En honor al humilde portero

El barrio de El Salvador celebró con gran animación la fiesta de San Alfonso Rodríguez, santo segoviano

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Con alegría, el barrio de El Salvador celebró ayer la fiesta del segoviano San Alfonso Rodríguez, del que este año se cumple el cuarto centenario de su muerte (1617), acaecida en Palma de Mallorca, donde pasó gran parte de su vida, sirviendo como humilde portero en una casa de la Compañía de Jesús.

Después de una intensa semana, en la que asociación ‘Amigos de San Alfonso’ organizó cuatro conferencias cuyo objetivo no era otro que acercar al público la vida y el pensamiento del santo, ayer llegó el ‘día grande’ de la función. Comenzó con una misa en la iglesia de El Salvador, presidida por el obispo, César Franco, quien en la homilía quiso destacar la “confianza total” de San Alfonso Rodríguez en Dios. Narró que, tras la muerte de su esposa y sus tres hijos, miró a lo alto, preguntando “Señor, ¿qué quieres que haga?”. Franco puso como ejemplo ese “vivir entregado a la voluntad de Dios” y más en el momento actual, donde a su entender “pesa la tentación de quedarse en lo superficial, en la apariencia, y olvidar lo esencial: la fe”.

Acabada la eucaristía, tomó la palabra el presidente de la asociación ‘Amigos de San Alfonso’, Jesús Isabel, quien tras agradecer su participación a los sacerdotes concelebrantes y a las autoridades —acudieron la concejala del Ayuntamiento de Segovia Marisa Delgado y el senador Juan Ramón Represa—, tuvo palabras de halago para el coro, que en esta ocasión contó con antiguos miembros del Grupo Parroquial Juvenil El Salvador. Por último, Isabel recordó con cariño a sus dos predecesores en el cargo, César Fernández y Félix Herrero, ambos fallecidos en el último año.

A continuación se desarrolló la animada procesión por las calles del barrio, con música de dulzaina y tamboril. El grupo de danzas ‘La Esteva’ se unió a la fiesta interpretando varias danzas a lo largo del recorrido. Las primeras, en la propia Plaza de El Salvador; más tarde, a la puerta de San Justo; y luego, junto a la casa donde nació San Alfonso Rodríguez, situada en la Plaza de Día Sanz.

En este último punto tomó la palabra el padre Julio, párroco de El Salvador, para rezar un breve responso y, seguidamente, asperjar con el hisopo agua bendita. Durante unos minutos, la imagen de San Alfonso Rodríguez permaneció ante el lugar de su cuna, donde se conserva una placa en memoria de tal efeméride. Con el canto del ‘himno a San Alfonso’ finalizó esta estación. “Gloria a ti, maestro de bondad / humilde servidor / Alfonso Rodríguez, amigo del Señor”.

Desde la Plaza de Día Sanz, la procesión se dirigió ya a El Salvador. Pero, antes de entrar en el templo, se procedió a la subasta de las andas. Ya dentro de la iglesia, se colocaron las llaves en las manos de la imagen y, después, se subió a su altar.

La función podía haber acabado ahí, pero no. La asociación ‘Amigos de San Alfonso’ repartió entre todos los presentes limonada elaborada por Eugenio Uñón (padre) —imprescindible en todas las fiestas de El Salvador— y los bollos popularmente denominados ‘alfonsines’.

Los componentes de mencionada entidad organizadora, que ayer reclamaron el relevo generacional para dar continuidad a la fiesta en honor de este santo, quisieron, ya de forma privada, proseguir con la diversión, juntándose en una comida de hermandad, en el restaurante ‘Casares’ y, más tarde, en San Justo, donde pusieron fin a la jornada con un chocolate.

Hoy, como último acto de la fiesta, tendrá lugar una misa (19,00 horas) por los fallecidos de la asociación ‘Amigos de San Alfonso’.