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El teniente general Juan Campins Miralles entrega a Sanz y Calabria el sable conmemorativo del premio Daoiz. /M.G.
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Cuando un artillero de vocación con una dilatada trayectoria militar recibe la reproducción del sable modelo 1862 en cuya hoja está grabado su nombre como ganador de la más prestigiosa distinción que otorga el arma de artillería, la emoción es el primer sentimiento que aflora al sostener en sus manos este preciado galardón. Pero el pragmatismo y el sentido del deber que desde la creación del arma han hecho gala los artilleros les hace capaces de dejar a un lado las emociones y no desaprovechar la oportunidad de seguir aportando lo mejor de sí mismos para hacer valer el lema ‘Ultima ratio regis’ que define el espíritu artillero.

En la misma línea que quienes le precedieron como ganadores del Premio Daoiz, el general Alfredo Sanz y Calabria recibió en la Sala de Reyes del Alcázar este galardón, y realizó un certero y valiente análisis de los retos de futuro de la Artillería española, abogando por mantener el ‘equilibrio’ entre la formación y la evolución, así como por la progresiva adaptación a los cambios sociales, políticos y económicos que emanan de una sociedad que ha pasado “de la edad moderna a la posmodernidad”, en palabras del militar galardonado.

El teniente general  Juan Campins Miralles, segundo jefe del mando central aliado de la OTAN fue el encargado de entregar el premio al que fuera último general director de la Academia de Artillería, y que hoy se ocupa de la dirección de recursos y logística del mando central aliado con cuartel en Mons (Bélgica).

Antes, el coronel director del centro de enseñanza militar José María Martínez Ferrer realizaba la semblanza laudatoria del galardonado, en la que subrayó los numerosos méritos y logros obtenidos durante su periodo en la Academia primero como jefe de estudios y después como director.

Martínez Ferrer puso de manifiesto la “energía y determinación” de Sanz y Calabria a la hora de abordar los cambios en los planes de estudios de la formación de los oficiales y suboficiales del arma, que han conseguido no sólo asegurar el futuro del centro sino también resituarlo en la vanguardia de la innovación y la formación militar a nivel nacional e internacional.

Asimismo, subrayó el esfuerzo realizado por el Premio Daoiz 2013-1018 para contribuir a la urdimbre social segoviana con los acuerdos de colaboración con las universidades públicas y privadas así como a través de los actos conmemorativos del 250 aniversario de la creación del Real Colegio de Artillería.

El general Sanz y Calabria aseguró sentirse “abrumado” por el premio, aunque precisó que los logros que se le atribuyen  “es humanamente imposible hacerlos solo, ha sido una labor de equipo”, Así, señaló que  su llegada al mando del centro coincidió con un periodo de “muchos años de minúsculas inversiones por que otras prioridades sociales así lo exigían, y el esfuerzo por adaptarse a los nuevos planes de estudio advertían una cierta desmotivación que obligaba a hacer algo tanto en la Academia como en el arma de Artillería”.

Así, la necesidad de cambios fue asumida por el general como un reto en el que resulta obligado “encontrar el equilibrio entre innovación y tradición, entre lo general y lo específico que resulta necesario en un oficio como el nuestro, donde las decisiones implican en ocasiones matar o morir”. Así, la Artillería “debe pensar en su futuro, en cómo adaptarse a los nuevos retos, y por ello nuestros cuadros de mando deben ser preparados para abordar los cambios de la mejor manera posible y llevarles a hacerse las preguntas adecuadas y buscar las respuestas idóneas”.

Sanz y Calabria aseguró que la gran asignatura pendiente de los cuadros de mando es “la alta dirección”, y señaló que la Artillería tiene grandes carencias en dirección estratégica, por lo que señaló que los planes de estudios deberían estar complementados con alguna formación tipo master que permita “una interacción eficaz con el mundo civil” en esta materia.