Elisa Yagüe – Nido fantasma

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El año pasado una pareja de golondrinas hizo un nido y criaron en un lugar bastante atípico. Aunque este año el nido ya no está, pues el lugar ha recuperado su uso habitual, las golondrinas han regresado. Todos los días las aves visitan el espacio que ocupara su casa y marchan, tal vez sorprendidas, sin encontrar el nido que su querencia sitúa en un espacio ahora vacío.

El nido fantasma fue primero nido abandonado y vacío. Tan vacío como las viejas casas vacías que esperan en todos los pueblos -también en el nuestro- una visita siempre retrasada, una fantástica y moderna reforma o una venta que no se decide. Y mientras tanto la casa languidece, la calle languidece y el pueblo pierde vivacidad y pulso. Quizás confundimos espacio con tiempo: porque aunque volvamos a un lugar, no volvemos al tiempo de nuestros recuerdos, pues no será ya el nido en el que crecimos. Entre sus paredes no estarán los que amamos entonces, los que todavía amamos ahora. (Pero sí están en nuestra memoria y en lo que somos.)

En la persistente actitud de las golondrinas reconozco el mismo anhelo humano de volver al nido –esta vez metafórico- a través de acciones y costumbres que aprendimos durante la infancia. Tal vez la tradición o algunas de nuestras más profundas creencias están fundamentadas en esa búsqueda del nido vacío que ya no está. Y sin embargo, en el titánico empeño de recuperar la felicidad perdida, dejamos marchar el momento presente por no adaptarnos a las nuevas circunstancias. (¿Criarán este año las golondrinas?). Resulta casi irónico recordar que fue la capacidad de adaptación la que nos hizo triunfar como especie para desgracia de las otras. Bueno, eso y el trabajo para el grupo: porque si el grupo ganaba, cada uno de sus componentes también lo hacía. ¿Lo recordamos ahora?