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En el comienzo de todo está la luz y la fascinación por las vidrieras. Y siguiendo con el origen, en el comienzo de Vetraria está Carlos Muñoz de Pablos; uno de los mejores vitralistas del mundo, que a mitad del siglo XX se inició en el mundo de los vitrales y desde entonces no ha dejado de indagar. El intelectual y académico de Bellas Artes, fundió sus conocimientos en 1996 con dos de sus hijos: Pablo y Alfonso. Juntos llevan más de 20 años y se han convertido en referente internacional del vidrio, dedicados a la creación, restauración, conservación y divulgación de las vidrieras artísticas.

— En todo este tiempo, ¿qué ha cambiado más?, ¿La consideración artística de los vitrales?, ¿Las técnicas y la tecnología?
Pablo: Hay que distinguir entre la restauración, el arte contemporáneo y el uso de la vidriera en el ámbito cotidiano. El mundo de la restauración ha cambiado mucho, porque donde no había pautas ahora las hay. Se ha avanzado conceptual y técnicamente. El ámbito del arte contemporáneo se ha desarrollado bastante porque hay muchos más autores trabajando. Y el campo de lo doméstico prácticamente no existe. Hay un gran desconocimiento y si la gente no lo conoce, no lo demanda. En edificios públicos no existe apenas la vidriera y en el privado es minoritaria. Hay que tener en cuenta que el vidrio es un material restringido y caro de fabricar. El vidrio de color solo se fabrica de manera puntual y de forma artesanal en pocos sitios de Alemania y Francia. En España ninguna empresa.
Alfonso: Históricamente ha habido procesos en los que la vidriera ha desaparecido. Después del Manierismo, en el Barroco, la vidriera tuvo una crisis porque la arquitectura que era la principal fuente de demanda de obras de arte desapareció y en ese periodo se perdió el conocimiento de procedimientos y materiales. Después, en el siglo XIX hubo un resurgimiento con el eclecticismo y la arquitectura, otra vez, entendió el ornamento y el arte de una manera más compleja y eso nos dio el Modernismo y el Art Decó. Pero después de la II Guerra Mundial con el Racionalismo y otras demandas de la sociedad, la vidriera dejó de tener un campo claro. Mi padre ha pensado siempre en hacer paneles autónomos y separar la vidriera de la arquitectura.
Como dice Pablo, hay una industria muy compleja que sin demanda se pierde. A finales del XIX había montones de empresas que hacían grisallas maravillosas y vidrio de mucha calidad y había pintores que sabían procedimientos pictóricos y tenían criterio. Eso se perdió en la posguerra de la II G.M y fue desastroso para la restauración y conservación en Occidente. Pero respecto a qué vamos a hacer como artistas contemporáneos en el mundo de la vidriera?… Estamos en un periodo crítico, lleno de incertidumbre. El futuro está por definir. No sabemos qué va a pasar.
Carlos: Pablo y Alfonso han establecido dos panoramas con mucha precisión. Después de la II G.M. la arquitectura sufrió una mutación, en el sentido de que en ese racionalismo y funcionalidad del hormigón, irrumpe el vidrio como cerramiento. Y va a incorporar cosas fundamentales. El vidrio flotado es un sistema reciente que proporciona láminas de vidrio de gran perfección, que prescinde del pulimento que tenía. Vosotros no conocéis, porque sois muy jóvenes, la luna pulida cristañola: una luna casi colada que se desarrollaba con unos rodillos calientes y había que pulirla para dejar la planimetría de dos caras perfecta. El vidrio flotado desapareció e irrumpe el vidrio como cerramiento en la arquitectura con una potencia extraordinaria. Ya no es necesario cerrar un edificio con una vidriera. Además, una vidriera no puede estar cerrando un edificio valioso, porque determina el interior y el exterior de un espacio habitable y la vidriera es vulnerable. A ese cerramiento de vidrio plano, incoloro, que es el vidrio flotado, se une el invento de los polímeros. Hay una cosa que se llama el butiral, que unido al vidrio dulce actúa creando el vidrio antichoque con lo que en arquitectura desaparecen las rejas. La tecnología y la economía han cambiado la misión de la vidriera y creo que su futuro es liberarla del cerramiento de la arquitectura.

— Siendo tres personas en una empresa dedicada a creación, restauración y conservación, a cada uno le interesará más uno de los aspectos. ¿Con que se identifica más cada uno?

Pablo: No puede establecerse una clasificación aristotélica. Es una cuestión de método no de preferencia. Prefiero dibujar que estar emplomando, pero el trabajo manda y una parte no se entiende sin la otra. La estructura determina la forma y para ser más libres tenemos que dominar el metal y ser pintores y hacer grisallas… Entras aquí y hay un taller de herrería, cuando en una vidriera nunca lo ha habido porque ha sido siempre un oficio aparte. Tratamos de dominar el conjunto para que el resultado sea el mejor; tanto en restauración y conservación como en obra nueva. Hemos ido dando soluciones que no existían y adaptándonos a los cambios de la arquitectura y eso solo puede hacerse teniendo un conocimiento total del proceso.
Alfonso: Entiendo la pregunta de otra manera. A mí me encanta la restauración como fuente de datos porque estás en contacto con gente de hace 500 o 200 años. El hecho de ver cómo se plantearon aquellas obras o cómo se han ido deteriorando, sirve para saber más y para abordar la obra nueva es muy útil la restauración.
Carlos: La restauración es un maestro no presencial: la obra antigua es fuente de conocimiento imprescindible. Hay que entender que de una vidriera participan 7 oficios distintos: quienes hacen los Bocetos, el cartón, el que corta el vidrio, el que lo pinta, el que lo cuece, el que emploma y la parte de la metalistería y montaje. Sigue siendo un proceso muy complejo, más allá de la tecnología.

— Vetraria combina tecnología de vanguardia con procedimientos históricos. ¿Qué técnicas y procedimientos han resultado incombustibles en el tiempo?
Carlos: La grisalla y lo digo con conocimiento de causa. Seguramente en estos momentos hay muy pocos en Europa que conozcan la grisalla como nosotros.
Pablo: Lo que no ha cambiado son las grisallas, ni los amarillos de plata: una coloración que se aporta de manera superficial al vidrio y una vez cocida entraña dentro del vidrio sin estar adherida. Eso hace que puedas colorear el vidrio por intercambio iónico; es una cuestión química.
Carlos: El amarillo de plata se prodiga desde los siglos XIII y XIV y ha sido un hallazgo tan importante y complementario como la grisalla. Ha cumplido la función; en el Gótico por ejemplo, lo que en los retablos son dorados, en la vidriera se hace con amarillo de plata. Se imita el modelado y los vidrios con grisalla. El amarillo de plata se puede usar en un vidrio blanco, alternando con la grisalla o puede existir en un vidrio verde y azul y da el verde por yuxtaposición. Da un juego impresionante.

— ¿De qué aportaciones están especialmente satisfechos en Vetraria después de haber dedicado tanto a lo que en otras empresas llamamos el I+D+i?
Alfonso: No ha habido nunca un libro de procedimientos de la vidriera. Y cuando, como en el Barroco, se dejan de hacer vidrieras, como nunca se ha escrito sobre ello y las técnicas son secretas, se pierde el conocimiento. La historia de la vidriera siempre ha sido volver a recuperar procedimientos. Nos propusimos formular ese amarillo de plata y logramos la fórmula en el 2007. Tenemos la intención de publicar el primer libro de Procedimientos pictóricos de la vidriera, para que no se pierdan el conocimiento sobre el amarillo, la grisalla y los aglutinantes que, en la vidriera, se queman en el horno y no dejan rastro de tal manera que cuando ves una vidriera no sabes cómo se ha pintado.
Carlos: No se puede meter el Carbono 14.
Alfonso: Así, por ejemplo, no sabemos con qué pintarían los Pierres de Chiverri en la Catedral de Segovia, porque no está escrito y es muy importante en la pintura conocer los aglutinantes, fundamentales para poder desarrollar un lenguaje plástico.

— ¿Para cuándo esa publicación?
— (Lo piensa n)…
Alfonso: Tenemos siempre tanto que hacer.., pero hay que ponerse a ello.
Carlos: Hay que hacerlo ya. Permanentemente investigamos, acumulamos experiencia y en un momento determinado se redactará.
Alfonso: Nos hemos planteado un esquema de prioridades, con el amarillo de plata en primer lugar porque nos quedábamos sin él. Los pocos fabricantes que lo hacían, no lo hacían bien y estábamos utilizando uno muy antiguo que tenía mi padre, de principios del siglo XX y cuando se estaba acabando y buscamos sustituto en el mercado, nos dimos cuenta que no había y nos asustamos.
Carlos: Todavía guardamos unos restos como los testimonios de una reliquia.
Pablo: Ahora hacemos un amarillo fantástico.
Alfonso: Con las grisallas pasa igual. Son complicadas de fabricar. Ya tenemos algunas hechas, aunque no llegamos a la calidad de las mejores grisallas que se hicieron en los años 30 del siglo pasado.
Carlos: Hacer actualmente unas vidrieras como las buenas de Maumejean imposible por falta de materiales.
Pablo: Dependemos de la industria que fabrica el vidrio; nosotros solo lo transformamos.
La tecnología ha mejorado el vidrio pero lo ha hecho plano es su color, lo que limita las posibilidades creativas y trabajamos con un soporte que tiene luz dorsal y tiene que tener movimiento que requiere, a su vez, de la calidad del color.
Carlos: Conservo dos muestrarios emblemáticos con entre 200 y 300 vidrios. En estos momentos la gama que estamos manejando no llega al 2% de eso.
Pablo: Hay casas como St. Lambert y San Just que fabrican 2.500 referencias pero ese vidrio soplado no es comparable.
Carlos: Son vidrios de colores muy enteros, no sabemos si saben hacer los vidrios matizados porque no depende solo del soplado sino de la composición: de la parte proporcional del colorante en la masa a colorear y eso lo hacían los antiguos no sabemos cómo.

— Los tres son licenciados en Bellas Artes, dedicados a un trabajo vocacional. ¿Qué es lo que a cada uno le atrajo del mundo del vidrio?
Pablo: Somos vidrieros de cuna. La pasión transmisora de mi padre ha sido una referencia vital.
Alfonso: Nacimos en un taller vidriero y nos une la curiosidad por las cosas; nada más hay que ver el taller, dispuesto para investigar y resolver necesidades que van surgiendo.
Pablo: Las artes requieren tiempo para practicarlas y aprenderlas. Esto ahora no existe porque la gente no dispone de tiempo y practicar una disciplina artística exige generosidad de entrada. Es difícil de entender para alguien que trabaja con horarios programados.
Carlos: En común están el arte y la pintura, aplicadas al vidrio, lo que lo complica todo porque no solamente se trata de pintar sino de saber el comportamiento de esas formas con respecto a la luz. Siempre digo que la vidriera administra la luz de atrás hacia delante, mientras en un cuadro es al revés. Esa luz que administra la vidriera complica el proceso. Tú entras en la Catedral a una hora determinada y esa luz que colorea el espacio se puede percibir de forma sutil o hasta violenta. La pintura no puede hacer eso. Por eso, creo que lo que nos une es la pintura tridimensional. Como decía al principio: el destino de la vidriera es la arquitectura, que es el punto de encuentro de muchas disciplinas y el nuestro en particular.
Alfonso: Sí. La arquitectura con todo lo que conlleva: los materiales, la geometría..
Carlos: Nos interesa todo eso porque queremos que la vidriera se integre. Esto, a su vez, tiene un inconveniente añadido: la vidriera tiene que acomodarse a la función social arquitectónica con lo que la obra del pintor vidriero queda sometida.
Alfonso: Estamos al servicio de una idea para que haya un equilibrio conceptual, luminoso. Esto no le pasa a un pintor de caballete, que trabaja aislado. Nosotros tenemos que dialogar con otras disciplinas.

— Y al padre, ¿qué le ha supuesto el trabajo conjunto?. ¿Existe el temor a ser fagocitado artísticamente hablando?
Carlos: Ni mucho menos. Trabajo en un estudio y bajo por el taller lo menos posible para no incordiar. Ellos tampoco se daban cuenta de que estaban aprendiendo. En el taller de herramientas, por ejemplo, todo sucedía al principio como un juego pero era formativo.

— ¿Cómo es la metodología de trabajo en un equipo de tres?
Pablo: Depende de lo que estemos haciendo. La dinámica la genera el propio trabajo. Muchas veces hacemos varias cosas a la vez. Nos repartimos según vemos la necesidad.
Alfonso: El hecho de que todos podamos hacer de todo facilita el trabajo más que si hubiera una especialización.
Carlos: Yo, ahora, sobre todo, dibujo y pinto la vidriera, porque en otras tareas me canso.

— La arquitectura de vidrio y metal fue una innovación de la segunda mitad del siglo XIX, que permitió grandes superficies de vidrio con formas singulares como bóvedas y cúpulas. ¿Ha habido alguna otra aportación tan significativa en los últimos años?
Carlos: El hormigón. En los 60 se hicieron vidrieras de hormigón realmente interesantes. Lo que ocurre es que el vidrio es muy estable, no tiene dilataciones como sí sucede en el cemento y el hormigón. Entre el vidrio y el hormigón se producían fisuras, pero no se perfeccionó porque aquella moda quedó anticuada y la arquitectura no lo demandaba.
Alfonso: Hay que tener en cuenta que vamos hacia una sociedad muy tecnológica y las artes históricas están en crisis. Antes una, el Banco de España, hacía un edificio espectacular para demostrar su solidez a través de una estética y recurría a muebles, vidrieras, pintura… Ahora, un aeropuerto quiere demostrar el desarrollo tecnológico.
Carlos: La última manifestación en España donde concurrió todo ese juego de oficios artísticos al servicio de una gran obra arquitectónica fue el Modernismo catalán, con Gaudí y otros. A partir de la II Guerra Mundial eso cambió y La Bahaus fue la clave: fundió todo ese conocimiento estético en una modernidad, abriendo la puerta al diseño industrial que resume lo que dice Alfonso.
Pablo: Ahora hay tantos materiales. Quizás la vanguardia en nuestro campo se está estableciendo con las impresoras de vidrio laminar, que ponen una fotografía, la meten en una pantalla de 6 por 6 y la colocan en un edificio. Hay lenguaje pero no hay quien lo utilice. Digamos que la arquitectura no sabe qué hacer con ello. El ejemplo son los edificios que han introducido el vidrio laminar coloreado, como el MUSAC de León, pero no dejan de ser paramentos.
Alfonso: Esto dice mucho. Todo el Renacimiento se produce porque hay una élite económica y política cuya riqueza la invierten en eso, porque el arte tiene en ese momento un significado. Ahora esas élites no tienen relación con el arte más que como objeto de especulación o valor refugio. No hay quien aguante a un Leonardo o a un Miguel Ángel.
Carlos: Es paradójico que ahora se hable de arte más de lo que se produce. Encuentras artistas que lo que dicen con las palabras es mucho más interesante que su obra.
Alfonso: Es reflejo de esa impostura y la sociedad no demanda arte.
Pablo: El aspecto positivo es que el arte se ha democratizado y hay más gente haciendo cosas. Hay quien pinta y expone en una galería virtual…
—Alfonso: Pero la potencia económica limita el arte y tenemos el ejemplo en el vidrio. Necesitamos fábricas de vidrio, de grisallas, si no, no se harán vidrieras. ¿Cómo tienes grandes retratistas?, cuando se demanda el retrato y se practica.

— Hemos hablado de los cambios técnicos. ¿Y la iconografía?, ¿qué demanda el siglo XXI?
Carlos: La iconografía está en función del edificio y del mensaje, que es muy variado, y juega un papel importantísimo la abstracción. ‘Menos es todo’.En estos momentos en fácil hacer un Rotko después de Rotko pero hay que tener en cuenta cuál ha sido la trayectoria. Ese es el asunto. Ahora no hay vanguardias. En Pintura está conviviendo Lucian Freud con los abstractos, las instalaciones y performances. La característica de la vanguardia es que no hay vanguardias.

— ¿Cómo definen las claves que hacen singular y diferente a otros el lenguaje de Vetraria?
Carlos: La sinceridad y la honradez.
Alfonso: El compromiso. Estamos en la Catedral y haremos lo que haga falta al servicio de lo que hay allí, para que funcione. Y así siempre, en España y donde trabajamos.
Carlos: Compromiso, sí. En la Catedral, la última vidriera que hemos hecho, El Juicio Final , ha estado expuesta y cuando terminé de dibujar y pintar aquello me dí cuenta que había una cabeza que no me gustaba. Se lo dije al Cabildo y se extrañaron: ¿Cómo van a cambiar una cosa que nosotros vemos muy bien?, pensaron. Ese es el asunto, tenemos un compromiso con la Catedral, pero el primer compromiso es con nosotros mismos y eso nos hizo cambiarlo.
Pablo: Es otro elemento diferenciador. La cabeza la pintó Carlos y él decide si quiere cambiarla. Hay que dar prioridad a la autoría. Cuando uno decide modificar un trabajo porque cree que va a quedar mejor, eso es incuestionable.
Carlos: Las vidrieras son obras que corresponden a un espacio y a veces están cerca y otras muy lejos. Saber dimensionar en el espacio es de las cosas más aventuradas. Mi objetivo es que la vidriera sea visible y tenga valor en todas las distancias; que lo que veas cerca, abajo, tenga enjundia y funcione igualmente que a 50 o 100 metros. Ese es el planteamiento.

“El Cabildo de Segovia está siendo ejemplar”
‘La consideración de la vidriera en España no se corresponde con la importancia del patrimonio’

— ¿El mundo cultural asume la importancia de las vidrieras?
Pablo: Es que es un ámbito muy cerrado porque ¿dónde ves vidrieras?. Vas a una sala de exposiciones y ves pintura, pero ¿vidrieras?. Podríamos renunciar a la arquitectura y hacer vidrio para exposiciones, pero sería otra cosa.
Alfonso: Tenemos un campo muy limitado como expresión y exposición de la vidriera como arte. España es un país raro, porque siendo uno de los países del mundo con más vidrieras, no les concedemos la importancia que en Francia y Alemania, donde como en el resto del norte de Europa se produjeron grandes vidrieras pero han tenido guerras terroríficas que acabaron con buena parte de ellas.
Carlos: La consideración no se corresponde con el patrimonio de todas las épocas que tenemos. Las catedrales de Burgos, Málaga, Sevilla…, cuentan desde el XIX con vidrieras fantásticas. Aquí se funda Maumejean, cuyos artistas son españoles.
Alfonso: Y el Art Decó más genial lo hace Martorell, un español que debería conocer todo el mundo, pero no tenemos esa conciencia de ser un país potencia de primer orden en vidrieras.

— ¿Cuál es la impronta de Vetraria en su ciudad natal?. ¿Ha sido la Catedral de Segovia el punto de unión también para el reconocimiento artístico de los tres?
Carlos: Ha habido obras muy interesantes como las vidrieras de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Fue una obra de investigación con los vidrios de fussing que empleamos, fabricando un elevado porcentaje de los vidrios.
Alfonso: La primera intervención de los tres en una Catedral fue en la de Castellón; una obra dura muy interesante y fue el arranque. Casi un centenar de vidrieras. La de Ávila fue la primara restauración que acometimos con unos criterios propios que cuestionaban ciertos criterios internacionales.
—Pablo: Trabajamos junto con el Centro Superior de Investigaciones Científicas y la de Ávila fue una obra muy especial, en 2003. Después, en 2009, llegamos a la Catedral de Segovia. En San Millán, trabajamos juntos en las dos capillas laterales.
Carlos: Yo había hecho mucho antes las del ábside y en el Alcázar hay vidrieras de todas las épocas, y desde el 59 he trabajado allí.
Pablo: Ahora, la obra prioritaria y a la que dedicamos más tiempo desde hace 10 años es a la Catedral de Segovia.
Alfonso: Es un proyecto muy peculiar porque ha habido una relación directa con el Cabildo y eso ahora mismo en la restauración no se da. Todo son concursos, burocracia y el sistema con tantas trabas impide hacer buenas restauraciones porque no siempre puedes respetar los plazos. No sabes qué vas a encontrarte y los tratamientos requieren un proceso. La Catedral de Segovia está siendo ejemplar.
Carlos: El contacto con el Cabildo es permanente y esa comunicación es esencial. Otra cosa importante que se está haciendo y no se hace casi nunca es exponerlas y montarlas antes de elevarlas a su emplazamiento. Saber dimensionar, calcular y componer, verlo en la distancia corta es una labor didáctica para aprender a mirar hacia arriba.