04-1efe-juicio-audiencia-nacional-yihaidsta-fernandez-aceña
Daniel Fernández Aceña, en el banquillo durante la primera de las sesiones de la vista oral en la Audiencia Nacional./ EFE
Publicidad

Vestido con una camisa de manga corta, pantalón beige y un jersey anudado a la cintura, Daniel Fernández Aceña afrontaba ayer con gesto tranquilo y un aspecto más juvenil que el que mostraba en las fotos de su perfil en redes sociales el inicio de la vista oral en la Sala 1 de la Audiencia Nacional que dirimirá su culpabilidad en los delitos de adoctrinamiento y enaltecimiento terrorista de los que se le acusa tras ser detenido el 12 de diciembre de 2016 en Segovia y que le enfrentan a una pena de 10 años de prisión conforme a la petición del Ministerio Fiscal.

La tranquilidad del acusado se mantuvo incólume en su declaración ante la magistrada Manuela Fernández Prado, donde negó la práctica totalidad de los hechos que se le imputan y aseguró no haberse convertido nunca al Islam ni haber expresado tampoco su intención de inmolarse en un atentado terrorista en Segovia.

La primera sesión del juicio, que concluirá a buen seguro hoy con el testimonio de los peritos y la presentación de las conclusiones definitivas de las partes, contó con la declaración de Aceña y de algunos de los testigos, como la exesposa del acusado, la trabajadora social de la Asociación ‘Amanecer’ a la que presuntamente amenazó y de dos de los agentes de la Guardia Civil que intervinieron en la investigación previa a la detención.

El yihadista quiso rebatir las pruebas reunidas por la Guardia Civil en la investigación, como los cerca de 160.000 archivos de grupos islamistas radicales encontrados entre el material informático hallado en el registro de la vivienda en la que vivía o las manifestaciones realizadas en las escuchas telefónicas en las que anunciaba su intención de inmolarse en el interior de un autobús en Segovia.

Así, señaló que “no tenía intención de inmolarme, me parece una estupidez, y puedo entender que esa gente tenga esa mentalidad pero no va con mi forma de ser, yo tengo miedo a la muerte y a sufrir y no quiero morirme y mucho menos haciendo daño a otras personas”.

Aunque reconoció que descargó imágenes con contenidos yihadistas en internet , Aceña aseguró que las guardó pero “para enseñar lo que puede llegar a hacer el hombre, lo que no significa que esté de acuerdo”.

También quiso restar importancia a las amenazas realizadas ante la trabajadora social de la Asociación Amanecer, que en su declaración ante la sala ratificó que en las entrevistas que tenía con él le mostraba vídeos de decapitaciones, realizaba apología de los yihadistas y hablaba de que iba a inmolarse para entrar en el paraíso además de “infravalorar mucho a la mujer”.

Sobre este aspecto, el acusado ha asegurado que lo que le contó en estas entrevistas ante la monitora -a la que visitaba dos veces por semana para asistir a talleres ocupacionales- “fue un vacile” fruto de su carácter “excéntrico y provocador”; y señaló que “le dije que cómo podían los yihadistas hacer ciertas cosas y me puse de abogado del diablo para ver las razones que les movían”.

Uno de los testimonios más reveladores de la jornada fue el de la exesposa de Fernández Aceña, que en su día le denunció por malos tratos y que cumplió condena por este motivo. En su declaración, precisó que antes de la separación, detectó en su marido “un cambio de actitud y de ideas” orientadas al radicalismo islámico, cristalizadas en la instalación de fotografías de Osama Bin Laden en la casa o expresiones de alegría por el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York.

También testificaron dos guardias civiles que integraron la investigación realizada durante meses sobre acusado, que señalaron que la decisión de detener al acusado se adoptó tras incrementar su actividad en redes sociales y constatar con conversaciones telefónicas su intención de inmolarse, evitando así que pudiera llevarlo a la realidad.

Los agentes aseguraron que el ‘modus operandi’ de Ferrnández Aceña era “el de un lobo solitario de libro”, y aseguraron que “vimos que podía pasar a la acción por el incremento en la búsqueda en internet sobre ataques suicidas y referencias como ‘Masacre en Segovia”

Del GAL a la Yihad

El historial delictivo de Daniel Fernández Aceña ha estado siempre vinculado a la violencia. Antes de ser detenido y acusado de adoctrinamiento yihadista, fue un sicario de l Grupo Antiterrorista de Liberación (GAL) condenado por el asesinato del ferroviario francés Jean Pierre Leiba en Hendaya en 1984 -al que confundieron con un integrante de ETA. El arrestado vivió un proceso de radicalización y terminó viajando a zonas de conflicto para abrazar la yihad, según las investigaciones desarrolladas por los responsables del servicio de Información y de la lucha antiterrorista de la Guardia Civil.

Daniel Fernández Aceña fue condenado por el asesinato del ferroviario, que  trabajaba en la misma empresa en la que estaba empleado Juan Carlos García Goena, fallecido en 1987 tras activarse una bomba en el coche que conducía en el que fue el último atentado de los GAL.

En 1999, Fernández Aceña admitió ante el entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón que había espiado a sospechosos de pertenecer a ETA en el sur de Francia y que sospechaba que esos datos pasaban después al servicio de información del Cuartel de la Guardia Civil en Intxaurrondo (San Sebastián), en la época en la que era dirigido por Enrique Rodríguez Galindo.

Natural de Irún, donde nació hace 58 años, había viajado a Afganistán, Siria y Palestina, “donde dijo haber estado dispuesto a cometer atentados suicidas si hubiera tenido la ocasión”, y jbía protagonizado un proceso de radicalización desde este verano, hasta el punto de que “tenía la determinación de cometer un atentado terrorista”.

Los investigadores, en coordinación con el Juzgado central número 3 de la Audiencia Nacional, consideran a Fernández Aceña como un individuo muy peligroso. De hecho, en su detención participó la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil, ya que no descartaban que pudiera tener acceso a armas de fuego.

El acusado se había autoadoctrinado “en el extremismo religioso de carácter yihadista, realizaba labores de difusión de propaganda del Estado Islámico y tenía la determinación de cometer un atentado terrorista”, según la investigación.

Su alto nivel de radicalización le llevó, presuntamente, a intentar conseguir los medios para cometer un atentado terrorista, “estando dispuesto a realizar acciones suicidas de carácter indiscriminado contra medios de transporte”. Así, entre la abundante documentación se encontró un manual para fabricar artefactos explosivos caseros.