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Partes de la portada de un ejemplar del libro Redimidos para lo humano.
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En el primero de estos artículos hacíamos referencia a la inacabada tesis doctoral de don Antonio Palenzuela sobre el pensamiento del teólogo protestante alemán Dietrich Bonhoeffer. Aunque no tenemos el texto de aquel trabajo, sí disponemos de una abundante representación de las obras de ese pastor luterano en la biblioteca personal de quien fuera obispo de Segovia. La biblioteca Palenzuela, actualmente conservada en el obispado de Segovia y de cuyos fondos más adelante hablaremos, resulta de obligada consulta para cualquier acercamiento a la personalidad de don Antonio.

… el gran conocimiento
que Don Antonio adquirió a lo largo
de su vida sobre la cultura alemana,
pues leía sin problemas
en alemán y dominaba
la filosofía germánica

Pues bien, en la citada biblioteca hay nada menos que treinta y dos volúmenes en la signatura “Bonhoeffer”, obras de este autor o monografías sobre el mismo, de las cuales veinticuatro están en alemán, dos en francés, otras dos en inglés y sólo cuatro en español, datos que sin duda resultan elocuentes sobre la atracción intelectual que ejerció este personaje sobre monseñor Palenzuela.

Culturalmente germanófilo

No es circunstancia ajena a todo lo que venimos comentando el gran conocimiento que don Antonio adquirió a lo largo de su vida sobre la cultura alemana, pues leía sin problemas en alemán y dominaba la filosofía germánica; Jenaro Albarrán ha contado en numerosas ocasiones una jugosa anécdota: fue a visitar a don Antonio en su casa de la entonces denominada Plaza del Seminario cuando encontró al obispo leyendo una obra publicada en alemán del filósofo, lingüista y matemático austríaco Ludwig Wittgenstein; “Pero don Antonio, esto es complejísimo”, dijo asombrado Jenaro, a lo que monseñor Palenzuela, con su proverbial humildad, respondió: “Hombre…, no es para tanto…”

Así mismo, en 1995 Ricardo Blázquez, por entonces joven obispo de Palencia, hoy cardenal arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, escribía lo siguiente: “Conocí personalmente a don Antonio Palenzuela en el Centro Español de Estudios Eclesiásticos de Roma. En el otoño de 1969 le visité en su habitación; me sorprendió su conocimiento de la Filosofía de Hegel y su estimación del significado que estaba asumiendo la obra teológica de Pannenberg. Se le notaba a don Antonio su calidad de profesor de Metafísica y de Teología”. Esas mismas impresiones se pueden confirmar si acudimos de nuevo a su biblioteca personal y contemplamos los anaqueles repletos de libros sobre los grandes filósofos alemanes… Precisamente con la signatura “Hegel” encontramos sesenta y seis volúmenes, obras de este autor o monográficas sobre él, y casi la mitad están en alemán. Todavía más, ochenta y cuatro volúmenes, en la referencia “Heidegger”, treinta de ellos en alemán y otros en francés, inglés, español e italiano… y cifras similares, verdaderamente abrumadoras, sobre Kant, Nietzsche, etc…

Con respecto a la temática referida al nacionalsocialismo, hemos de indicar que no existe una entrada o signatura específica al respecto en la biblioteca de don Antonio y que los libros que tratan esta materia están en el apartado de “Historia Universal”. Allí consta una decena de volúmenes relacionados con la temática nazi, cifra que no es comparable con el número de libros que hemos citado sobre otras materias, pero que nos habla del evidente interés de don Antonio por estas cuestiones, como venimos afirmando en estos artículos.

Destacamos algunos títulos, verdaderamente significativos, tales como “El nacimiento del fascismo”, de Angelo Tasca, Ed. Ariel 1967; “La Alemania Nazi”, de Enzo Colloti, ed. Alianza, 1972; “Cartas de condenados a muerte víctimas del nazismo”, con prólogo del premio nobel alemán Thomas Mann, editorial Laia, 1972. “Los orígenes culturales del Tercer Reich”, en italiano, de George Mosse, 1968, y varios más, además de obras generales de Historia, Filosofía y Sociología que tratan estas materias, sin que lógicamente falten las biografías de Maximiliano Kolbe y Edith Stein, así como varios volúmenes sobre esta filósofa, conversa, mártir y santa.

Entre 1993 y 1995, años finales de su episcopado, rebrota la preocupación

Varios estudiosos de la vida y obra de don Antonio han apuntado el pesimismo que se vislumbra en los escritos de Monseñor Palenzuela durante sus últimos años como obispo de Segovia. Con esa visión y en esa época – primera mitad de la década de los noventa del siglo XX- debemos situar el resurgimiento de la vieja preocupación de don Antonio por el nazismo. A todo ello contribuyeron sin duda varias crisis internacionales que por entonces tuvieron lugar, tales como la Guerra de los Balcanes, alentada por un nacionalismo exacerbado y violento, y el Genocidio de Ruanda, con su destructiva carga de odios raciales.

En una carta pastoral de mayo de 1993, titulada “Junto a Auschwitz” dice don Antonio: “Las noticias que nos llegan de la antigua Yugoslavia nos convencen de que el hombre aprende poco de sus extravíos y sus desgracias… En la larga historia del odio y de la desgracia de los hombres, Auschwitz tiene un lugar muy señalado; nuestro porvenir dependerá de lo que hayamos aprendido de aquel horror. Todos los cristianos deberíamos velar por el misterio del Dios solidario con el sufrimiento y la humillación del hombre para vencerlos desde dentro a fuerza de bien y amor”.

“Jamás saldremos
de nuestro asombro
al considerar el poder
de seducción y engaño
del nazismo sobre el pueblo alemán,
cómo pudieron llevar a tanta aberración
y crimen doctrinas como
la de la supremacía
de la raza aria y
sus consecuencias
de sometimiento
y aniquilamiento
de poblaciones enteras”

En julio de 1994, al conocerse las noticias sobre lo que sucedía en Ruanda entre los hutus y los tutsis, don Antonio escribe una nota pastoral en tonos muy dramáticos: “La vida humana se asienta sobre bases muy frágiles. Una sacudida de odio y de locura hunde a una sociedad cualquiera en el abismo. No hace tantos años la culta Europa conoció el caos y el horror…”
Poco tiempo después, en enero de 1995, se celebraba el cincuentenario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, y cuando casi nadie entre nosotros recordaba a las víctimas del Holocausto, don Antonio Palenzuela publicaba el 2 de febrero de ese año -sólo le quedaban cinco meses de episcopado- otra nota pastoral titulada sencillamente “Auschwitz” con muy interesantes reflexiones sobre el nacionalsocialismo. Es un escrito de importancia capital para el objeto de nuestro trabajo, pues pareciera que don Antonio volcaba en este documento el resultado de años de reflexión y estudio. Dice el obispo: “Jamás saldremos de nuestro asombro al considerar el poder de seducción y engaño del nazismo sobre el pueblo alemán, cómo pudieron llevar a tanta aberración y crimen doctrinas como la de la supremacía de la raza aria y sus consecuencias de sometimiento y aniquilamiento de poblaciones enteras”. Y también: “Los obispos alemanes reconocen en una carta pastoral que no estuvo exenta de culpas la Iglesia católica en Alemania durante el dominio nazi: los católicos hubieran debido oponerse más enérgicamente. Aquellos años de la Alemania nazi han de ser objeto de una atenta meditación: contienen lecciones que no pueden olvidarse”.
El texto incluye además reflexiones teológicas y antropológicas muy profundas, que llevan el sello inconfundible de su autor: “El Occidente ilustrado ha pretendido hacer de este mundo una morada cómoda y luminosa; ha decretado que el mal es un puro y simple accidente… que el misterio de iniquidad y el Maligno del que nos habla la Biblia son oscuras supersticiones de tiempos pasados. Pero la verdad es que el suelo frágil sobre el que se asienta la vida humana, se agrieta a veces, y por ahí asoma el poder sobrehumano del mal.” Mereciera la pena recuperar este esclarecedor documento, hoy casi inaccesible, pues sólo se publicó en la prensa local y en el Boletín Oficial de la Diócesis. Unas semanas después, en uno de los últimos escritos pastorales que escribió como obispo, titulado “Dar esperanza” -con evidentes resonancias de Bonhoeffer-, don Antonio volvía a citar los campos de concentración y el testimonio de San Maximiliano Kolbe.

Finalizamos nuestro recorrido; ya dijimos que no íbamos a hacer revelaciones espectaculares; tan solo hemos pretendido reflejar en estas páginas diversos materiales que sirvan para la reflexión y para un conocimiento más preciso de don Antonio. Me parece oportuno ahora evocar un momento inolvidable para quienes lo vivimos, el homenaje público a don Antonio Palenzuela celebrado en el Teatro Juan Bravo el día 7 de marzo de 1995. Tras los discursos oficiales y la presentación del libro de Ángel Galindo y Miguel Martínez Antón, cerró el acto el propio obispo, con una sustanciosa intervención, como siempre lo eran las suyas, y que por cierto también debería ser reeditada. Por supuesto no aludió a Hitler ni al nacionalsocialismo, pero tras mencionar a Heidegger, finalizó su alocución con una cita del mismísimo Bonhoeffer, el autor martirizado por los nazis que tanto había influido en nuestro obispo. Se preguntaba Palenzuela ante la rapidez e intensidad de la secularización de nuestra sociedad si en el futuro los creyentes se verían obligados a hacer lo que pronosticaba el teólogo protestante alemán para los cristianos en las sociedades enteramente secularizadas: callar, orar y trabajar por la justicia. ¿Habrá llegado ya ese momento?

Pablo VI y Palenzuela

En la primera parte de este trabajo indicamos que en marzo de 1939 el cardenal Pacelli, secretario de estado vaticano, fue elegido papa con el nombre de Pío XII. En ese momento, Juan Bautista Montini -futuro Pablo VI- era sustituto de la secretaría de estado, es decir, el “número dos” de dicha secretaría. Se trataba de un alto cargo diplomático muy

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De iquierda a derecha: Luigi Dadaglio (nuncio en España), Pablo VI, cardenal Tarancón y don Antonio Palenzuela, hacía 1975.

experimentado, pues había sido nuncio en Varsovia y había participado en muchas negociaciones, entre otras la del concordato alemán de 1933. El nuevo papa confirmó a Montini en su puesto y durante años le tuvo como consejero personal de la máxima confianza. Pío XII le encargó crear y dirigir una comisión vaticana de asistencia a refugiados y prófugos del nazismo. Fue el responsable de acoger en Castelgandolfo a casi quince mil refugiados, muchos de ellos judíos. Posteriormente también acogió a soldados aliados que escapaban de los campos de concentración. Esta Comisión de Asistencia fue el antecedente más inmediato de la Cáritas italiana. Según diversas fuentes, en 1944 Montini recibió la confidencia del embajador americano en Italia de que Hitler planeaba ocupar el Vaticano y secuestrar a Pío XII, por lo que se vio obligado a buscar un lugar secreto para esconder al papa. El plan, al parecer, existió, pero fue descartado por las autoridades nazis por los efectos contraproducentes que tendría Pablo VI rigió la Iglesia católica entre 1963 y 1978. En 1969, como también hemos indicado, y es conocido, nombró obispo de Segovia a don Antonio Palenzuela Velázquez.