Biblioteca Pública de Segovia.
Biblioteca Pública de Segovia.
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La Biblioteca Pública de Segovia tiene un gran patrimonio bibliográfico (impresos y manuscritos hasta 1958), unos 17.300 volúmenes, dentro del cual está el fondo antiguo (hasta 1830), formado por más de 4.300. En la exposición que se muestra este mes de abril, se pretende dar a conocer este valioso conjunto de obras, algunas expuestas por primera vez para disfrute de los visitantes.

LOS ORÍGENES

El origen del fondo está en la desamortización eclesiástica, iniciada con el Real Decreto de 25 de julio de 1835, por el que se suprimen los conventos que no contasen con doce religiosos. Su artículo 7º destinaba los bienes para la extinción de la deuda pública, a excepción de “los archivos, bibliotecas, pinturas y demás enseres que puedan ser útiles a los institutos de ciencias y artes”, que pasaron a instituciones públicas (bibliotecas y museos provinciales, y universidades donde las hubiera).

Los religiosos salieron, los conventos quedaron abandonados y mientras se hacían los inventarios y se recogían, las bibliotecas y objetos de arte sufrieron el abandono, expolios y pérdidas notables. Aquí se empezaron a realizar inventarios pronto, en agosto de 1835, concluyéndose en julio de 1836. Se conservan los de trece conventos de la provincia, algunos con noticias del pésimo estado de las bibliotecas, como la de San Francisco de la Hoz (Sebúlcor), “antiquísimos en pergamino, y algunos en tabla”, pero en desorden e incompleto, con 1.263 volúmenes de los que hoy quedan solo tres; o la de San Bernardo (Sacramenia), “una cantidad grande de volúmenes deterioradísimos, incompletos, desencuadernados, que nada valen”. Otras estaban en mejores condiciones: Santa Cruz, San Gabriel y Los Huertos, en la capital, y la de San Francisco de Ayllón. La del Parral debía de ser muy importante, aunque no se conserva su inventario.

La carencia de medios retrasó la recogida de los libros y su organización. Los ejemplares que se pudieron recuperar se llevaron al Hospital de Viejos (Palacio de Enrique IV, hoy Museo Esteban Vicente), donde se instaló la primera sede de la Biblioteca Provincial, que abrió sus puertas el 25 de junio de 1842. Entonces contaba con 4.150 volúmenes, y pese a estar hacinados y en desorden se consiguió abrir. La Escuela de Bellas Artes, que compartía sede, colaboró con la biblioteca. Para conseguir medios, pagar sueldos y comprar libros, en octubre se vendieron 2.000 arrobas de libros “inservibles” y en 1845 otras 200.

En los conventos debía de haber unos 30.000 libros, pero los robos, los destrozos y la venta de muchos para el funcionamiento de la biblioteca dejó la cifra, según el primer inventario de junio de 1845, en 4.314, incluidos 29 manuscritos.

La biblioteca buscó un lugar más adecuado y en verano de 1886 se traslada a la sede del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza (hoy IES Mariano Quintanilla). Fue incrementando sus fondos con adquisiciones, con los libros que llegaban del entonces depósito legal y con algunas donaciones. Los libros de registro describen las ediciones con detalle, indicando su procedencia, aunque con frecuencia con el vago término de “convento”.

Es en estos libros de registro donde se rastrea la presencia de 44 incunables (impresos del siglo XV) y de una treintena de manuscritos, que desde principios del siglo XX no están en la biblioteca. En el inventario de 1899 quedaban 34 incunables, es de suponer que el resto estaría muy deteriorado o se perdería. En 1904, el director de la Biblioteca Nacional, Marcelino Menéndez Pelayo, consigue una Real Orden para que los incunables y los manuscritos de la Biblioteca Provincial se entregaran a la Nacional con el de que los eruditos pudieran consultarlos con facilidad sin tener que ausentarse de Madrid. En Segovia acataron las órdenes y el 27 de febrero remitieron un cajón con 78 volúmenes, entre ellos 10 incunables, 30 manuscritos, 26 volúmenes del siglo XVI y 2 del XVII. ¿Qué ocurrió con los otros 24 incunables que había en 1899? Se desconoce, pero en la Memoria de la Provincial de 1909 se indica que hay 3 incunables, 7 manuscritos y un impreso xilográfico chino. Tenemos noticia de la existencia de uno (al menos) en 1910, que fue visto por el alemán Hernst en su visita a Segovia consultando incunables españoles. Sin embargo, a día de hoy no hay constancia nada más que de los diez de la Biblioteca Nacional, desconociéndose el paradero del resto.

La biblioteca continuó su actividad, pero al no reunir las condiciones necesarias se buscó una nueva sede, trasladándose, en 1935, a la iglesia de San Quirce. En 1948 se instaló en la antigua cárcel (en la calle Real), donde la hemos conocido todos hasta que se trasladó, en 2016, a la sede actual.

LOS FONDOS
El fondo antiguo actual consta de 4.256 ediciones. Se ha podido identificar la procedencia de un millar, que son de hasta veinte conventos segovianos, destacando por su número San Francisco y El Parral, seguidos por mucha distancia por los de la Merced, el Carmen Calzado y Descalzo, San Gabriel, San Agustín, Santa Cruz, Los Huertos, San Basilio de Cuéllar, Párraces, San Francisco de Ayllón y de Cuéllar…

Solo una parte es de tema religioso, hay un importante fondo de literatura y de ciencias y artes, casi un tercio del total, lo que nos muestra el interés de estos libros para diversas especialidades, incluidas las matemáticas. A ello se añade que 245 son ejemplares únicos en España, mientras que de 172 hay tan solo otro fuera de Segovia.

Por siglos, 550 son del XVI, 750 del XVII, 2.500 del XVIII y 420 del XIX. Hay una biblia políglota, obras de Erasmo, libros de arte ilustrados, un tratado sobre relojería en francés (París, 1763), obras de Newton, o un tratado sobre las obras de Descartes y Newton (París, 1764), ejemplar único en España. También un diccionario del viajero francés-alemán-latín (1770), o una traducción al francés del Amadís de Gaula (Amsterdam, 1780), con tan solo dos ejemplares. A ellos se suma una buena colección de clásicos greco-latinos, la mayoría muy raros, con obras de Tácito (ejemplar único de 1519), Apiano (ejemplar único de 1526), Cicerón, Homero o Píndaro (1528).

Por su azarosa historia, algunos no están en buen estado, faltos de portada o algunas hojas, o con encuadernaciones desgastadas, aunque quedan en buen estado algunas artísticas de estilo renacentista y plateresco. En otros ejemplares se conservan guardas con notas, restos de manuscritos e incluso de impresos musicales.

Los ejemplares también tienen otros rastros de su larga vida, como anotaciones a mano, dibujos o, en algunos casos, huellas de la Inquisición, pues varios libros fueron expurgados (ocultación de algunas partes del texto) por miembros del Santo Oficio al haber salido en los índices inquisitoriales.

La mayoría de las anotaciones son de procedencia de los conventos, aunque hay de otros poseedores, alguno excepcional, como un libro de una mujer, Fermina López (Erasto o el amigo de la juventud. Reflexiones familiares, Madrid, 1797), incorporado a la biblioteca en el siglo XX. Hay notas con el coste del libro, dedicatorias, algún dibujo, una receta para el “mal de bazo” e incluso una anotación que describe el Terremoto de Lisboa, ocurrido el 1 de noviembre de 1755, y que un monje dejó en una hoja inicial de un libro.

Como se puede ver, estos libros nos muestran muchas historias: su origen en los estantes o cajones monásticos, que nos lleva a una Segovia centenaria; sus contenidos, que hablan de la curiosidad de unos monjes por temas de lo más variado; o la historia de la propia biblioteca, una de las primeras provinciales que se abrió en España y que hoy está muy remozada.

Se trata, por tanto, de un importante fondo patrimonial custodiado en la Biblioteca Pública de Segovia con los mejores medios, una parte de la historia de Segovia y también del conocimiento universal que está a disposición de los ciudadanos, que han de mostrar orgullo por este legado.