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La conductora afirma que el vehículo ha sido manipulado y que desde el primer momento “cualquiera subió al autobús”. / KAMARERO
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La conductora del autobús urbano accidentado el día 14 en Vía Roma se siente víctima de una caza de brujas y estudia medidas legales por las declaraciones que considera difamatorias realizadas entre otros por la propia alcaldesa de la ciudad, Clara Luquero. En el siniestro resultaron heridas seis personas, incluyendo a esta conductora, que fue despedida en dos ocasiones del vehículo al que subió para pararlo cuando circulaba sin control.

La mujer, visiblemente afectada todavía dos semanas después, asegura que al apuntar al fallo humano como responsable del suceso, se está atacando su salud física y psicológica y también su futuro laboral “sin pruebas” y sin que haya finalizado la investigación abierta por la Policía Local.

Una investigación de la que espera muy poco a tenor de lo que le han transmitido desde el comité de empresa de Urbanos de Segovia, concesionaria de este servicio público de transporte de viajeros, así como compañeros conductores y, sobre todo, de la documentación y pruebas que ella misma ha ido recopilando desde el momento en el que se puso al volante a las tres de la tarde en ese autobús de la Línea 2 (San Lorenzo), “el 39” para los trabajadores.

Cuenta que el conductor que estuvo circulando durante la mañana con ese vehículo le advirtió de que las puertas no cerraban, que se quedaban abiertas e incluso que una señora había estado a punto de caerse por ese motivo.

“Sale el autobús con las puertas abiertas (es peligroso)”. Así lo dejó reflejado el compañero en la ‘Hoja de autobús’ donde registran las incidencias y donde ella añadió durante la tarde otras dos: “Fallo nivel líquido de dirección muy bajo” y “Fallo luz roja regulador motor stop”. El primero lo detectó en torno a las 17.14 horas y el segundo en la Plaza de San Lorenzo, cabecera de la línea, pocos minutos antes del accidente. En ambos casos mantuvo conversaciones telefónicas con el mecánico de la empresa, ambas documentadas, lo que pone de relieve que el urbano no circulaba precisamente en las mejores condiciones.

De hecho, la conductora sale del autobús por indicación del mecánico para parar la batería y “resetear” así el ordenador de a bordo, que detectaba los problemas o averías. “Que se borre no quiere decir que el vehículo esté en perfectas condiciones, solo que no lo señala”, comenta.

Los breves instantes en los que ocurrió todo se le quedaron grabados de forma muy gráfica y así lo describe a El Adelantado: Aprovechando la parada en Vía Roma, estacionó el vehículo, dejó montar a tres pasajeros “porque hacía mucho calor y querían entrar, aunque les advertí que había una avería y podía demorarse la partida”. Cuando desconecta la batería el urbano se pone en movimiento debido a la pendiente de Vía Roma, cruza la avenida y arrolla a su paso turismos estacionados y estos a su vez a personas. Intenta subir al vehículo hasta en dos ocasiones y en la segunda está a punto de conseguir alcanzar el freno de mano pero es despedida por uno de los botes del autobús debido al pavimento de adoquín.

La seguridad falló

Insiste en que para que el vehículo se moviera fallaron al menos cuatro sistemas de seguridad. Si bien ella no echó el freno de mano, entiende que es “un olvido y no una negligencia” motivada por una decisión en la conducción. Argumenta que ningún vehículo de transporte de viajeros debe circular con la puerta abierta, hay un sistema de bloqueo, “como un tirón”, explica ella, que lo impide; otro bloqueo es el de la puerta del habitáculo del conductor si el freno de mano no está echado, como ya han comentado desde el comité de empresa y otros conductores y, además, indica que en vehículos pesados hay otro sistema de seguridad consistente en un freno hidráulico que bloquea las ruedas cuando se produce un fallo eléctrico. “O estaba desconectado, o no funcionó o simplemente no estaba”, dice la conductora. “Se produjeron todos esos fallos pero la culpa es de la conductora”, resume.

“Como el 90% de los conductores de la empresa cuando están en parada, puse el freno de estacionamiento, la N de neutro (punto muerto en la marcha) y ya está, el autobús no se mueve, pero se movió”, lamenta.

Por otro lado, muestra enfado por lo ocurrido después del accidente, al margen de la atención a los heridos, en la que colaboró. Llama la atención que en el urbano pudiera entrar cualquiera y hay abundante documentación gráfica que lo atestigua. Considera que ante un siniestro con varios heridos, alguno hospitalizado, debería haberse abierto inmediatamente una investigación judicial e inmovilizarse y precintase el vehículo al momento. Asegura, por testimonios próximos a la empresa, que no se precintó hasta “40 horas después” y ha sido manipulado el ordenador de a bordo y la mecánica.

“Irresponsabilidad”

Por si fuera poco, es sospechoso que el inspector de la empresa condujera después el autobús hasta las cocheras de la concesionaria —en lugar de llevarlo a un depósito municipal que hubiera sido lo más adecuado para ser inspeccionado por peritos judiciales— y lo hizo sin conocer si tenía más daños de los aparentes y con la luna rota y sin visibilidad. La conductora lo califica como grave “irresponsabilidad” y apunta a un intento de ocultar el mal estado del vehículo.

Por último, afirma que en ocasiones ha pasado miedo conduciendo alguno de los autobuses urbanos y lamenta que se oculte a los ciudadanos “el estado deplorable del 60% de la flota”, reconocido, dice, por la alcaldesa.

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