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Los operarios levantaron las rejillas de las arquetas del puente para proceder a su limpieza. / KAMARERO
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Poco antes de las nueve de la mañana un mensaje de WhatsApp recomendaba precaución en el puente de San Marcos, con origen en uno de los numerosos grupos de conductores creados con la aplicación de telefonía movil: “Hay obras en dirección a la Fuencisla, paran y es super peligroso”.

Distintas fuentes no oficiales fueron corroborando a lo largo de la mañana la presencia de operarios que al parecer realizaban trabajos de mantenimiento en esta infraestructura conocida como ‘la Puente Castellana’, por la que se accede al ribereño barrio de San Marcos, y que soporta bastante tráfico.

La primera reacción, al encontrarse el puente en el casco urbano de la ciudad, fue contactar con la Concejalía de Obras, donde indicaron que la vía no es de titularidad municipal y remitieron a otras administraciones: “quizá es de la Diputación”.

Pero poco después, un responsable de Comunicación de la institución provincial aseguraba que se trata de la travesía de la CL-607, carretera de Arévalo, de titularidad autonómica y en todo caso los trabajos de mantenimiento corresponden a la Junta, concretamente a la Consejería de Fomento y Medio Ambiente.

Lo sorprendente es que el responsable del Servicio Territorial de Fomento desconocía ayer al mediodía que se estuvieran desarrollando esos trabajos y no fue hasta la tarde cuando fuentes de la Delegación Territorial de la Junta concluían que si los operarios iban vestidos con monos naranjas “entonces, son nuestros”.

En definitiva, todo un rosario de fuentes para llegar a la conclusión, evidente por los testigos que pasaron esa mañana por el lugar y por las fotografías, pero sin confirmación oficial, de que efectivamente se realizaban operaciones de limpieza en las arquetas del margen derecho del puente, en dirección al barrio de San Marcos.

Estas arquetas canalizan el agua de lluvia y tienen sus correspondientes rejillas que probablemente en un año en el que no han faltado precipitaciones —precisamente el pasado abril ha sido uno de los más lluviosos de las últimas décadas en Segovia— contenían arena y restos vegetales (hojas, astillas, etc.)

Piedras rojizas

En cualquier caso, la titularidad de esta “puente Castellana”, denominación que recogía ya Diego de Colmenares en el Siglo XVII en su Historia de Segovia, ha sembrado dudas no hace mucho incluso entre la corporación municipal que en septiembre de 2016 aprobó una moción de IU para que se eliminasen “las manchas rojizas aparecidas” en sus piedras y “estudiar opciones para su prevención, previo análisis del origen de las mismas”.

Una intervención de la Consejería de Fomento a finales de los años noventa del siglo pasado en este puente, la pasarela metálica anclada en uno de sus extremos y que es utilizada como acera por los peatones, suscitó la oposición de parte de la ciudadanía, que llegó a formar una plataforma contra lo que consideraba una agresión al patrimonio histórico-artístico, al tratarse de un puente románico, del Siglo XII y a los pies del Alcázar.

La importancia comercial y estratégica de este puente a lo largo de los siglos es evidente, pues comunicaba Segovia con Castilla a través del conocido como camino de Arévalo y Medina del Campo.