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El 17 de junio de 1969, el sorteo  de la Lotería Nacional dejaba en Segovia  1.500.000 pesetas al número 10.874, agraciado con el segundo premio y compartido con otras capitales españolas.  El eco de esta buena noticia pasó completamente desapercibido para los segovianos, que aún  trataban de asumir el dolor y la incredulidad por la tragedia que dos días antes conmocionó a toda la provincia con la muerte de 58 personas y cerca de 200 heridos  ocurrida en Los Angeles de San Rafael al hundirse el comedor del restaurante de un complejo hotelero construido en la entonces incipiente urbanización vinculada a El Espinar.

Medio siglo después de aquel trágico hecho, en la memoria de muchos segovianos se agolpan los recuerdos de una tensa y luctuosa jornada que ha pasado a la historia de la provincia como uno de los sucesos más impactantes, cuyas heridas psicológicas aún no se han cerrado en los familiares de las víctimas que perdieron la vida o sufrieron heridas en aquel día.

La cadena de alimentación ‘Spar’ celebraba el 15 de junio  el noveno aniversario de su  implantación en Segovia y, al igual que en años anteriores, quiso reunir a clientes, trabajadores y amigos en una jornada de celebración y convivencia cuyo acto central era la convención anual en la que se ponían en común los logros obtenidos y las previsiones de desarrollo futuro de lo que fue en su día embrión de las actuales macrocadenas de supermercados.

A las 14,45 horas de aquel día, los cerca de medio millar de invitados a la jornada se reunían en el comedor para compartir el almuerzo previsto en el programa, procedentes no sólo de Segovia sino de  otras provincias próximas. El complejo hotelero, creado por el empresario Jesús Gil y Gil, había ampliado el comedor con dos nuevas alas, que se abrían al público ese día.

De repente, el caos. El suelo de una de las nuevas alas cedió y arrastró con su peso la techumbre de la nave en la que estaba construido, sepultando en una masa de escombros, vigas y ferralla a la mayor parte de las personas que participaban en esta convención.

José María Torres, uno de los heridos, contaba a EL ADELANTADO su testimonio en aquella infausta jornada, y señaló que “la primera sensación que tuvo de no estar muerto fue cuando sentí aire en mi cara” tras el derrumbe, y señaló  que el derrumbe le sorprendió mientras esperaba ser ubicado en una mesa junto a su novia y los padres y hermanos de la misma, que perdieron la vida.

Eduardo González señalaba que advirtió “como un fuerte chasquido” antes del derrumbe, y explicaba que tras el derrumbe “no se oían nada más que gritos de terror y se veía mucha gente ensangrentada”.

La noticia del derrumbe corrió como la pólvora. La carretera  que unía Segovia y San Rafael pronto se vio poblada de Seat 600 y 850 que se dirigían hasta el lugar de los hechos para  interesarse por familiares y amigos, lo que obligó en última instancia a las autoridade gubernativas a cortarla al tráfico para permitir únicamente el tránsito de los vehículos de emergencias.

El policlínico 18 de julio y el Hospital de la Misericordia vieron desbordada su capacidad de atención, lo que obligó a trasladar a muchos heridos a  otros hospitales de Madrid  o Ávila. La solidaridad de los segovianos no se hizo esperar, y grupos de voluntarios se situaban en zonas claves de la llegada de vehículos con heridos  para indicarles el camino hasta los centros hospitalarios, y centenares de personas acudieron para donar sangre y ofrecer sus servicios como médicos, enfermeras o practicantes.

El primer balance de víctimas arrojaba un dato desolador. 52 muertos y 150 heridos de distinta gravedad fueron las primeras cifras ofrecidas por el Gobierno Civil –entonces dirigido por un joven Adolfo Suárez que tuvo su primera prueba de fuerza en la gestión política casi recién llegado al cargo- que finalmente aumentaron hasta 58 en el caso de las víctimas mortales.

El contrapunto a la catástrofe lo puso el nacimiento de una niña de una de las mujeres que resultaron heridas en el accidente, que dio a luz escasas horas después del suceso. De igual modo otro de los heridos fue trasladado en ambulancia hasta Madrid donde tenía que concurrir a unas oposiciones a la Administración de Justicia, y el tribunal examinador tuvo la deferencia de retrasar la fecha del examen por esta causa.

Dos días después del suceso, la Catedral de Segovia  se llenaba para  asistir al funeral por las víctimas, en lo que fue una impresionante manifestación de duelo en la que los segovianos mostraron también su solidaridad con las víctimas. El obispo de Segovia, Daniel Llorente junto a sus homólogos de Guadix y Barcelona Gabino Diaz Merchán y José María Guix presidieron las exequias fúnebres.

Gil, condenado e indultado

El promotor  y director del complejo siniestrado, Jesús Gil y Gil fue detenido horas después del suceso junto  al jefe de la División de Obras y al encargado responsable de los trabajos de construcción  para dirimir las responsabilidades que se derivaran de este suceso. Pronto se supo que la obra se había realizado en condiciones más que irregulares, ya que no había proyecto de arquitecto colegiado ni contaba con la preceptiva licencia del ayuntamiento de El Espinar. La investigación determinó que la endeblez de las soldaduras de la armadura metálica que sustentaba el edificio fue la causa probable del fallo estructural, motivada por la prisa para concluir los trabajos de ampliación del comedor,

Tras el juicio, en 1971 Gil fue condenado a cinco años de prisión, pero apenas pasó unos pocos meses, ya que en enero de 1972 recibió el indulto por parte de las autoridades del régimen franquista.