Vecinos y turistas intercambian libros en los soportales de la Plaza Mayor. / Kamarero
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Como cada 23 de abril, el centro de Segovia en general y la Plaza Mayor en particular se entregaron a las celebraciones por el Día de Libro, este año en el marco del centenario de la llegada del poeta Antonio Machado a la ciudad. Y lo hizo en una jornada no sin contratiempos, pues la lluvia –a ratos leve y a ratos intensa– deslució varias de las actividades programadas por el Ayuntamiento.

En cualquier caso, la meteorología adversa no disuadió a las decenas de personas que, desde las 11.00 horas y habiendo agotado las reservas desde hacía dos días, tuvieron la suerte de formar parte de la ruta guiada ‘Paseo Machadiano’, en la que los visitantes transitaron por los lugares más frecuentados por el poeta durante su estancia en Segovia. Actividad con la que se iniciaban los homenajes a Machado, pero también a Cervantes, a San Juan de La Cruz, a María Zambrano y a la literatura segoviana y mundial a través de la exaltación del libro.

Un homenaje escenificado de manera particular por varios miembros de la corporación municipal, con la alcaldesa Clara Luquero al frente. Juntos recorrieron las calles de la ciudad en una ruta literaria en la que se reconoció al creador del Quijote, al místico, a la filósofa y al vecino Antonio Machado con la ofrenda de una corona de laurel en sus placas y estatuas de la ciudad.
«Pocas ciudades hay como Segovia en las que pervivan tan presentes las huellas de tantos escritores con relevancia para la historia de la literatura. Por eso para nosotros, para todos los segovianos y segovianas, el ‘Día del Libro’ es como una fiesta mayor, un día señalado que queremos vivir de manera intensa, con los niños y las familias en las calles, comprando e intercambiando libros, haciendo que este objeto de papel que es mucho más que un objeto, que es la piedra sobre el que se edifica nuestra cultura, sea el de las calles y las plazas», expresó la alcaldesa junto a la estatua de Machado en la Plaza Mayor.

Lugar en el que los soportales no daban a basto para acoger a los vecinos y turistas que se habían acercado a buscar algún tesoro en forma de libro en los puestos instalados por las librerías de la ciudad en torno al templete de la plaza y en los que se refugiaban de la lluvia.

Allí, frente al ‘Teatro Juan Bravo’, los más pequeños de la casa se acercaban a la literatura desde unos coloreados pupitres en los que participaban en un taller de animación a la lectura. Mientras, sus padres ojeaban, y participaban también, en la ‘Cadena ciudadana de intercambio de libros’, en la que en una gran mesa alargada, situada frente a la entrada del Ayuntamiento, centenares de libros tenían la posibilidad de ser visitados por otros ojos y los ciudadanos podían acceder a historias que no habían pasado por sus estanterías.

Actividades culturales todas, con el reclamo único de los libros y la literatura. Literatura en las mesas, en los pupitres, en los puestos y también en el aire; la recitada por los niños segovianos que en el templete y acompañados por una música ligera realizaban su particular homenaje a la obra de Antonio Machado, con la iniciativa ‘100 años – 100 fragmentos’.

Y es que, pese a que las precipitaciones permitían más vislumbrar una hilera de paraguas que una fila de niños, los pequeños aguantaron –literalmente– el chaparrón, y recitaron como verdaderos poetas los versos del genial autor sevillano. Todo, ante una audiencia de familiares y curiosos que atendía, los más valientes desde las sillas instaladas frente al Consistorio, y desde los soportales la mayoría.

El plato fuerte del día festivo, no obstante, estuvo a unos metros de la Plaza Mayor; en la jornada de puertas abiertas de la ‘Casa-Museo de Antonio Machado’. Allí, debido a la afluencia de visitantes, especialmente de otras partes de la geografía nacional, la organización tuvo que establecer turnos de visita de quince minutos cada quince personas para dar respuesta a la altísima demanda de turistas. Las esperas para entrar al museo llegaron a ser de hasta de media hora.

Dentro, viajeros de Valencia, Vigo, Huelva o Navarra recorrieron las estancias de la pequeña casa de huéspedes en la que vivió el poeta entre 1919 y 1932. El dormitorio, la cocina o el pequeño baño de la vivienda captaron el interés de los admiradores, los cuales celebraron por escrito su satisfacción con la visita en el libro de firmas: «Haciendo camino/hasta aquí hemos llegado,/ a la casa de un maestro/ siempre Antonio Machado».