Segovianos y visitantes acuden cada día a fotografiarse junto al ya famoso diablillo de Segovia. / KAMARERO
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Hacerse una foto con el diablillo de la calle de San Juan es como ir al banco o a la pescadería, hay que armarse de paciencia y pedir la vez, porque el diablillo está de moda y nadie quiere ser el último en tener su selfie junto a la estatua.

Desde que se instaló, segovianos y visitantes suben la cuesta a conocer de primera mano la imagen, algo a lo que ha colaborado la polémica por su colocación. De hecho, la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos, reconoce que dicha polémica ha supuesto una gran campaña de promoción.

“El diablillo se ha convertido, bueno ya era antes de ponerlo, en un elemento mediático y promocional increíble, es el efecto no buscado [de la recogida de firmas en su contra], pero hemos calculado que el coste aproximado de la campaña que ha tenido la ciudad gracias al diablillo puede rondar el 1,1 o 1,2 millones de euros. Estamos en el mundo entero”, asegura De Santos.

Junta a la estatua se ha colocado también una placa con su nombre ‘Aqueductus Artifex’, sin el ‘Segodeux’ que se planteó al principio, pues esa denominación molestaba a algunas organizaciones de la ciudad.

Asimismo, hay otro cartel, más discreto, que advierte en tres idiomas —español, inglés y francés— de la prohibición de subirse al muro para sentarse al lado del diablillo, en virtud de la Ley Orgánica de protección de la seguridad ciudadana.

El primer cartel que se colocó ha sido sustituido por otro, ya que los errores en la leyenda original suscitaron todo tipo de comentarios, y es que una ciudad Patrimonio de la Humanidad y tan turística como Segovia no puede permitirse fallos idiomáticos.