El 'Yacente' en un momento de la procesión. /NEREA LLORENTE
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El cincel de Gregorio Fernández plasmó en el rostro de Cristo, entreabiertos los ojos y con su boca exhalando el último suspiro de vida,  el dramatismo del sufrimiento de un hombre que entregó su vida por todos los hombres. La escultura surgida del talento del imaginero castellano hace casi cuatro siglos es uno de los emblemas de la Semana Santa Segoviana y el eje central de la devoción de la Feligresía de San Andrés, que hace 40 años decidió acompañar a este paso para incorporarlo a la Procesión de los Pasos del Viernes Santo.

Para conmemorar esta efeméride, el barrio de San Andrés y miles de segovianos tomaron parte en la procesión extraordinaria organizada por la feligresía, que se convirtió en una espléndida manifestación de devoción popular en un ambiente de recogimiento y oración para acompañar a la imagen de la que María Zambrano aseguraba representar “la divinidad o verdad superior que solo bastaba con que descendiera para convencernos”.

Partiendo desde la Catedral –donde se conserva la imagen del Cristo Yacente-, la procesión realizó un intenso recorrido por las calles del centro histórico de la capital, pasando por la Plaza Mayor, calle de San Frutos, Barrionuevo, Martínez Campos, plazuela del Socorro, Ronda de Juan II, plaza de Juan Guas, y subiendo por la calle Daoiz para llegar a la iglesia de San Andrés, donde concluyó la procesión. La banda de tambores ‘El Cirineo’ que acompaña a la feligresía habitualmente puso el contrapunto emotivo con su acompasada percusión.EL ‘yACEN