Edificio en ruinas con fachada a la plaza de San Justo, en un solar que da también a la calle Alamillo. / E. A.
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El Salvador es un barrio histórico, uno de los arrabales o barrios extramuros de la ciudad medieval, que creció al amparo de la próspera industria pañera de Segovia. Hoy en día, cuenta con algo menos de 2.000 habitantes, según estimaciones de la Asociación de Vecinos, donde aclaran la dificultad para saber el número de residentes, teniendo en cuenta que a parte del caserío de la zona más céntrica, tan próxima al Acueducto que reivindican como propia la plaza de la Artillería, sus límites se extienden hacia puntos como la calle del Coronel Rexach, la plazuela de la Resolana (en la calle de Gascos), la calle de San Gabriel o la Urbanización Los Castillos.

Mª Luz Merinero, vicepresidenta de la Asociación de Vecinos ‘Justo y Pastor’, tiene claro que si algo caracteriza al barrio en este momento es que tiene una población envejecida, cada vez más, aunque admite que es un problema general, quizá acentuado en el casco histórico de la ciudad.

“El 96% es gente mayor, hay muy pocos jóvenes y niños y se nota en las fiestas del barrio, porque si organizamos alguna actividad vienen seis u ocho”, comentan junto a ella el tesorero y uno de los vocales de la directiva asociativa, José María Gonzalo y Antonio Carreras, respectivamente.

Esta es sin duda una de las causas de la falta de dinamismo, de actividad económica, que se aprecia por ejemplo en que solo hay tres bares o establecimientos de hostelería —sin contar los de la plaza de la Artillería—, menos del doble de los existentes hace unos años.

Lo mismo ocurre con el comercio de proximidad, apenas una carnicería, una tienda de ultramarinos y una pescadería “sobreviven gracias a que la gente mayor no puede desplazarse en muchos casos a una gran superficie comercial”, explican desde el colectivo vecinal.

Además de formar una comunidad envejecida, es evidente el estado de ruina de varios edificios del barrio, en su mayoría con algún tipo de protección. Es el caso de un inmueble de gran superficie situado a pocos metros de la iglesia románica de San Justo, del que apenas queda la fachada, pero en la misma plaza de El Salvador hay otro abandonado con la cubierta en mal estado y en la parte baja de la calle Ochoa Ondátegui y en la calle de San Alfonso Rodríguez, a escasos metros del Acueducto, se encuentran otras casas y caserones en pésimo estado de conservación.

Hay también en este último punto alguna casa en proceso de rehabilitación y en dos de las calles más características del barrio, de la Cañuelos y la de Almira, ambas paralelas al trazado del monumento romano, sí se ha producido en las últimas décadas una importante labor rehabilitadora.

Área de rehabilitación

La presidenta de la asociación de vecinos comenta que hace tiempo algunos vecinos aplazaron intervenciones porque desde el Gobierno municipal se anunció la puesta en marcha de un ARI (área de rehabilitación integral). De hecho El Salvador ha estado mucho tiempo en la parrilla de salida de la Concejalía de Patrimonio Histórico como potencial beneficiario de las ayudas ligadas a este tipo de programas.

Así, en marzo de 2011 la Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento aprobó la memoria del proyecto de delimitación del Área de Rehabilitación de Acueducto-San Justo-El Salvador, con un presupuesto de 7.728.449 euros, para un conjunto de 315 viviendas.

Todo indica que el desarrollo del pasado Plan estatal de Vivienda pero sobre todo la lenta tramitación del Plan Especial de Áreas Históricas de Segovia (PEAHIS) ha influido en que no se haya puesto en marcha.

Desde la asociación de vecinos apuntan a que otro aspecto a tener en cuenta es que el precio de la vivienda y del suelo es muy elevado.

Reivindicaciones

En el terreno reivindicativo, el tesorero, José María Gonzalo, explica que la prioridad de los últimos años ha sido la urbanización integral de la calle Alamillo, una de las vías principales de comunicación en el barrio. Como ya informó El Adelantado, recientemente el Ayuntamiento ha adjudicado a la empresa Imacal Contratas esta intervención que afecta al tramo comprendido entre la intersección con la calle de Pedro de Fuentidueña y la Travesía del Alamillo. Es especialmente necesario por la frecuencia de las averías en las tuberías del subsuelo.

La Asociación de Vecinos adolece, como prácticamente todo el movimiento asociativo, de falta de participación de los residentes. En la actualidad utilizan un local de la parroquia como sede, aunque no reúne condiciones para el desarrollo de actividades colectivas. Para las asambleas tienen que echar mano de la Sala Capitular de San Justo.

Aunque se han barajado varias posibilidades de alquiler de locales, en colaboración con la Concejalía de Participación Ciudadana, de momento se han desechado por falta de viabilidad económica.

Una de las posibilidades abiertas de cara al futuro, es la de convertir el actual Instituto Ezequiel González en centro cívico, o al menos la planta baja o parte de ella.

Movilidad

Los responsables de la asociación reconocen problemas puntuales de movilidad. Recuerdan que cuando el Ayuntamiento decidió cortar el tráfico por la calle Ochoa Ondátegui hubo vecinos y empresarios de la zona que pusieron el grito en el cielo. Se estudiaron medidas alternativas con los responsables municipales, de momento aparcadas, y la directiva de la asociación de vecinos se ha percatado de que en la actualidad hay posiciones diferentes y no es partidaria de adoptar una posición sin antes celebrar una asamblea.

En este sentido, apuntan a que algunos vecinos consideran que con esa medida se ha cortado el paso a un tráfico ajeno al barrio, incluyendo motocicletas y vehículos que circulaban a una velocidad inadecuada, por ejemplo por la calle Alamillo. Por otra parte, siempre ha sido un barrio con accesos limitados, encajado entre el Acueducto y el desnivel entre la zona alta y la avenida de Padre Claret.

Gonzalo y Carreras, sí invitan al debate para estudiar posibles mejoras en otras zonas del barrio, desde la calle San Gabriel —donde lo que hace la asociación es apoyar a la plataforma que se ha creado por el excesivo tráfico, motivado en parte por las obras de la SG-20—, a la calle Larga o la propia calle Alamillo en la confluencia con la de Pedro de Fuentidueña.

En el caso de la calle Larga indican que en la confluencia con la calle de Coronel Rexach se produce un estrechamiento que podría corregirse, alineando la calzada. En esta misma vía otro punto conflictivo es la confluencia con la calle Caño Grande, agravada por la existencia de contenedores de residuos.

Calle Alamillo
Riesgo de colisión en el cruce de las calles Alamillo y Pedro de Fuentidueña. / E. A.

¿Sabías que… ?

  • Calle de Gascos. Parte de esta calle —el tramo entre las escaleras de acceso a Vía Roma y la plazuela de la Resolana— forma parte del barrio de El Salvador. Su nombre procede de los caballeros gascones, de la Gascuña francesa, que según la leyenda acompañaron desde esa región histórica del país vecino hasta Segovia a la borriquilla o yegua que portaba la imagen articulada del Cristo de los Gascones, que se venera en la iglesia de San Justo.
  • Calle de las Morenas. El nombre de esta vía está sujeto a interpretaciones y una de las más extendidas es que en ella vivían guapas mujeres morenas, quizá en una de las casas de citas que el barrio tenía hasta el siglo XX, lo que tradicionalmente se vinculaba a la proximidad de la Academia de Artillería.
  • Calle de Ochoa Ondátegui. Por el empresario de paños y filántropo Diego Ochoa Ondátegui (1682-1751). Antes se llamó calle de San Antolín por la iglesia románica del mismo nombre, ya en ruinas en el siglo XIX.