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En un mundo tan encorsetado como el taurino, un hombre camina libre y transparente. Opaco a los ejércitos que mecen la disputa de las grandes ferias y con la honra del que ha tocado el cielo de Madrid. Con dignidad, condición cabal de una época exigua de sensibilidad. Sin la necesidad de recorrerse el circuito de arriba a abajo y con la experiencia que otorgan los años. Un par de tandas de naturales le valen. Como aquellas con las que puso en pie a toda Las Ventas en otoño de 2010. A estas alturas nadie va a descubrir a Juan José Gutiérrez Mora (Plasencia, 1962), ‘Juan Mora‘ en su trayectoria; pero siempre se le espera como agua de mayo.

Aunque no enfundado en oro, los aficionados segovianos así aguardaron en la residencia juvenil Emperador Teodosio para recibir al diestro extremeño en la tercera de las conferencias del ciclo cultural de la peña ‘El Espontáneo‘ que llevó por título ‘al natural o en verso‘, en un acto moderado por Julián Agulla. Desde su entrada, impregnó la sala de torería y con sus primeras palabras destiló una personalidad acrisolada a golpe de maestría. Manantial de conocimientos y sabiduría. Un regalo a los oídos. El último romántico de los toreros en activo.

Su ilusión, sin haber aparcado su carrera, se mueve con la de su sobrino, Alejandro García Gutiérrez (Plasencia, 1996), ‘Alejandro Mora‘ en los carteles; mientras la del aficionado estriba en volver a ver el empaque que atesora, con una muleta en la mano izquierda. A su lado estuvo la joven promesa de la familia, rubio, de planta firme, maduro de ideas y con el semblante de ‘ahí va un torero‘. Esencia Mora. Recuperado de la cornada que sufrió en la Feria del Pilar de Zaragoza hace poco más de un mes, enfoca ya su próxima temporada en la que, si todo cauce sigue su curso, se perfila como uno de los nombres a sonar con fuerza en el escalafón de novilleros con picadores.

Juan Mora, con 35 años de alternativa a sus espaldas (Sevilla, 1983), repasó sus inicios de la mano de su progenitor, el que fuera empresario y novillero José GutiérrezMirabeleño‘, y explicó su criterio artístico y el que embelesa al toreo actual: “Me crié en un seno taurino y rápido sentí la llamada de la vocación. Cuando empezaba, mi padre me hablada de conceptos no de técnica. La técnica te lleva al dominio y con dominio puedes torear más toros, pero en el arte la perfección no es buena. Hoy vemos a los toreros muy rocosos, con una técnica muy depurada. Yo también he buscado la perfección, pero me he dado cuenta de cuanto más imperfecto es el toreo es más bello. Por eso el toreo es un sueño y, como el amor, hay que cuidarlo”.

En la recién finalizada campaña no sumó ninguna corrida. “Ahora mismo vivo el toreo como una filosofía y un tránsito de emociones. Esto es una carrera de fondo y hay vaivenes, sobre todo en el concepto que yo tengo. Hay que reconocerlo: soy un torero irregular. Ahora se torea menos y me parece bien. Sobre todo en toreros que llevamos tiempo”, comentó.

“Soñar con parar al toro sin que el toro esté parado es una meta”

“Mi búsqueda constante siempre ha sido el toreo eterno y no creo que lo pueda tocar algún día. El toreo bueno es a sorbidos pequeños. Nunca se acaba de aprender. El toreo eterno es a través de la despaciosidad”, prosiguió; y subrayó: “Soñar con parar al toro sin que el toro esté parado es una meta”.

Por otro lado, el experimentado diestro fue fuente para su sobrino. Así el propio Alejandro Mora: “Mis primeros pasos los di con él. Además decidí querer ser torero tras una tarde en la que toreó Juan en Pamplona en 2011 y recibió dos cornadas. Me impactó tanto que dije que quería ser torero. A pesar de ser una tarde muy dura para la familia, ver cómo se puso, tan de verdad, me llegó mucho”.

Tras su paso por la escuela de Salamanca, debutó con los del castoreño en la localidad francesa de Garlin con un lote de El Tajo y La Reina. Completo completar el curso con un total de tres novilladas, la de Cebada Gago en San Agustín de Guadalix y la Los Maños en Zaragoza, con un balance de seis orejas. En cuanto a su identidad, apuntó: “Cuando toreo es cuando más libre soy. Ahí me expreso lo que yo soy. Para mí el toreo son sensaciones, emociones, detalles…”. La piedra angular del 2019 volverá a ser Garlin donde ya está confirmado para el 14 de abril.