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Además de la popular becerrada, la Asociación de Camareros de Segovia y Provincia cuenta con otras actividades para honrar a su patrona, Santa Marta, durante la jornada de hoy miércoles.

A mediodía, en los alrededores de la plaza de toros, el restaurante La Trébede servirá una comida a los profesionales pertenecientes a la asociación, además de otros amigos y familiares que se unen a ellos durante esta celebración tan especial que se organiza cada año.

Asimismo, y como se ha hecho en otras ocasiones, los camareros rendirán homenaje a algunos de sus compañeros, ya jubilados, que han estado trabajando durante toda su vida en el sector. Este año, es el caso de Francisco Maroto, del bar Quintanar, y Jesús Gil, jefe de cocina que trabajó en multitud de restaurantes de la capital y provincia. Ambos han sido durante toda su vida parte de la asociación y han celebrado la festividad de Santa Marta todos los años, participando incluso en la becerrada.

Desde la Asociación de Camareros quieren agradecer a los bares que están colaborando con los talonarios durante la festividad de Santa Marta, “porque sin esta colaboración no se podría celebrar la fiesta”, afirman.

En esta línea, quieren también hacer un llamamiento a los establecimientos que han decidido no colaborar con ellos, para que se hagan partícipes de esta fiesta que honra la figura de los profesionales de la hostelería segoviana.

Francisco Maroto Postigo

Francisco Maroto Postigo regentó durante 30 años el Bar Restaurante Quintanar, hasta que en el año 2010 se jubiló. Además, de su trayectoria como profesional de la hostelería, ha sido dos veces presidente de los camareros segovianos y fue el fundador del Concurso Nacional de Coctelería.

Maroto recuerda muy bien cuando arrancó su vida profesional. Fue en el año 1961, con sólo 14 años, cuando entró a trabajar en el Hotel Sirenas como ‘comis’, una categoría profesional de iniciación, pero que le hizo tener claro que “me gustaba la profesión”.

Tras años de trabajo en Segovia, en el año 1974 se trasladó hasta La Rioja alavesa donde regentó con éxito dos hostales y un mesón. Recuerda, como anécdota, que en 1979, “se celebró en Logroño el 10 Concurso Nacional de Coctelería de la Asociación de Barmans Españoles (ABE) en el que recibí a los concursantes con un vino y la cena de despedida en el Hostal Fabulista Samaniego, de la Guardia, Álava”.

Fue en 1980 cuando regresó a su tierra natal para abrir el Restaurante Bar Quintanar, ubicado en el Palacio de Quintanar, cerca de instituciones como los Juzgados o la Diputación Provincial, porque “entonces se iban a tomar el café a la Plaza Mayor y soy de los que creo que hay que poner el bar donde hay una necesidad”, destaca. Allí sus clientes “encontraban la seriedad que tiene que tener un establecimiento de hostelería con la discreción y la amabilidad hacia el cliente”, en el que los que acudían podían disfrutar de comida casera, cuyas especialidades eran los pimientos rellenos o las patatas con chorizo.

Además de regentar su establecimiento, Maroto ha estado muy ligado siempre a la Asociación de Camareros de Segovia, ya que en 1967 entró en la junta directiva del Montepío de Camareros de Segovia, para después ser presiente, en 1971, tras la sustitución de Jesús Izquierdo. Fue entonces cuando fundó el primer Concurso de Coctelería, que se celebró en la Discoteca Ladreda 25, además de realizar otras actividades como “desfile de modelos, carrera de camareros con bandeja o fiestas para niños”, puntualiza.

Maroto retomaría la presidencia en 1982 hasta 1988, tiempo en el que “potencié el concurso de Camareros de Sala y fundé la cooperativa de Santa Marta, en Nueva Segovia, ya que siempre gocé de una gran junta directiva”.

Jesús Gil Vírseda

Jesús Gil Vírseda ha dedicado su vida a los fogones, tras pasar casi 50 años en la cocina de numerosos restaurantes de Segovia, en los que ha sido jefe de cocina en varios establecimientos. Gran aficionado al mundo taurino, su participación en las becerradas es otro de sus grandes recuerdos, de hecho, hoy muchos segovianos le conocen aún por el apodo de su participación, ‘Conejito’.

Gil Vírseda comenzó con apenas 16 años a trabajar en el mundo de la cocina hasta los 64 años en los que se jubiló. Toda una vida dedicada a los fogones que comenzó con tan sólo 16 años cuando entró a trabajar de pinche en el Hotel Sirenas, “llamado por aquel entonces, Escuela de Hostelería de Segovia”, recuerda con cariño. Tras cuatro años en este establecimiento, se trasladó al Restaurante Florida, en el Paseo del Salón, cuyo cierre le obligó a trasladarse al Mesón Bari en Alcalá de Henares. Su vuelta a Segovia en 1974 fue en el Restaurante El Bernardino, en el que permaneció 14 años, del que guarda su recuerdo más especial porque era un “buen restaurante y mejor gente”. Siempre innovador, Gil Vírseda trabajó después en el Restaurante Canónigos en La Granja de San Ildefonso, en el Restaurante Solaire situado en la calle Santa Engracia y terminó su carrera los en el Ventorro Jauja, con los hermanos Martín Cerezo, durante sus últimos 19 años de etapa profesional, en donde “cambié toda la carta y tuve mucho éxito”.

Durante su trayectoria profesional siempre realizó comida casera y se especializó en la realización de tartas caseras de diferentes alturas y formas, todo siempre desde el trabajo constante y la seriedad de un buen profesional porque “lo planificaba mucho, me hacía un croquis antes de servir los platos”. No obstante, reconoce que el mundo de la cocina ha cambiado de “arriba abajo, antes todo se hacía a mano y teníamos las cocinas de carbón”, puntualiza.

Otro de los momentos más importantes para Gil Vírseda son las becerradas, en las que participó desde 1961 a 1975, siendo su última actuación en El Espinar en la que logró el premio al Mejor Banderillero. La participación en las becerradas siempre las realizó con el apodo de ‘Conejito’, porque “nos lo ponían los compañeros”, un sobrenombre por el que le siguen conociendo muchos segovianos, una circunstancia que “me sigue gustando”, destaca.

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