Un momento de la procesión./KAMARERO
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Aunque el pelo cubre parcialmente su rostro, el Santísimo Cristo de la Esperanza deja ver en su faz el sufrimiento que la oración de los cinco misterios dolorosos del Santo Rosario evoca como signo del amor postrero y misericordioso del hijo de Dios al mundo. Son 15 años los que la Hermandad de Nuestra Señora la Soledad Dolorosa del barrio de Santa Eulalia lleva pregonando la gloria del sacrificio de Cristo a través de la Procesión de los Cinco Misterios, que cada Martes Santo se convierte en una catequesis sobre el dolor y la dignidad de Jesús que recorre las calles de Santa Eulalia hasta la medianoche.

Un año más, centenares de vecinos y feligreses del barrio se arremolinaban ante la fachada de la iglesia de Santa Eulalia para esperar la salida del Cristo de la Esperanza. Mientras tanto, en el interior del templo, hermanos y costaleros apenas podían disimular sus nervios y su emoción ante el inminente inicio de la procesión, intercambiando abrazos y palabras de ánimo. A las ocho de la tarde, el presidente de la Hermandad Javier Robledo golpeaba tres veces con su mano abierta la puerta del templo, que a esa hora se abría para dar comienzo a la procesión. Ahí comenzaba también el esfuerzo de la cuadrilla de costaleros que cargan al Cristo, que dirigidos por los capataces sacaron el voluminoso paso del templo con extraordinaria pericia; para una vez fuera elevar sobre su trono la venerada imagen con la elegante y fervorosa lentitud que necesita.

Tras colocar los zancos, tuvo lugar la primera levantada de la imagen, a cargo de la alcaldesa Clara Luquero, que quiso dedicarla “por el respeto a la dignidad humana”, y a partir de ahí, la imagen comenzó su largo y emotivo periplo por el barrio, se fueron desgranando los episodios de la Pasión de Cristo que recuerdan los misterios dolorosos del Rosario en lugares como  la Cruz de Piedra, el Convento de Santa Isabel, el Convento de San Antonio el Real y la Plaza de la Universidad, para concluir  en la iglesia de Santa Eulalia.

Acompañado por las marchas procesionales de la banda de cornetas y tambores de la hermandad, la procesión fue desgranando momentos emotivos a través de las distintas levantadas del paso con dedicación a personas y entidades.