El diálogo visual de dos pintores afines

La ‘El Camino del Color’, inaugurada ayer, invita a descubrir los puntos de encuentro entre Esteban Vicente y Ràfols-Casamada

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El pintor nacido en Turégano, Esteban Vicente (1903- 2001), uno de los principales exponentes del expresionismo abstracto americano, era bastante parco en elogios. Quienes conocían de su personalidad, les llamó la atención como el artista, que emigró a Estados Unidos en 1936, valoró con encendidos adjetivos un cuadro de Albert Ràfols-Casamada (1923-2009), una de las figuras principales de la abstracción lírica española.

El propio pintor y poeta catalán dijo de la pintura de Esteban Vicente que era “ante todo gozo, placer de pintar, vitalidad plena. Sus gamas son luminosas, de una intensa vibración cromática”. En el año 2001, año que en falle Esteban Vicente, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó un homenaje con la exposición ‘Esteban Vicente en Silos’. Para aquella ocasión, Ràfols-Casamada realizó un ensayo sobre la obra del pintor tureganense y le dedicó un poema titulado ‘Suite cromática de Esteban Vicente’.

“Existía un admiración mutua”, explicó ayer el escritor y crítico de arte José María Parreño, comisario de la exposición ‘El Camino del Color’, inaugurada ayer en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, y que reúne obras de ambos pintores. “Más allá del aparente parecido visual de sus creaciones”, la relación entre ambos parte de una serie de “afinidades”, entre ellas, la de confesarse influenciados por Matisse y apostar por el uso del color; una elección que, en el caso de Ràfols-Casamada, supuso, en la década de los 50 y 60, ir contra corriente de la abstracción europea y, concretamente, de la española, que era “más bien lúgubre y tenebrosa”, aseguró Parreño, que fuera director y subdirector, en diferentes etapas, del espacio museístico segoviano.

Parreño estuvo acompañado por el presidente del patronato del Museo, Francisco Vázquez, y del director-gerente del espacio museístico, Luis Miguel del Pozo, que tomó la palabra para dar lectura a un escrito, remitido por la directora conservadora del Museo, Ana Doldán, de baja por maternidad, en el que agradeció el trabajo de Parreño por su ‘acertada selección de las obras’, el “maravilloso texto” del catálogo y en un “cuidado diseño del montaje expositivo”.

Para este ‘doble homenaje’, el comisario ha seleccionado 29 obras, 19 de Esteban Vicente y 10 del artista catalán. Procedentes de las colecciones del Museo Nacional de Arte Reina Sofía (Madrid), de la Fundació Fran Daurel (Barcelona), de la galería Joan Prats así como de algunas colecciones particulares de Segovia, que abarcan desde los años de 1960 a 2003. Se enfrentan a otras tantas obras de Esteban Vicente (y al conjunto de la colección del Museo que se exhibe en las salas 3, 4 y 5), “de modo que el espectador pueda por sí mismo establecer comparaciones”, apuntó Parreño. En un guiño a la faceta poética de Ràfols-Casamada, el Museo exhibirá en la planta baja el libro de arista ‘A mis Soledades voy, de mis Soledades vengo’, donado por la galerista Elvira González. En la sala 3 se muestran los collages de Esteban Vicente en su evolución de los años 50 hasta los 90. La sala 4 está dedicada a los dibujos producidos desde los años 60 hasta los 90; y en la sala 5 puede contemplarse una selección de pinturas realizadas entre los años 50 hasta los años 80.

Afinidades Parreño apuntó que Esteban Vicente y Ráfols-Casamada fueron dos pintores dedicados a tiempo completo a la pintura; que también fueron profesores de arte; que apostaron por la abstracción, pero con un ‘atisbo’ de figuración en su pintura; que básicamente utilizaron el pincel y el lienzo, aunque también tuvieron una etapa de creación de collages y pequeñas esculturas.

Además de su apuesta por el color, en una época donde esto era “inusual”, y su “punto de unión” en su admiración por Matisse y su implicación por el expresionismo abstracto americano, ambos fueron maestros en “la creación de profundidad, de espacios ilusorios, gracias al color, algo que es poco habitual. En este sentido, Parreño invitó a visitar la muestra para participar de la obra de ambos y descubrir esos “diálogos visuales” entre dos genios de la pintura que tenían no pocas afinidades.