Hito. / FOTO: JORGE HERRERO
Hito. / FOTO: JORGE HERRERO
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En 2017 se publicó en el BOE el Real Decreto 385, por el que se declaró la Trashumancia como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España.

La provincia de Segovia es rica en presencia de vías pecuarias, siendo atravesada por 3 cañadas reales. La Cañada Real Leonesa Oriental transita por lugares como Coca, Villacastín y Campo Azálvaro. Por otra parte, la Cañada Real Segoviana recorre zonas como, Honrubia de la Cuesta, Cerezo de Abajo o Fresno de la Fuente. Por último, la Cañada Real Soriana Occidental pasa por nuestra provincia en un trazado cercano a la carretera nacional 110, a través de términos como Riaza, Navafría y Otero de Herreros.

La Ley Estatal 3/95 de Vías Pecuarias, caracteriza a estas vías como itinerarios a través de los cuales se ha dado de modo tradicional el tránsito ganadero por toda la geografía nacional, siendo bienes de dominio público de las comunidades autónomas.

Se establecen 3 tipologías: las cañadas, cuya anchura no excede de las 90 varas castellanas (75,22 metros) y cruzan varias provincias; los cordeles, que no superan las 45 varas castellanas (37,61 metros) y desembocan en cañadas o atraviesan dos provincias limítrofes, y las veredas, con anchura no superior a 25 varas castellanas (20,89 metros) y comunican comarcan entre sí. Aun por debajo encontramos las coladas, de anchura indeterminada y que median entre varias fincas de un mismo término municipal.

Sin embargo, existen otras modalidades de vías pecuarias. Algunas de ellas constituyen áreas para que el ganado pueda beber, es decir, abrevaderos (ya sean pilones o bien zonas próximas a cursos de agua). Otras son espacios para el descanso, como reposaderos o descansaderos y majadas. Son ensanchamientos en donde los rebaños pueden descansar o pasar la noche. Las majadas incluyen habitualmente refugios para los pastores, además de cobertizos para el ganado, a menudo rodeados de una cerca a modo de corral. Suelen hallarse allí donde hay abundancia de agua y alimento en forma de pasto.

Según datos de la consejería de Medio Ambiente, en la provincia de Segovia existen 688,6 km de cañadas, 725,12 km de cordeles, 556,46 km de veredas y 419,66 km de coladas. Del mismo modo, están inventariadas 63,29 hectáreas de descansaderos y 170,59 hectáreas de parcelas dedicadas a majadas.

Los elementos complementarios

Los usos ganaderos no sólo requieren de la existencia de la vía pecuaria en sí misma, sino también de todo un conjunto de elementos complementarios que ejercen distintas funciones para rebaños y pastores. Estas estructuras poseen un gran valor cultural. Enumeraremos y reseñaremos algunas de sus manifestaciones en nuestra provincia.

1. Mojones
También llamados hitos, son bloques de piedra que sirven para delimitar el límite de la vía pecuaria.

Un término derivado es el amojonamiento. Estas vías han sufrido históricamente muchas ocupaciones de su espacio para otros usos (afecciones). Ello, unido al incremento de su interés histórico-cultural y turístico, ha propiciado que las administraciones públicas hayan acometido la clarificación y determinación de sus límites. Esa operación se denomina deslinde, y es fundamental para la recuperación real de nuestro trazado pastoril.

Finalizado dicho deslinde, la operación inmediatamente posterior es el amojonamiento, en el cual se señalizan sobre el terreno de modo permanente los límites establecidos para la vía, a través de dichas piedras o mojones.

2. Contaderos
Son siempre lugares estrechos donde el pastor aprovecha que las reses tienen que estar muy juntas, a menudo en fila, para comprobar que no falta ninguna.

A veces los contaderos son partes de tapiales, pero construidos en bloques separados, en forma de almenas, de modo que se obliga a pasar al ganado por el medio.

En otras ocasiones se aprovechan lugares de paso algo más lento y más en fila, como vados de río o puentes para cruzarlos, o incluso los puertos o collados; allí donde la orografía se hace más dura el ganado podía adoptar una forma algo más alargada.

En la provincia hay varios ejemplos, como el Puente de las Merinas, cerca del embalse del Pontón Alto. Le debe su nombre a la raza ovina que lo utilizaba para cruzar las aguas del Eresma. Además de superar el río, servía de contadero del número de cabezas de ganado que por él transitaban, con el fin de recaudar los impuestos pertinentes. Debido a la construcción de la presa del embalse, el puente fue desmontado piedra a piedra y reconstruido fielmente en su ubicación actual. Existen más ejemplos, como el puente contadero de Coca, o el de Campo Azálvaro.

3. Casas de esquileo
Son edificaciones que albergaban junto con el ganado (confinado en encerraderos o corrales) a pastores, velloneros, esquiladores y demás. En nuestra provincia se encuentran, entre otras, el esquileo del Marqués de Perales, en El Espinar, del que se conservan muros y fachada, el de Ortigosa del Monte, del que se conserva la portada, o el de Iturbieta, en Revenga, del que apenas se conservan muros.

De las numerosas casas de esquileo que se construyeron en Segovia (llegaron a existir 17), la única que se mantiene en pie es la situada en Cabanillas del Monte; de ahí su singular importancia.

4. Lavaderos de lanas
Otra labor industrial tras el esquileo era el lavado de las lanas para que pudiera ser cardada e hilada. Dado que era en su mayor parte exportada, lo adecuado era someterla a lavado “in situ”, pues al lavarla se reducía su peso, ahorrando costes de transporte.

No todas las casas de esquileo disponían de lavadero, estando a veces en edificios separados, y precisaban de condiciones particulares. Se construían cerca de focos importantes de agua, a las afueras de las poblaciones, con precaución hacia la salud pública y la potabilidad de las aguas.

En nuestra provincia han quedado muy pocos restos. Según reseña la arquitecta Luisa Herranz Durández “en Villacastín apenas se conservan dos estanques con paredes de piedra; en el de Navas de Riofrío se mantiene un pequeño charco; del anejo al esquileo de Alfaro quedan cuatro charcones y alguna pared. De los lavaderos de Zamarramala apenas quedan vestigios, pero sí documentación: aún funcionaban en 1861”.

En definitiva, parece evidente la necesidad de poner en valor nuestro patrimonio asociado a la Red de Vías Pecuarias. Su innegable proyección (cada vez existen más practicantes de senderismo y ciclismo asociados a estos recorridos) hacia un potencial turismo de calidad podría suponer un elemento que contribuyese a generar nuevos recursos para nuestro territorio.

Para saber más:
– Luisa Herranz Durández (2017). Arquitectura de la Industria Lanera en España. Casas de esquileo y Lavaderos de Lana. Universidad Politécnica de Madrid.
– Ministerio de Medio Ambiente (2012). Libro Blanco de la Trashumancia en España.
– Ángel García Sanz (2001). Antiguos Esquileos y Lavaderos de Lana en Segovia. Real Academia de San Quirce.

(*) Jorge Herrero García es Ingeniero de Montes. Licenciado en Antropología. Profesor-tutor del Centro Asociado de la UNED en Segovia.