Miguel Ángel Barbado, delegado diocesano de Patrimonio.
Miguel Ángel Barbado, delegado diocesano de Patrimonio.
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Vivir unido al patrimonio religioso en una provincia como Segovia, donde otra cosa no tendremos pero eso… a montones, es sinónimo de ver pasar la vida sin un minuto de aburrimiento. Eso es lo que le ocurre a nuestro protagonista de hoy, Miguel Ángel Barbado, quien desde el siglo pasado (años 90) ha visto iglesias caídas a las que se debía volver a poner en pie, ha mantenido reuniones en despachos, embajadas, bancos… Y ha llevado una vida que, en principio, no se relaciona fácilmente con un alzacuello.

Ahora sigue en su despacho con una mesa que, como siempre, está llena de documentos y planos, mientras espera a su jubilación utilizando, en tono de broma, a los obispos que ha habido en Segovia desde que cantó misa en 1964, como unidad de medida… pues, cuando le preguntas por el tiempo que lleva en esta delegación contesta: “Cuatro obispos”. De sus historias, dificultades y de sus proyectos pendientes, ha hablado largo y tendido.

— ¿Para cuándo la jubilación?
— De hecho, ya tenía que estar jubilado por dos cosas: Por los 65 años (ya tengo 77) y, por la ley de los propios sacerdotes, que nos jubilamos a los 75. Cuando llegué a esta edad se lo hice saber al obispo y me dijo que siguiera… Y aquí estoy, hasta que él diga, estoy a sus órdenes, si mañana me dice ¡Se acabó!, pues se acabó… Pues, si quieres que sea sincero, ya va siendo uno mayor, y se nota.

— ¿Cuándo inició Miguel Ángel Barbado su camino en este cargo de delegado diocesano de Patrimonio?
— Empecé con don Antonio Palenzuela, él me puso y, llevo cuatro obispos. Canté misa en 1964 y no sé exactamente cuando comencé pero, alrededor de 1992. Luego, después de don Antonio, vino don Luis Gutiérrez, estuve todo el tiempo de don Luis, vino después don Ángel Rubio, estuve todo el tiempo de don Ángel y, ahora, el tiempo que llevo con don Cesar Franco. Y aquí estaré, hasta que él diga ¡se acabó!

— Para Miguel Ángel Barbado ¿cuál ha sido el periodo más complicado?
— La última etapa. Ha sido cuando hemos tenido más problemas, ha habido menos dinero.

— ¿Por la crisis?
— Sí, por la crisis. Antes teníamos más ayudas. Teníamos un convenio entre la Diputación, la Junta de Castilla y León y, el Obispado. Íbamos haciendo obras. La Junta o Fomento, lo dejó; la Diputación estuvo durante un tiempo que no… Ha sido la etapa más difícil porque hemos tenido los mismos problemas, cuando hay crisis parece que surgen más los problemas y, en los pueblos hay más necesidades y, sin embargo, es cuando hemos tenido menos dinero para poder ayudar.
En este tiempo, también ha habido una cosa buena, la participación de la gente, de los pueblos. También en Fomento estamos consiguiendo dinero que nos dan cuando vamos por allí.
En estos últimos tiempos se ha hecho la obra en la iglesia de Montejo de Arévalo, se ha terminado hace poco la de Moraleja de Cuellar… y ha sido con dinero de Fomento pero, no por convenio sino porque tenían ese dinero que les había sobrado de otras obras y nos lo han ofrecido. No ha sido por un convenio, que cuentas con ello y puedes programarte. En este caso te dicen: Tengo este dinero, ¿Te viene bien? Y…, claro que te viene fenómeno.
Y, como ya he comentado, el pueblo. Por ejemplo, en Montejo, el pueblo se ha volcado. Para la obra de este pueblo, Fomento nos dio 50 o 55 mil euros pero, eran más de 100 mil y, el pueblo, los vecinos de Montejo, han sido los que han recogido dinero…, también les hemos dado más desde el Obispado y, así se ha hecho la obra. Una obra que ha sido grande, había muchísimas goteras, estaba muy mal el tejado…

— ¿Queda mucho por hacer?
— Sí, queda mucho ¡Si vieras lo que tenemos ahí! (Señalando a un montón de papeles), te lo puede contar también el subdelegado diocesano de Patrimonio, Antonio Franco, más de un millón de euros tendríamos que tener para arreglar todos los problemas que tenemos en las iglesias pero, se van haciendo las que tienen más necesidad, hay alguna que todavía está cerrada al culto, precisamente por este problema, pero se va trabajando y, como digo, los pueblos se van responsabilizando más. Ellos sacan algo de dinero, lo trabajan, hacen rifas o cualquier otra cosa.

— No me extraña que el obispo le quiera en ese puesto. La experiencia es la madre de la ciencia y, tantos años… Porque imagino que para conseguir algo en este mundillo, hay que “lidiar mucho” ¿Cómo fueron sus inicios en este mundo del patrimonio?
— Como se dice: “Dios provee”. A mí me dieron Fuentemizarra, que está bastante lejos de Segovia y, por lo tanto, sería muy difícil…Pero, el que estaba entonces de delegado de Patrimonio, había tratado algo con él y, pidió al obispo que me hiciera ayudante suyo.
Aun estando en Fuentemizarra, trabajaba con el delegado de Patrimonio y, llegó un momento en el que él ya no podía más y, entonces, don Antonio Palenzuela, me dijo que me quedara yo con la delegación. Luego vino don Luis Gutiérrez y me pasó algo parecido. Estaba solo y don Luis me preguntó si había alguna persona que pudiera ayudar y, Antonio, que es un técnico estupendo, ha estado trabajando porque yo solo, no hubiera podido.

— En todos estos años recuerda alguna negociación que por el asunto o el con quién resultara imposible?
— (Risas) Malos ratos siempre te llevas. A veces vas a tratar con algún alcalde y, a lo mejor… Pero, yo no he tenido problemas muy grandes, he tratado por todos los medios de llevarme bien con toda la gente. No he mirado ni partidos ni nada, solo a las personas.

— Algún conflicto especial… Por ejemplo, las inmatriculaciones, que han levantado tanta polémica en los últimos tiempos ¿En Segovia hay algún problema de este tipo?
— Yo ese tema no lo llevo. El vicario general, el señor obispo… Son los que han hecho las inmatriculaciones generalmente pero no, no he tenido mayores problemas. Ya sabes que hay una guerra contra la Iglesia por las inmatriculaciones, dicen que si nos estamos llevando “no sé que”… Aquí, en Segovia, no nos estamos llevando nada. Si en otros sitios se están llevando algo, no lo sé pero, lo que nos dicen desde la Conferencia Episcopal es que “lo que no sea nuestro, que no lo toquemos y, lo que sea nuestro, que lo defendamos” y, nos referimos a “nuestro” pero no desde un punto de vista personal. Es la Iglesia, es la comunidad, es del pueblo cristiano, si es una iglesia, o es una ermita, la ermita se va a quedar en el pueblo y la van a usar los cristianos. Lo que sí que defendemos es que está hecho para el culto, para los cristianos, no para que se pueda utilizar como un baile o…No lo vamos a robar.

— ¿Algún caso en Segovia?
— Alguno. Casos que vienen de desamortizaciones y “cosas de estas”: Que si es del Ayuntamiento, que si es del pueblo y, volvemos a lo mismo, de lo que se trata es de que sea de todos. Por poner un ejemplo, te lo digo de mi pueblo, Santa María la Real de Nieva, pusieron un cartel en el claustro que decía “El Claustro es del Pueblo” y yo, estoy totalmente de acuerdo. Es del pueblo cristiano, no es propiedad de nadie particular. Está adosado a la iglesia y… Que se puede llegar a un acuerdo, pues se podrá llegar. Eso lo están haciendo el vicario general y demás…

— Dentro del apartado de patrimonio ¿Dónde se ha hecho mejor o peor? ¿Dónde habéis recibido más ayuda? Esta es una ciudad patrimonio, está en una provincia con mucho patrimonio… ¿Ha sentido en alguna ocasión que no se ayudaba lo suficiente?
— Yo, con la Junta de Castilla y León he tenido siempre buena relación, tanto con el director general como con la jefa de servicio o el delegado territorial, con el que me llevo perfectamente pero, que en algunos momentos, a lo mejor hubiéramos querido que hubieran hecho más… pero, también hay que ver que es todo Castilla y León, que es muy grande y tiene muchísimos monumentos.
No me he llevado mal con ninguno y he tratado de hacer “lo posible” para mi tierra. No he tenido demasiados problemas ni con la Junta ni con nadie, nos hemos llevado fenomenal. De las delegaciones de Patrimonio de Castilla y León, y lo sé porque soy vicepresidente de la Comisión Mixta, no sé si te puedo decir que es la mejor pero, una de las mejores es Segovia.

— Con la Catedral se ha hecho mucho en los últimos años…
— Sí, mucho. Pero, ya sabes que la gente protesta: ¡Hombre, es que cobran por entrar en la Catedral! ¿Por qué me tiene que cobrar? ¡Los curas cobrando!… y ¡Va a venir Jesús con un látigo y os va a echar!…Todo esto lo han estado sufriendo las chicas que están allí pero, gracias a eso, se ha hecho todo lo que se ha hecho: Capillas que se han restaurado, las vidrieras que se están restaurando fenomenalmente por una persona que es todo un maestro, los tejados… Ahora se va a ampliar el museo, se va a hacer la parte de abajo del museo y… Todo eso es dinero y, la Junta sí que ha ayudado pero, mucho más ha puesto la Catedral y ha sido gracias a cobrar las entradas.

— Antes de que el obispo le llame y le diga ¡A descansar! ¿Qué le gustaría hacer? ¿Hay algo que quede pendiente?
— El Palacio Episcopal… Me gustaría que quedara bien, que fuera algo importante. De este palacio se quiso hacer, siendo obispo don Luis, algo sobre las distintas religiones, sobre las distintas culturas. Estuvimos yendo a todas las embajadas en Madrid: La de Alemania, Arabia Saudí… pero, hubo algún problema, a alguien no le pareció bien y, el obispo dijo “lo vamos a dejar” y, se paró aquello.
Después, Silvia Clemente tenía el proyecto de haber creado allí el museo del Mundo Romano, un proyecto estupendo pero, dio la casualidad de que ella pasó a otra consejería y, la nueva consejera, lo paralizó todo.
Después, el Museo Thyssen, tenía obras guardadas en los almacenes y, quería hacer una sucursal y nos dijeron que podía ser aquí, en Segovia. Vino la ministra que ahora es la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo y, alguien de las autoridades de aquí le dijo, al pasar por el palacio: “Aquí vamos a traer el Thyssen” y, se lo llevó a Andalucía. Han sido un montón de avatares. Y, no sé, tanto hemos estado metidos en ello que ya queremos que se vea un resultado, que aquello sirva para algo positivo…
Ahora estamos con el proyecto del Museo de Orfebrería, estamos a ver si se hace, si cuaja y cómo resulta. La idea es muy buena pero estamos luchando con los pueblos porque pasa lo mismo que se comentaba antes, la gente de los pueblos no quiere que sus objetos de plata de las iglesias se lleven al museo “porque se quedan con ello” y, no es así.
Lo que se está haciendo es traer lo que no se usa ordinariamente como cruces, custodias, cálices (que solo salen el día de la fiesta) y, por seguridad. Si se quiere traer aquí, sigue siendo del pueblo, con un convenio firmado.

— ¿Para cuándo estará todo preparado?
— No lo sé… Quizá en noviembre o diciembre de este año. Las obras van bien pero, no es lo mismo un edificio nuevo en el que si dices, “va a tardar 3 meses”, es lo que tardas, a uno tan antiguo que no sabes lo que te vas a encontrar.

— Los objetos de plata que ya les van dando para el museo… ¿Hay muchísimo, no?
— Sí pero, no nos los han dejado en todos los pueblos. Hemos traído lo que nos han ido dando y, hemos dicho que si quieren traerlo y dejarlo como seguridad, lo pueden hacer, si traen una cruz, por poner un ejemplo y, el día de la fiesta se la quieren llevar para utilizarla, lo pueden hacer y, también, si en algún momento se la quieren llevar definitivamente, se les va a respetar. Además, los objetos que traen se les están restaurando.

— Algo así ocurrió con la cruz de plata de El Muyo, que fue imagen de una de las exposiciones de las Edades del Hombre…

— Es lo que está pasando y es lo que no queremos que pase. En El Muyo, esa cruz, está en la casa de un particular, que la tiene metida debajo de la cama en una caja. En El Muyo viven ahora 2 familias (hace poco hemos ido porque se ha restaurado un retablo precioso que tienen). El problema es que este hombre vive solo y se la pueden robar.
Cuando fuimos a recoger esta cruz para llevarla al Burgo de Osma, cuando hicieron una recopilación de todas las exposiciones de Las Edades del Hombre que se habían hecho, una de las piezas que se llevó fue esta cruz por su papel de imagen de la exposición de Segovia y, tuvimos que ir con la Guardia Civil (1 coche de paisano y otro oficial), porque no nos la daba y, salió con una escopeta.