El autor de la escultura, José Antonio Abella, se dispone a hacerse un retrato con su obra, junto a la alcaldesa y la concejala de Turismo. / Kamarero
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El Gobierno municipal ha escenificado la instalación en la calle de San Juan de la escultura del diablo que evoca la leyenda del Acueducto con una amplia representación de concejales del equipo de la alcaldesa, con ella a la cabeza, acompañada entre otros por la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos, promotora de la iniciativa, y del escultor y autor de la obra, cuyo nombre, ‘Aqueductus Artifex’, sin el Segodeux que parece molestar en algunos sectores, aparece en una placa colocada a poca distancia, en el mismo pretil.

Otro cartel, más discreto, advierte en tres idiomas: español, inglés y francés, en la misma zona, de la prohibición de subir al muro en virtud de la Ley Orgánica de protección de la seguridad ciudadana.

Con un grito de ¡Viva la libertad! y aplausos de cerca de medio centenar de personas, casi todos fans, la alcaldesa descubría la escultura con puntualidad inglesa a las cinco de la tarde y, en medio de una notable presencia mediática, calificaba el acto de “sencillo, tan sencillo como descubrir este simpático diablo que va a formar parte del paisaje urbano de Segovia, esperemos que por muchos años”.

Luquero se muestra convencida de que los segovianos se van a familiarizar con esta figura que invita a hacer un selfie y que a los pocos segundos de ser descubierta ya cosechó unas decenas de retratos.

Recuerda la regidora que son dos los objetivos que pretende el Gobierno municipal socialista, a través de área de Turismo, por una parte evocar la leyenda de la construcción del Acueducto, “que forma parte de la memoria colectiva y es un elemento de nuestro patrimonio cultural inmaterial; y por otra, contribuir a diversificar los flujos turísticos, porque invita a todo el mundo a hacerse un selfie, a los turistas sobre todo, para fomentar un segundo eje turístico paralelo al principal y estimular la visita al barrio de los Caballeros, que tiene también unos valores patrimoniales muy interesantes, pendientes de difundir”.

Sin ofensa

Luquero ha aclarado una vez más que “nunca hemos pretendido ofender la sensibilidad religiosa de nadie pero tampoco estamos dispuestos a doblegarnos ante las imposiciones que brotan de la intransigencia y la intolerancia”. “Todo lo demás han sido ganas de armar follón cuando tenemos otros temas sustanciales y fundamentales para debatir y trabajar por la ciudad”, añade.

La alcaldesa quiere recalcarlo: “está aquí, no nos hemos rendido a ese intento de intransigencia e intolerancia que quería imponerse” y da “mil gracias de corazón, en nombre de los ciudadanos a los que represento”, dijo, al autor de la escultura, José Antonio Abella, presente en el acto y que durante la mañana acompañó a los empleados municipales que instalaron la escultura, y a José Luis Herrera, que ha hecho posible la fundición de esta obra “sin que le cueste un euro a las arcas municipales”, indica.

El propio Abella concluye que “no le pido nada a este diablillo entrado en años y en carnes pues el diablo, si existe de verdad no habita en las esculturas, tenedlo por seguro. Al dios de mis padres, al dios de la fe sencilla que me inculcaron en mi infancia, sí que le pediría una cosa y es que haga de Segovia una ciudad amable, sonriente, tolerante, educada y si es posible buena”.

Por su parte, la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo pide “que lo disfrutemos todos, que le saquemos parecidos, que los tiene y que viva con nosotros muchos años en esta ciudad amable y abierta que queremos y que ya lo es”.

Abella confiesa que le han dolido las críticas pero sobre todo los ataques a su familia y las “calumnias como decir que esto es para hacerme millonario, cuando ya se ha visto documentalmente que no es así, que hay una cesión completa de derechos”.

El artista dice que ha hablado estos días con medios de todo el mundo y en todos ha dicho “que Segovia no está reflejada por esas pocas personas que hay en todas las ciudades. Segovia es una ciudad abierta donde da gusto vivir”.

“Toda su fortaleza la tiene en los lomos y en el ombligo”.

Sobre la barriga. José Antonio Abella preparó para la ocasión un texto que leyó y que, entre otras referencias, recoge la del escritor portugués del Siglo XIX Eça de Queirós, que decía que el diablo en su senectud dábase al pecado de la gula, “asunto que yo quise investigar sin recurrir a Rabelais, que también le describe de ese modo”, según el escultor.

Así, dice, se topó con un libro publicado en Madrid en 1728, ‘Las platicas doctrinales’ del reverendo padre Francisco Miguel de Echeverz, “quien a propósito de la gula nos dice que el diablo ‘toda su fortaleza la tiene en los lomos y en el ombligo’. Se entiende que los lomos por la concupiscencia de la carne y el ombligo, que es el centro de la barriga, por la gula y la glotonería”.

Para el artista, “un demonio que ha vivido en la tradición de Segovia durante siglos no ha podido pasar hambre y así me imaginé un pobre diablo venido a menos con algunos años encima y muchos kilos de más, una caricatura del diablo que si a alguien debería ofender es al propio diablo, un diablo madurito y de buen perder que ni conquistó el alma ni los favores de la joven segoviana ni a los romanos el mérito de la construcción del Acueducto, quizá porque solo trabajó como ayudante. Por eso le vemos así, con unas tenazas de cantero en la mano, profundamente satisfecho de su obra más famosa, con la que se hace un selfie porque el diablo para nuestra desgracia es capaz de vivir durante milenios y llegar a nuestros días”.

• Lo que no es. Antes detalló lo que no es esta escultura de su autoría: “… No es el diablo serpentino que engañó a Eva con su elocuencia, tampoco el amante despechado que regalaba collares de oro a Santa Telagia, a la que recriminaba con mucha amargura haberle dado calabazas; ni es el diablo con apariencia de hermoso joven que intentaba seducir a Santa Justina, sin éxito, claro está… Por su puesto, como veis, no es el diablo monstruoso descrito por Dante en ‘La Divina Comedia’….”.

El referente de Abella, entre otros, es el diablo barrigudo pintado por Giotto en la capilla de los Scrovegni de Padua.