juderia familia Saltiel
Casi un centenar de descendientes de los judíos sefardíes de la familia Saltiel visitaron ayer la Judería de Segovia con motivo de su encuentro trienal. / NEREA LLORENTE
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Cuando el call de Barcelona, el barrio judío de la ciudad que estaba en un sector del actual barrio gótico, sufrió un ataque en 1391, la familia Saltiel se dispersó y una pequeña parte se asentó en la ciudad de Girona y el resto en pequeñas aldeas de Cataluña e incluso del País Vasco. Más adelante, con el decreto de expulsión promulgado por los Reyes Católicos en 1492, que obligaba al destierro a todos los judíos no conversos de los reinos de Castilla y Aragón, los judíos Saltiel marcharon al extranjero, principalmente a la ciudad de Salónica —en la actualidad una importante ciudad griega— pero en ese momento perteneciente al Imperio Otomano.

Más de cinco siglos después al menos 700 hogares repartidos por 26 países están formados por descendientes de esos judíos sefardíes, lo que supone entre 2.000 y 3.000 ‘herederos’ de los Saltiel catalanes. Desde 1994 esta familia organiza reuniones trienales y en 2000 volvieron a Barcelona, su casa durante centenares de años. Este año han regresado a España, a Madrid, para tramitar la nacionalidad española tras la aprobación en 2015 de una Ley que les reconoce este derecho siempre que cumplan determinados requisitos.

Tras visitar el miércoles pasado Toledo, quisieron acercarse ayer a la Judería de Segovia, donde casi un centenar de integrantes de este clan familiar, procedentes de 17 países, fueron recibidos por la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos, en el Centro Didáctico de la Judería, ubicado en la que fuera casa del Rabino Mayor de Castilla, Abraham Seneor.

De Santos les dijo en el patio de esta casa judía de Segovia que es un buen espacio para recuperar raíces, vínculos con su historia pasada porque la presencia judía en Segovia “es tangible hoy mismo” y “ la cultura judía formó parte esencial durante muchos años de la vida en la ciudad”.

Identidad

Les dio las gracias a los Saltiel “por su ejemplo, por los valores que trasmiten” al mantenerse fieles a su identidad judía, aunque muchos de los integrantes de este colectivo se confiesan absolutamente laicos. “Como dijo el Rey, les hemos echado mucho menos”, afirmó en un momento dado, comentario que fue recibido con algunas exclamaciones de agradecimiento, antes de ofrecerles un pequeño “humilde recuerdo de carácter simbólico” a cada uno de los allí presentes, una rama de laurel con la insignia de la ciudad.

“Se llevan el Acueducto en la hoja de un árbol que sin duda estaría en casi todos los patios de esta judería”, aseguró De Santos antes de entregar también al grupo una reproducción, también simbólica, de las llaves de la antigua alhama hebrea de Segovia y un ejemplar de la edición exclusiva de la novela ‘Yuda’, del escritor segoviano José Antonio Abella, que narra la historia de la expulsión de los judíos españoles a través de la experiencia de un niño de la judería segovia, recordada ya en su vejez desde Salónica.

Mientras tanto, como contrapunto a las emotivas palabras de la concejala, se escuchaba con claridad música disco procedente de una ventana de otra casa de la judería, el ‘Daddy Cool’ de Boney M —algo así como “ella está loca por su papi… Papi, papi guay… papi, papi guay”, pero que en inglés suena más cool— arrancando más de una sonrisa entre los Saltiel.

Uno de los integrantes de la expedición es un ciudadano francés, cuyo abuelo procedía de Salónica, de quien aprendió el ladino, el castellano que todavía hablan los judíos sefardíes y que, en palabras, de la edil segoviana, es como escuchar a Cervantes.

Descendientes del último rey de Judea

Saltiel procede etimológicamente del hebreo Shaltiel, Sealtiel o Chaltiel — “el preguntado por Dios”*, que aparece en la Biblia al denominar a un descendiente de David, hijo del último rey de Judea. Es por tanto una familia que desciende de los exilarcas, herederos de la comunidad judía de Mesopotamia y descendientes de la Familia Real de Judea.

En 1058, Abbasid, califa de Bagdad, ejecutó a Hezekiah, el último exilarca, cuyos hijos, según algunos investigadore, se fueron al Reino islámico de Granada y parte de sus descendientes se establecieron en el Reino de Aragón durante trece generaciones.

En archivos aragoneses históricos se encuentran 300 documentos sobre la familia Shaltiel, la más antigua una referencia a un hombre, identificado el 12 de octubre de 1061 como Mar, palabra hebrea que en la Edad Media era equivalente a un título honorífico, atribuido a los exilarcas y sucesores.

Del 27 de agosto de 1097 son dos tumbas judías de esta familia en Monzón de Campos, un padre y un hijo fallecidos por el derrumbe de su casa. Actualmente las dos laudas sepulcrales están en el Museo Sefardí de Toledo.

Esa amplia documentación ha permitido rastrear las huellas genealógicas y conocer las actividades que desarrollaban como rabinos, educadores o mercaderes. Se sabe, por ejemplo, que Zechariah ben Shealtiel Hen tradujo a Aristóteles o que en los años previos a la expulsión Moshé Ben Saltiel publicó el primer libro impreso en hebreo, una traducción de Maimónides del Misné Torá.

Cónsules españoles

Ya en Salónica, en el siglo XVI construyeron la conocida como Nueva Sinagoga Catalana. Posteriormente la familia se expandió por todo el mundo y durante la Shoá, el holocausto, fueron exterminados por los nazis al menos 650. Gracias a la intervención de cónsules españoles se sabe que consiguieron sobrevivir cincuenta en Tesalónica, diez en París y cuatro en Bulgaria.