en los años cuarenta porque no vivió aquí, sino donde el Sirenas y la placa se retiró porque no se ajustaba a la verdad.
— Ángel: Cuando abrimos pensamos llamar a esto la Casa de Juan Bravo. Entonces no tenía sentido, porque no vivió. Jesús manejando el número 15 dio con el nombre que no existía. Es un nombre creado por nosotros y se hizo universal. Esta casa está reproducida en el pueblo español de Barcelona; su fachada aparece reproducida de forma exacta.
— Jesús: Al año de empezar pusimos el nombre y el anagrama, que se haría clásico, lo hizo Francisco Peñalosa, arquitecto (fallecido) y buen amigo. Fue una gran idea. Pretendíamos provocar y esto fue una provocación total.