La decoración del restaurante Casares, cuando estaba ubicado en la calle Real, fue el primer encargo que recibió José Luis López Saura en Segovia.
La decoración del restaurante Casares, cuando estaba ubicado en la calle Real, fue el primer encargo que recibió José Luis López Saura en Segovia. / Nerea Llorente
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Pintor “desde siempre, con un pie en Madrid y otro en Segovia”, José Luis López Saura — natural de la capital española — lleva un total de diecisiete años en Segovia desarrollando su labor de artista de la pintura, embelleciendo el interior de más de cuarenta establecimientos de la ciudad, desde restaurantes y hoteles hasta tiendas o estancos.

Según cuenta López Saura, es posible que la afición a la pintura le venga por su padre. “Él pintaba algo, no mucho. De pequeños vivíamos muy cerca del Museo del Prado y mi padre nos llevaba a mi hermano mellizo y a mí muy a menudo a ver pintura”, comenta, añadiendo que ya en el colegio, recibió alguna que otra regañina por hacer “muñequitos y animaciones que se movían al pasar las hojas del libro de texto”.

Se define como “autodidacta”, no ha recibido ningún tipo de formación que le indicara cómo deslizar el pincel para elaborar un determinado trazo u otro distinto. Comenzó, muy joven, a trabajar en una agencia de publicidad “en la que aprendí oficio, es como cuando entras de aprendiz en un taller, ves a otros pintores, a otra gente y aprendes”, argumenta. Durante cuatro o cinco temporadas se acercó al Círculo de Bellas Artes para observar y continuar con el aprendizaje para, posteriormente, llegar a ser profesor de aerografía en los colegios mayores de la Universidad Complutense de Madrid. Según el madrileño, trabajar en publicidad le hizo aprender mucho y muy rápido, “todo era para ayer”.

López Saura llegó a la capital segoviana para concentrarse ya que estaba preparando una exposición sobre actrices y gente relacionada con la farándula y el cine, llamada ‘Mujeres a escena’, que quería hacer en el Teatro Real de Madrid, “pero, al final, no solo no la hice en el Teatro Real sino que la hice aquí, en el Juan Bravo”, afirma entre risas.

El primer encargo que tuvo el pintor fue la realización de la decoración del restaurante Casares, cuando estaba ubicado en la calle Real. Y el mismo encargo recibió cuando este establecimiento cambió de ubicación a la avenida Padre Claret, 2, en el que sigue actuando borrando y volviendo a pintar las pizarras de las columnas cuando “sale algún vino nuevo o hay alguna oferta novedosa”.

Afirma que viene del mundo del cine, de los carteles y de la publicidad y que, todo eso, le “ha abierto un abanico enorme de técnicas, de elementos. Igual hago un cartel, que pinto un retrato, que hago un mural… Personalmente me gusta lo grande, trabajar en el gran formato es muy bonito y muy divertido”.

En Segovia tiene su estudio pero si el trabajo es muy grande se busca algún sitio con mayores dimensiones en el que poder trabajar. “El mural del Sirenas, por ejemplo, lo pinté allí mismo, me dejaron un sitio en la Sala de Exposiciones y ahí trabajé”, dice.

“Ahora mismo estoy pintando un gran mural para el Centro Segoviano de Madrid, también tengo encargos y, además, me gustaría hacer una exposición este año, una aquí y otra en Madrid, de manera simultánea”, argumenta el artista. Debido a los encargos, “hace bastante que no expongo pero voy acumulando obra particular lentamente” que tiene muchas ganas de mostrar al público.

Amante del arte — “desde el Barroco con Velázquez y Murillo, la pintura del XIX, los retratos de Madrazo, me gusta mucho Sorolla, Ramón Casas… todo eso que empieza con el impresionismo pero sigue siendo realismo todavía y hasta nuestros días, pintores como Antonio López” — que califica de maravillosa la pintura, que lamenta que los políticos la dejen a un lado, más a menudo de lo que deberían, un artista enamorado de Segovia, “por la comodidad que ofrece”, y que siempre lleva y llevará a Madrid en su corazón.