Oleo de ‘La familia del pintor’ (1937), una de las obras de mayor formato de la exposición que puede verse en el Museo de Bellas Artes de Bilbao hasta el 20 de octubre y que está cedida por el Museo Zuloaga de Pedraza.
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El Museo Zuloaga de Pedraza cada vez es más conocido en la provincia, sobre todo por la constante visita de grupos, muchos de escolares, y además se está caracterizando durante este año 2019 por codearse con las mejores pinacotecas del mundo en la cesión de algunos de sus fondos para grandes exposiciones. La última es la que se considera como una profunda revisión del pintor eibarrés Ignacio Zuloaga, que desde el pasado 28 de mayo puede visitarse en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Compuesta por 95 obras, casi un 10% procedentes del museo de la localidad segoviana, que tiene su sede en el castillo, es la mayor retrospectiva dedicada nunca al artista vasco, que pasó en Segovia una temporada larga que dejó reflejada en su obra.

Zuloaga (1870-1945) está considerado uno de los más cosmopolitas e internacionales de su generación, y una figura indiscutible de la pintura figurativa mundial, según uno de sus dos comisarios Javier Novo.

Desde el Museo Zuloaga de Pedraza se han trasladado hasta Bilbao cuadros tan relevantes como ‘La familia del pintor’, de gran formato, pero también retratos como el de Manuel de Falla —conocido porque hasta hace unas décadas fue la imagen de los billetes de cien pesetas—, o el del torero Belmonte, así como otros de su etapa parisina o personajes populares como ‘Mujer de Alcalá de Guadaira’.

Tanto el retrato de Falla como el cuadro ‘Familia del pintor se corresponden con su etapa de madurez y es entonces cuando culmina el segundo, una obra que los comisarios describen como “de meditada y lenta elaboración, que evidencia la trascendencia de la inspiración velazqueña en una composición deudora de Las meninas”.

En cuanto a su relación con Segovia, en 1898 la obra de Zuloaga sufrió un golpe de timón al dar paso a un inusitado interés por la vida campesina de los pueblos de Castilla, concretamente por carismáticos labriegos segovianos, con cuyas representaciones revolucionó artísticamente los escenarios artísticos europeos.

En España, en cambio, su visión del país irritó a las viejas estructuras en las que se sustentaba el arte español, que la terminaron considerando antipatriótica, ruin y extemporánea, aunque también hubo intelectuales, como Ramiro de Maeztu, Pío Baroja o Miguel de Unamuno, que emplearon las obras de Zuloaga como paradigma de la crisis moral, política y social de la España de cambio de siglo.

Los responsables de la muestra del Museo de Bellas Artes señalan que, en sus segovianos, no hubo afán de señalar el atraso nacional. “Lo que realmente se reconoce en ellos es una clara visión nostálgica de su país cargada de cierto pesimismo, pero no de denuncia”.

Sí son unas obras teñidas de melancolía, que no suelen mostrar acciones concretas, sino que en ellas se resume el espíritu de un pueblo que desaparece, el cual, a pesar de ser sabedor de su cercano final, es perpetuado con dignidad y respeto por Zuloaga. Con sus segovianos rechazó abiertamente la belleza superficial y anecdótica de España, la cual sustituyó por una más profunda y triste, que, a su parecer, era donde residía el verdadero atractivo del país.

Para la realización de estas obras segovianas, Zuloaga empleó un estilo propio, de gran expresividad y profunda captación psicológica. En él destacó un dibujo firme y una pincelada vigorosa y enérgica, de paleta oscura, con un claro predominio del negro y de colores como el ocre, las tierras y los pardos. La presencia de la figura se armonizaba con unos paisajes que también se muestran inanimados, místicos y desprovistos de vida aparente y que terminaron por fascinar al público internacional; una novedosa estética para cuya construcción, paradójicamente, se valió de la obra de los artistas españoles del siglo XVII, así como de la de Goya.

Muchas de estas obras de la etapa segoviana de Zuloaga se conservan en grandes museos europeos como el Hermitage de San Petersburgo o el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, como es el caso de ‘Las brujas de San Millán’. Precisamente una copia de este último, realizada por el pintor Julio Barbero, fue cedida al Ayuntamiento de Segovia en 2017.