Intenso debate sobre las pseudoterapias en el Congreso de Deontología

En la segunda sesión de la reunión nacional de médicos, Agustín Zamarrón y Mariano Casado exponen los motivos para acogerse a la Objeción de Conciencia

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El V Congreso Nacional de Deontología Médica sigue su curso estos días en Segovia, con una segunda jornada en la que dos de los temas más complejos y conflictivos de la profesión desde el punto de vista ético centraron el inicio de la mañana; las pseudociencias y pseudoterapias frente a la Medicina científica y la Objeción de Conciencia.

El Colegio de Médicos de Segovia, Enrique Guilabert moderó una mesa redonda con los médicos Joan Monés y Jerónimo Fernández Torrente, coordinador del Observatorio contra las pseudociencias, pseudoterapias, intrusismo y sectas sanitarias de la OMC, cuyo debate se extendía en los últimos minutos al público, con algunos testimonios a favor de lo que, para la mayoría de los profesionales presentes, supone una práctica peligrosa y que puede tener graves consecuencias para la salud.

Precisamente la del doctor Jerónimo Fernández es una de las voces más críticas con este tipo de terapias, cuya actualidad, considera, “está llena de afonías, de verdades a medias, de pseudoverdades y de paradojas”. El doctor Fernández desestimaba en estos momentos toda opción de cooperación, demandada de forma previa por su interlocutor, Joan Monés, con la posición de aquellos compañeros de profesión que sí sugieren a los pacientes estas pseudoterapias.

Monés, crítico también con estas prácticas, se mostraba algo más condescendiente, tras hacer alusión al dilema ético-deontológico al que se ven sometidos algunos profesionales que saben que estos procedimientos no tienen evidencia científica, que asumen el deber de informar sobre ello a sus pacientes y que, “sin embargo, por otro lado, son conscientes del efecto placebo que pueden llegar a tener”.
Ese posible efecto placebo, sumado a la diferencia existente entre los conceptos de ‘procedimientos alternativos’ y procedimientos complementarios’, centraban la ponencia del doctor procedente del Colegio de Médicos de Barcelona, quien también dedicaba parte de su tiempo a enumerar métodos recogidos dentro de esa lista de pseudoterapias como la acupuntura, la medicina natural, la reflexoterapia, la acupresión, la medicina herbal, el método Hamer o, cómo no, la tan polémica homeopatía. «Es difícil entender y aceptar las posibilidades terapéuticas de sustancias diluidas a niveles infinitestimales, con independencia del efecto placebo; es algo que no debería venderse en las farmacias», apreciaba Monés respecto a esta última.

Por su parte, Jerónimo Fernández indicaba que “del 25% de la población que practica estas terapias, sólo el 25% tiene algo que ver con el ámbito profesional sanitario” y aseveraba que «el 96% de los médicos colegiados no pueden someterse a los criterios de un 4%”. Para el coordinador del Observatorio, además, es preciso “educar a la sociedad en la ciencia y la eficacia del método científico en la Medicina”.

La objeción de conciencia

En la segunda sesión de la mañana subían al escenario el doctor segoviano Agustín Zamarrón y el extremeño Mariano Casado. Con dos exposiciones muy diferentes, ambos médicos abordaban las necesidades de la sociedad en el pasado, con una imagen del doctor Andrés Laguna presidiendo la ponencia de Agustín Zamarrón, y en el siglo XXI, lo que supone el derecho a la libertad de conciencia para médicos y pacientes o las consecuencias que ha tenido en la aparición de conflictos la evolución de la técnica y, con ella, el avance de la Medicina y la transformación de la sociedad. Las diferencias entre objeción de conciencia, objeción de ley, desobediencia civil o insumisión también eran mencionadas por Mariano Casado, quien en su exposición dejaba una pregunta para la reflexión: “¿se puede obligar a la profesión médica a actuar contra su conciencia?”.

Buenas y malas prácticas en Internet

El doctor Abel Novoa primero, con su ponencia sobre los conflictos de intereses, y los participantes en la mesa redonda sobre ética y deontología en redes sociales, después, generaron un ambiente cercano, ameno y distendido. Si algo ha quedado claro en estas sesiones del V Congreso Nacional de Deontología Médica es que el futuro en esta materia de la profesión deberá prestar atención y estar atento ante los peligros que pueden acarrear decisiones tan aparentemente inofensivas como prescribir un medicamento de última generación o publicar un comentario en el perfil de Twitter.

Sobre este último riesgo advertían de manera especial los doctores Jacinto Bátiz y Juan Manuel Garrote, quienes, tras una intervención a cargo del periodista Fernando González Urbaneja, ponían el acento en sus respectivas exposiciones en el papel ejemplarizante que cumple el médico con la sociedad, así como en la trascendencia de sus opiniones; más aún cuando éstas son escritas en cualquier red social a la que pueden tener acceso, desde sus familiares más cercanos, hasta sus más recientes pacientes. “Esto también puede ser positivo; puede ser recomendable aprovechar el poder amplificador de las redes sociales para realizar una labor divulgadora”, apuntaba, no obstante, el doctor Bátiz; una opinión que era refrendada por Juan Manuel Garrote.

Mientras el primero se centraba en cómo el futuro Código Deontológico, previsto para finales de 2018, abordará este tipo de cuestiones, el segundo ponía en la balanza ejemplos de buenas prácticas en el uso de Internet, como la publicación de un blog a través del cual médicos como el doctor Salvador Casado o como el mismo doctor Batiz, experto en Cuidados Paliativos, atienden a sus enfermos, y otros ejemplos de comportamientos cuestionables que pueden desembocar en problemas de incomunicación, egocentrismo o cotilleo. “Cada uno de nosotros tiene un púlpito en la mesa de consulta, con lo cual somos muy golosos para este asunto”, advertía el doctor Garrote.

Instantes antes, Fernando González Urbaneja, conocedor de cómo y a qué velocidad se transmiten las informaciones, ya ponía en situación a los presentes y, después de hacer alusión a conceptos como ‘intimidad’, ‘libertad de expresión’ o ‘veracidad’ y de establecer las similitudes que guardan en el campo de la Ética el Periodismo y la Medicina, recordaba uno de los peligros más extendidos a los que se enfrentan los médicos tras el auge de las redes sociales: el del ‘paciente informado’. “Seguramente les parezca raro que alguien llegue a su consulta sin haber buscado antes en Internet a qué corresponden sus síntomas”, bromeaba el periodista.