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José Luis Guijarro es, junto a David Aragoneses y José Luis Correa uno de los homenajeados./EL ADELANTADO
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Forman parte de aquella estirpe de profesionales formados a través de miles de horas tras la barra, sirviendo mesas o en los fogones. Su trabajo ha servido como ejemplo y estímulo a otras generaciones de camareros que han contribuido a que Segovia alcance un grado de excelencia en el servicio tanto a propios como a extraños que sitúa a la provincia en el cuadro de honor de la mejor hostelería nacional.

En la hora del bien merecido descanso al alcanzar la jubilación, la Asociación de Camareros de Segovia ha querido aprovechar la cena de gala del VI Congreso de Turismo y Gastronomía para homenajear a José Luis Guijarro, José Luis Correa y  Javier Aragoneses, que anoche en el Hotel Cándido recibieron el afecto y el reconocimiento de sus compañeros.

Al frente del Restaurante Narizotas desde hace 35 años, José Luis Guijarro tuvo claro desde joven que no quería seguir la estela de su padre, resinero en Marazoleja, y decidió emprender camino a Segovia para comenzar su carrera en la hostelería en el antiguo Hotel Casas. Desde allí, recaló en el restaurante La Criolla, del que guarda un inmenso recuerdo de la familia Escobar, ya que “allí entré como un niño y salí como un hombre”, según sus propias palabras.

En 1970 su nombre quedó ligado para siempre al Restaurante Narizotas, por el que fueron pasando distintos responsables hasta que en 1982 asumió la dirección del local, y el 13 de diciembre de 2017 dejó la dirección tras jubilarse de “la profesión más bonita, porque es un nuevo reto cada día”.

José Luis Correa Maderuelo sólo lleva dos meses jubilado, desde que el pasado mes de febrero decidiera colgar el uniforme de trabajo tras casi medio siglo trabajando tras una barra en Segovia. Su carrera profesional es amplia y dilatada, desde que en 1968, con 14 años recibiera la primera oportunidad en el oficio de la mano de Juan Herrero ‘Juanito el de La Taurina’, en su emblemático establecimiento de la Plaza Mayor.

Desde allí pasó al Restaurante Duque, donde trabajó durante 17 años, los primeros de la juventud y en el que recuerda a “los buenos compañeros” que tuvo. Posteriormente, emprendió junto a sus cuñados la apertura del Bar Restaurante Chafa, un negocio al que ha dedicado los últimos 32 años para poner al establecimiento en el mapa de la cocina de calidad en Segovia. El marisco y la comida casera ha llevado al establecimiento a tener una clientela fiel que Correa se precia de conocer y a la que en muchos ocasiones ha convertido en sus amigos. Aunque reconoce que es un trabajo duro, el ambiente laboral ha sido “extraordinario, porque nos hemos llevado de maravilla”.

Javier Aragoneses es de esos camareros ‘de toda la vida’ cuya imagen permanece en la retina de muchas generaciones de segovianos. Con 17 años inició su trayectoria en el bar ‘Marfil’ (hoy Jeyma) de la Plaza Mayor, y le ha llevado a conocer y trabajar en gran parte de los mejores establecimientos de la hostelería segoviana porque “creo que no hay que acomodarse y conocer sitios”, según sus palabras. En su memoria quedan recuerdos de su paso por ‘Casa Mariano’ de Revenga -“mi mayor satisfacción”, asegura- y La Floresta o Duque, donde concluyó su carrera profesional.

La amplia trayectoria y el trabajo en diferentes lugares le ha hecho tener muy claro que lo fundamental es “quedarse con las cosas buenas”, así como la importancia de trabajar en equipo, porque “el compañerismo es muy importante en esta profesión, porque son muchas horas y conoces mucha gente”.

Tres historias paralelas pero convergentes en un único punto que es el amor por una profesión tan esclava como vocacional y que ayer les devolvió parte del cariño que ellos han demostrado a lo largo de su carrera.