El secreto de la pirámide de San Millán

El proyecto de urbanización del polígono de viviendas de protección oficial incluía en 1979 la conversión en escultura de la roca conocida como Peña del Gato

“En la zona Oeste del polígono, donde emerge actualmente una roca denominada la Peña del Gato, con una altura aproximada de 5 metros, se utilizará esta como hito significativo para lo cual y durante la ejecución de las obras se readaptará, consolidando algunas de las rocas que la conforman, eliminando otras, poniendo escaleras que permitan acceder a ella por diferentes sitios, haciendo de ella un elemento aparte escultórico y significativo, usable”. El Adelantado de Segovia recogía el 7 de noviembre de 1979 las características principales del proyecto de urbanización del polígono de viviendas de protección oficial del barrio de San Millán, un conjunto residencial largamente esperado por los vecinos de la ciudad que tuvo que solventar no pocos problemas. Entre las intervenciones en los espacios públicos se apuntaba a esta solución inicialmente prevista para reutilizar una roca de grandes dimensiones. Sin embargo, entre lo recogido en el plan parcial a propósito y la pirámide resultante, fea y gris, hay poco parecido.
La historia de este polígono residencial comienza en los planes del Instituto Nacional de la Vivienda —del entonces Ministerio de Obras Públicas— de 1956 y 1957 que derivaron en la encomienda a la Gerencia de Urbanización —más adelante Instituto Nacional de Urbanización— de la redacción del proyecto de expropiación, plan parcial, proyectos de urbanización y gestión del expediente expropiatorio para la formación del Polígono San Millán. La delimitación del mismo se aprobó el día de San Frutos de 1961, el plan parcial se sometió a información pública en junio de 1962 y no fue aprobado hasta febrero de 1963 por la Comisión Central de Urbanismo. Los proyectos de urbanización relativos a pavimentación y abastecimiento y saneamiento de agua se aprobaron en marzo de ese mismo año y el de electricidad en junio. Posteriormente, el Instituto Nacional de la Vivienda reformó el proyecto para adaptarlo al nuevo Plan Nacional de Vivienda. No fue hasta 1972 cuando se redactó el plano con las correspondientes parcelas y las células, actualizando y adaptando el proyecto a la realidad urbanística de ese momento en la ciudad.
Mientras tanto, los segovianos habían ido recibiendo a través de los medios de comunicación (El Adelantado y Radio Segovia básicamente) noticias como la de 1961 anunciando la construcción de 350 viviendas en el citado polígono. Un año después supieron que se proyectaban edificios de tres y cuatro plantas y amplios espacios abiertos, así como cuerpos de una sola planta destinados a talleres artesanales, garajes, bares, supermercados e incluso un cine, según las informaciones difundidas en ese momento. El Ayuntamiento sugirió que se construyesen más viviendas de las proyectadas —la demanda era mucha en aquel momento— elevando una planta más por bloque. Se habló así de hasta 400 viviendas y 1.500 habitantes. Se ultimaban entonces las expropiaciones de una primera fase pero no se volvió a saber más hasta 1968, cuando la Obra Sindical del Hogar autorizó la construcción de las 98 primeras viviendas, adjudicando su construcción por 22,8 millones de pe setas, y finalizandose las mismas en 1971, aunque no fue hasta marzo de 1973 cuando se adjudican a la sociedad Pérez Pla Hermanos.
DESPERFECTOS En 1978, al definir la reurbanización de espacios públicos (jardines, plazas de aparcamiento, escuela, etc.) se alcanzaba una ejecución del 84% de las viviendas previstas en 1972 (200 de 230). Pero las casas no llegaban a las familias segovianas y, debido al tiempo transcurrido, hubo que reparar desperfectos a lo largo de 1979 sobre todo, por lo que no fue hasta septiembre de 1980 cuando se informó por fin de que “las viviendas de San Millán podrían ser habitadas”.
De morería a barrio de las brujas
San Millán forma parte de la ciudad vieja, la declarada por la UNESCO Patrimonio Mundial aunque, con la excepción de su esplendida iglesia románica y una pequeña parte del caserío diseminado por la calle de Santo Domingo y otras pequeñas vías en torno al templo, la bajada del Carmen y la plaza de la Tierra, se trata de una barriada en casi continuo estado de degradación urbana, cuyo epicentro ha sido precisamente el polígono de viviendas de protección oficial construido en los años setenta del siglo pasado.
Se sabe que en San Millán estuvo la antigua morería de la ciudad y que en la época de mayor pujanza de Segovia, siglo XV, tenía hermosas huertas regadas con el agua del arroyo Clamores, soterrado en el siglo XIX, y viviendas para pelaires empleados en las fábricas de paños o en tenerías (al igual que en otros arrabales históricos), así como tejares, alfarerías y otros talleres artesanos.
Cuenta don Mariano Saez y Romero en su libro sobre ‘Las Calles de Segovia’ (1918) que San Millán era conocido literariamente con el mote de ‘Barrio de las Brujas’, “en recuerdo de las escuálidas y zancudas viejas de la barriada que en tiempos de leyendas acudían envueltas con sus negras ropas redondas a la románica iglesia, y allí se cobijaban a las primeras horas de la noche y se adormecían al agudo son de la campana parroquial”.

FuenteGonzalo Ayuso 
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