Salvatore Gatto y su 'Pulcinella', un clásico en el festival./KAMARERO
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Por San Isidro, titiriteros y agricultores miran al cielo con motivos diametralmente opuestos. Mientras los hombres del campo esperan que la lluvia se haga presente para impulsar o garantizar sus cosechas, los titiriteros confían en evitar los chubascos para que no arruinen su particular cosecha de sonrisas y aplausos que recogen en cada actuación. Así, el brusco cambio del tiempo en las últimas 36 horas que ha llevado a Segovia del sol y el calor primaveral al frío y la lluvia más propios del otoño, lo cual no suele ser una buena noticia para el Festival Titirimundi, que en sus 33 años de historia ha sufrido todo tipo de avatares meteorológicos.

Haciendo gala de su fortaleza, curtida en mil y un caminos, los títeres desafiaron al frío y la lluvia para poner en las calles, plazas y patios de la ciudad sus espectáculos, contando siempre con el apoyo de un público incondicional que cambió la manga corta por el abrigo para poder disfrutar del programa previsto a lo largo de la jornada de ayer.

Desde la organización, se expresaba la voluntad de no suspender ningún espectáculo, salvo que las condiciones fueran irremisiblemente insalvables, ya que el público también está dispuesto a asumir el riesgo y así lo demostró con su presencia a lo largo de los espectáculos que se desarrollaron a lo largo del día de ayer.

Pero las previsiones climatológicas mantendrán a lo largo de las próximas horas la incertidumbre sobre la llegada de la lluvia, y la dirección del festival cuenta con poner en marcha un plan B para trasladar los espectáculos a zonas cubiertas como soportales o atrios siempre que ello sea posible, con el fin de mantener el pulso y el ritmo de actuaciones de un intenso fin de semana.

La jornada de ayer contó entre otros con la presencia de relevantes artistas internacionales de la talla del italiano Salvatore Gatto, que trajo a Segovia su espectáculo ‘Pulcinella’, un clásico que lleva en Titirimundi casi desde los inicios del festival y que cuenta con el apoyo del público.

De igual modo, también sorprendió por su originalidad la divertida propuesta de Kraken Orchestra y su espectáculo ‘Systeme Paprika’, con un vehículo híbrido de propulsión ecológica y musical transporta por las calles a una orquesta sobrecargada de fantasía.

La emoción y la sensibilidad del checo Pavel Smid con ‘Un cuento del viento’ trajo al Palacio de Quintanar una historia que evoca la posibilidad de que el viento se detuviera por orden real, y el periplo para conseguir la emoción de la vida en movimiento.

Como siempre, los niños y jóvenes fueron los protagonistas de la mañana, y las escaleras de la plaza de San Martín se convirtieron en el auditorio perfecto para Di Filippo Marionette y sus títeres artesanales, así como para El Retablillo y su inmortal historia de Don Cristóbal, la esencia del festival.