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Evacuación de agua al río gracias al funcionamiento de una de las bombas instaladas en 2014. / KAMARERO
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A gran seca, gran mojada, dice un dicho castellano, y es que a periodos prolongados de sequía suelen seguir otros de abundantes precipitaciones, bien sea en forma de nieve o de lluvia. Tras un otoño especialmente seco en Segovia y un inicio del invierno sin una gota de lluvia, entre el 5 y el 6 de enero una gran nevada bendijo por fin a la ciudad, dando paso primero a más nieve y en las últimas semanas a lluvias que, con sus muchos inconvenientes, también tiene efectos positivos. Sin embargo, las últimas precipitaciones han alarmado a ciudadanos que temían lo peor e incluso los más agoreros corrieron a la alameda para comprobar con sus propios ojos las inundaciones que, de momento, no se han producido.

La propia Confederación Hidrográfica del Duero (CHD) avisó el 28 de febrero de que el aumento de caudales por el deshielo llegaría al nivel de alerta en ríos como el Eresma a su paso por el municipio de Bernardos.

La Real Casa de Moneda prácticamente ni se ha inmutado por la crecida, y el río registraba ayer un caudal de casi 14 metros cúbicos por segundo y un nivel de 1,76 metros de altura, muy por debajo de los indicadores de las inundaciones de abril de 2013 y marzo de 2014, que obligaron a la Concejalía de Patrimonio Histórico y Turismo a adoptar medidas, con una inversión cercana a los 30.000 euros.

En lo que va de año, el mayor caudal se ha registrado el pasado día 1, cuando superó los 20 metros cúbicos por segundo y dos metros de altura, aunque ese mismo día bajó de forma brusca hasta los 8,29 metros cúbicos por segundo, alcanzando un nivel de apenas metro y medio.

Cuenta Eduardo Sánchez, arquitecto técnico de la Concejalía de Patrimonio Histórico, que el Eresma es un río “de avenidas súbitas, con un corto periodo de la curva de ascenso” a diferencia de otros en los que el nivel no sólo sube sino que se mantiene muy alto durante varios días.

Este técnico municipal comenta que las precipitaciones en forma de lluvia han sido lo suficientemente espaciadas, poco persistentes en general, y no han provocado una gran avenida, ni por los litros caídos ni por el deshielo, ya que, además, las temperaturas han permanecido relativamente bajas. Por otro lado, la tierra estaba tan seca que ha absorbido gran parte de esas precipitaciones; situación muy distinta sería la de lluvia prolongada y un terreno empapado con anterioridad.

También ha ayudado que la CHD ha desembalsado agua del Pontón Alto a principios de febrero, dejándolo al 80% de capacidad, de manera que esta infraestructura acumula ahora parte del agua procedente de lluvias y deshielo.

Los responsables municipales no se cansan de repetir que parte de la Casa de la Moneda está sobre el cauce del río, que precisamente fue desviado para construir este histórico edificio que fue ceca desde1583 por orden de Felipe II.

La naturaleza es imprevisible y la vecindad del cauce, cuyas aguas obviamente eran necesarias en el siglo XVI para mover la maquinaria de esta fábrica de monedas, ha ocasionado más de un disgusto a lo largo de los últimos siglos.

Aunque las estadísticas históricas, como las encuestas, hay que tomarlas con reserva, se sabe que aproximadamente cada diez años en este tramo del Eresma se producen crecidas de hasta 73 metros cúbicos por segundo, cada cincuenta años llegan a 162 metros cúbicos, cada cien un caudal similar a este último y cada 500 años se inunda el valle con consecuencias catastróficas.

Sánchez comenta que “hay documentados más de treinta eventos de inundación desde el siglo XIV” y añade que, de hecho, los monjes del primitivo monasterio premonstratense de Santa María de los Huertos, cuyos restos están en la alameda, después sufrir varias inundaciones por el desbordamiento del río, decidieron abandonarlo en el siglo XVII y trasladarse a la zona alta, en el recinto amurallado, donde se encuentra la plaza de los Huertos.

El arquitecto técnico de Patrimonio Histórico indica que, aunque el caudal medio anual es de 3,35 metros cúbicos por segundo, las series máximas recogidas en los últimos años muestran por ejemplo que en 2009, durante las obras de rehabilitación de la Casa de la Moneda, se alcanzaron los 51 litros por metro cúbico. Hubo inundación en el recinto, lo que obligó a modificar el proyecto e incorporar algunos elementos como el muro de piedra de la terraza de la cafetería del Ingenio Chico.

En abril de 2013 el cauce superó los 62 metros cúbicos por segundo y además de anegar el pavimento de uno de los patios, el agua llegó a entrar en el museo, por lo que se decidió entonces instalar un vidrio laminado de seguridad (de 10+10) en los ventanales del espacio museístico. El coste de los daños se estimó en 21.000 euros.

Llegó marzo de 2014 y la crecida del río superó los 80 metros cúbicos, inundando el Ingenio Chico y causando desperfectos en el sistema de calefacción mientras la terraza de la cafetería quedó anegada de barro y agua, lo que exigió una limpieza completa. El seguro tuvo que hacer frente a daños por valor de 27.000 euros.

El Gobierno municipal aprobó de urgencia la instalación de una valla de vidrio de seguridad para el muro de la terraza, así como compuertas, válvulas, bombas, etc. que integran un sistema contra inundaciones del que forman parte también tarjeas, canaletas para recoger agua de filtraciones y lluvia, o un pozo de tormentas que sirve para evacuar el agua cuando el río crece.