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Daniel Fernández Aceña, en el banquillo durante la primera de las sesiones de la vista oral en la Audiencia Nacional./ EFE
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A buen seguro como estrategia de defensa, Daniel Fernández Aceña quiso aprovechar el alegato final concedido por la sala de la Audiencia Nacional en la vista oral que enjuicia sus posibles delitos de adoctrinamiento y enaltecimiento terrorista para dejar claro ante el tribunal su agnosticismo y su lejanía de cualquier doctrina radical islámica, y aunque reconoció su “curiosidad” por  conflictos como el de Afganistán o Chechenia, aseguró con contundencia que “a mi Siria me la suda”.

El juicio contra el exsicario del Gal que dirime la Audiencia Nacional quedó ayer visto para sentencia con las peticiones definitivas del fiscal de 10 años de prisión por los delitos de adoctrinamiento y enaltecimiento del terrorismo y de la defensa, que mantuvo la petición de libre absolución para su patrocinado.

La magistrada Manuela Fernández Prado cedió la palabra al acusado antes de concluir el juicio, y Fernández Aceña sacó un papel de su bolsillo en el que  para no perder detalle tenía apuntadas todas las precisiones y salvedades a los testimonios y pruebas periciales presentadas durante la causa. Los nervios hicieron que su alegato fuera atropellado en los minutos finales, pero en él quiso señalar que “no llevo una doble vida” . Así, rechazó las pruebas emanadas de la investigación policial que señalan su conversión al islamismo y su acercamiento al yihadismo radical e insistió ante el tribunal que “no soy de ninguna religión porque sus obligaciones me aburren” “Yo creo en todas las religiones y en ninguna”, aseguró ante el tribunal e ironizó con una de las intervenciones realizadas en la prueba testifical de la vista que aseguraba que no consumía carne de cerdo.”¿Qué yo no como cerdo? ¿En Segovia? –aseguraba Fernández Aceña- . Yo todo lo que como lo compro enlatado porque no sé cocinar y como callos, fabada y embutido”.

Asimismo, rechazó la validez del manifiesto manuscrito por él en el que  refrendaba su sumisión al Califato encontrado por la Guardia Civil y reiteró que los párrafos alusivos fueron copiados literalmente de un dialogo de la película ‘Red de mentiras’. Además, señaló que desconoce el idioma árabe y que las conversaciones que algunos testigos aseguraron que mantuvo por teléfono en otra lengua distinta al castellano “pudieron ser en euskera, que es un idioma que chapurreo y con el que a veces me relaciono con algunos amigos”.

Fernández Aceña reconoció su “curiosidad” por conocer algo más de la cultura musulmana, justificando así la documentación hallada en su casa sobre esta religión, pero aseguró que  “he leído el Corán al igual que la Torá (libro sagrado del judaísmo), la Biblia, ‘Camino’ de Escrivá de Balaguer o el Libro Rojo de Mao, porque leo todo lo que cae en mis manos menos el libro del nazi ese de ‘Mein Kampf’ (en referencia al líder nazi Adolf Hitler)”. Además, señaló que esa curiosidad le ha llevado también a informarse sobre los conflictos de Afganistán o Chechenia, pero aseguró que “a mi Siria me la suda”.

En las conclusiones definitivas, el fiscal del caso Carlos García Berro mantuvo su petición de diez años de prisión, y aseguró que en la vista oral queda probado la adhesión al yihadismo de Fernández Aceña, así como su proceso de autoadoctrinamiento que posteriormente le llevó a intentar captar adeptos a la causa.

García Berro indicó que la intensa actividad en redes sociales y la abundante documentación hallada en los distintos dispositivos informáticos pertenecientes al acusado buscan “la utilización práctica del adoctrinamiento”, y prueban además que es “un mercenario” al servicio del terrorismo islamista”.

Por su parte, el letrado José Luis Laso, abogado defensor de Fernández Aceña insistió en la libre absolución para Fernández Aceña, ya que no ha quedado suficientemente acreditado que difundiera mensajes de llamamiento expreso a la yihad en ningún soporte público, por lo que la instrucción se ha basado en “meras sospechas”. Además, criticó a los investigadores por “precipitarse” en la detención de Fernández Aceña ante el temor de que pudiera cometer un inminente hecho terrorista, y señaló que “no existe una prueba real ni unos hechos punibles y menos en un caso que se puede entender como casi anecdótico”.

Un manual de explosivos empleado por grupos terroristas

Las pruebas periciales expuestas ayer en la última de las dos sesiones de la vista oral dejaron al descubierto algunos inquietantes detalles de la personalidad del acusado y de su proceso de radicalización. A través de videoconferencias —una de ellas desde Segovia— los expertos de la Guardia Civil que intervinieron en la investigación desgranaron algunos aspectos de la investigación, como la abundante documentación encontrada en los dispositivos informáticos intervenidos al acusado, en su mayoría de carácter islamista radical, así como un manual para la fabricación casera de explosivos. Sobre este último, los peritos de la Guardia Civil señalaron que el manual contenía textos e indicaciones muy similares a las que se encuentran en los de grupos terroristas o antisistema actualmente operativos, y que sus instrcciones permiten “sin mayor problema” poder fabricar potentes artefactos destinados a la comisión de atentados.
En cuanto al uso informático de sus cuentas en redes sociales, los peritos señalaron que Fernández Aceña estaba “obsesionado con la seguridad” y disponía de aplicaciones y sistemas para el seguimiento, control y posterior borrado de sus mensajes y de su actividad en internet.

 

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