Hacia el eco combustible

Aitana Tamayo, química de profesión, desarrolla un proyecto financiado por Gas Natural Fenosa cuya finalidad es obtener combustible utilizando energía solar

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Entre quienes día a día se rebelan contra la célebre frase “¡Que inventen ellos!” —pronunciada por Miguel de Unanumo— se encuentra Aitana Tamayo, una química de larga trayectoria investigadora ahora empeñada en conseguir su sueño, el de generar un combustible utilizando como fuente de energía el sol.

Presentó esa idea al programa ComFuturo, convocado por la Fundación General CSIC y, entre más de tres centenares de solicitudes, la suya fue una de las 14 elegidas. Y, desde septiembre del pasado año, gracias a la financiación de Gas Natural Fenosa, trabaja con ese objetivo. “De momento, los resultados obtenidos son esperanzadores”, afirma, felicitándose además del “gran interés” de la empresa financiadora en el desarrollo del proyecto, un hecho que “no resulta demasiado frecuente”.

De acuerdo a sus detalladas explicaciones, su meta es obtener hidrógeno y gas de síntesis empleando únicamente energía solar, en un proceso durante el cual se requiere la descomposición del agua y el CO2.

Tamayo lleva a cabo esta investigación en el Instituto de Cerámica y Vidrio, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), al que está vinculada desde que regresó a España, en 2010, después de varias estancias en universidades de Estados Unidos y Alemania.

El combustible que busca tendrá, previsiblemente, múltiples aplicaciones. Así, podría ser utilizado en coches híbridos, en las llamadas ‘pilas de combustible’ o en diferentes procesos industriales tendentes a la generación de otros combustibles. Y, en caso de tener éxito (“creo que lo conseguiré”, insiste), dicho combustible deparará un beneficio indudable para el medio ambiente, pues “contribuirá a reducir los gases de efecto invernadero”.

De vez en cuando, Tamayo sueña despierta. E imagina un mundo en que su combustible triunfa. “Si alguna empresa potente apuesta por este proceso, es posible”, pronostica. En cualquier caso, reconoce que eso no pasaría mañana, ni tampoco pasado mañana. Pero tal vez sí dentro de diez ó quince años. “Estoy convencida de que es posible su implantación a nivel industrial”, concluye. De momento, ella trabaja con esa ilusión. Y para demostrar que el estereotipo “¡Que inventen ellos!” no es real.