El maquinista, único imputado por el accidente del Alvia de Santiago

Más de un año después de hacerse con la causa, Andrés Lago Louro da un paso clave con vistas a que la Audiencia Provincial de A Coruña fije la fecha para la celebración del juicio

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El juez Andrés Lago Louro, que heredó la instrucción del caso del accidente del tren Alvia el 24 de julio de 2013 en el barrio compostelano de Angrois de manos de Luis Aláez, decidió cerrarlo con el maquinista como único imputado, al que atribuye 80 delitos de homicidio por “imprudencia grave profesional” y 144 de lesiones.

De esta forma, algo más de un año después de hacerse con la causa y con escasas diligencias a sus espaldas —llamó a los tres peritos judiciales para ratificar sus informes casi seis meses después de que estos los entregaran— , el magistrado da un paso clave con vistas a que la Audiencia Provincial de A Coruña fije fecha para el juicio oral de uno de los siniestros ferroviarios más graves de la democracia española.

Con todo, el auto, de procedimiento abreviado y que ya fue trasladado este miércoles a las partes, podrá ser recurrido en el plazo de tres días, mediante recurso de reforma, y en cinco si es con recurso de apelación. En la primera etapa de la instrucción, Aláez imputó hasta en dos ocasiones a exaltos cargos de Adif, el administrador de infraestructuras ferroviarias, encargado de velar por la seguridad en las vías. Sin embargo, la Audiencia Provincial levantó las imputaciones.

El juez admitió como “evidente” que la seguridad de la vía en la que se produjo el descarrilamiento en la víspera del Día de Galicia de hace dos años “podía ser mejor”. Sin embargo, alegó que “no existe elemento alguno que permita atribuir causalmente siempre desde el punto de vista penal la génesis del accidente a la ausencia de ERTMS». «No existe ninguna disposición normativa que impusiere como obligatorio tal sistema de seguridad», afirma, recordando lo dicho por la Audiencia en su día en 2014.

Así, sostiene en reiteradas ocasiones en el texto que «la causa directa, inmediata, y que decididamente ha desencadenado el desgraciado accidente» fue «el exceso de velocidad”. Del maquinista reconoció que no se le podía “reprochar que hubiera atendido” la llamada que le provocó conducir despistado a escasos kilómetros de la estación de la capital gallega, ya que esta la había realizado el interventor, que es el que avisa de “cualquier incidencia”.

Sobre los “posibles defectos de señalización”, apuntó que los informes de parte determinaban que “carecen de relevancia causal alguna en la génesis del presente siniestro. Al margen del mayor o menor acierto a la hora de colocar las señales en la vía, existía en la vía señalización más que suficiente para que un maquinista medianamente diligente pudiera apercibirse de la proximidad de la estación de Santiago y, por tanto, de la necesidad de reducir la velocidad», valoró el juez. Asimismo, en referencia al sistema de seguridad de la vía aseguró que era deber del maquinista conocer sus limitaciones.