Entierro-de-la-sar
Las sardinas de las comparsas fueron incineradas, más que enterradas, en una gran hoguera dispuesta por los bomberos en la Plaza Mayor. / NEREA LLORENTE
Publicidad

Un entierro con lluvia como que tiene más empaque, incluso si se trata de una escenificación burlesca, el Entierro de la Sardina que ayer puso fin al Carnaval dando paso a la Cuaresma en la liturgia católica. Casi en penumbra salía el desfile de la Calle Real, a la altura de la iglesia de San Martín, en un Miércoles de Ceniza muy ceniciento, por lo oscuro del cielo y con poca gente por las calles a pesar de que no había finalizado el horario comercial.

La Escuela Municipal de Dulzaina interpretó sus tonadas más lúgubres — “parece Semana Santa”, decían algunos de los presentes— para acompañar a las siete comparsas oficiales en este sepelio carnavalero en un desfile que, tras los músicos, abría un solo vikingo de la comparsa Semaforitos con la sardina entre las manos, como una extraña y triste representación de la iconografía de la piedad.

Los Chirigoteros llevaban a la sardina bien resguardada en uno de los molinos de viento que a lo largo de estos días de Carnaval les han servido de atrezo en su interpretación de Don Quijote. Poco luto llevaban los integrantes de esta comparsa, a diferencia de los de ‘Tu lo bailes’, quienes para mitigar los brillantes colores de su disfraz de figuras de caramelo llevaban velos y mantones negros de los que abrigan bien. Cuatro de ellos portaban un féretro con su corona y visible bajo la sardina, de cuerpo presente, un colorido paraguas, por si acaso arreciaba la lluvia.

La comparsa Pasitos, que se ha pasado toda la fiesta de luto riguroso, al disfrazarse de hormiguita, en lugar de sardina enterró una pipa gigante que portaban cuatro de sus hormiguitas. Artística era la sardina de Apadefim, con escamas plateadas y verdes y con toda la comparsa al completo de acompañamiento en tan luctuoso momento. Cerraba el desfile La Semifusa, con sus personajes marinos especialmente afligidos por la pérdida de una bonita sardina de gran tamaño.

“Ya viene la Cuaresma desde la lejanía borrando con su sombra toda la luz del día…”.

Tras proceder al rito de la quema en la hoguera que los bomberos prepararon lo mejor que pudieron en la Plaza Mayor, dadas las circunstancias meteorológicas, comenzó en la zona de la elipse el Combate de Don Carnal y Doña Cuaresma, basado en los versos del Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita (adaptación de Fernando Ortiz), a cargo del Taller Municipal de Teatro y del grupo Os Batucones. Este último estrenaba bailarines este año: Iván Álvarez y Kiko Kamenov, simbolizando ambos esa lucha encarnizada con sus acrobacias.

En el kiosco central, Maite Hernangómez, directora del Taller Municipal de Teatro, actriz y directora de escena, oficiaba de narradora, mientras Luisa Pérez, metida en la piel de Groucho Marx, ponía voz a Don Carnal después de varios años bordando a doña Cuaresma. En este papel tomó el relevo Bernardo Ladrón de Cegama, caracterizado como la ama de llaves de la película Rebeca, de Hitchcock.

El programa del Carnaval se interrumpe hasta el día 18, Domingo de Piñata, cuando concluirá.

Compartir