Juan Martos, Cronista oficial de Bercimuel.
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«¿Cuál va a ser nuestro futuro? Eso dependerá de lo que quiera hacer el Estado a través de los futuros gobiernos con nuestra zona»

Buscando una segunda residencia, Juan Martos Quesada, cronista oficial de Bercimuel, llegó a este pueblo hace más de veinte años y, aunque entonces no lo sabía, llegó para quedarse.

Lo que en principio parece una ecuación lógica, lo cierto es que no lo es. Juan Martos trabajaba en Madrid, en el bullicio de sus calles, aunque su infancia transcurrió cercana a los olivos de Jaén. Por si esto no fuera suficiente, sus estudios de Filología Árabe, le llevaron por todo el mundo hasta ir a parar a un pequeño pueblo segoviano que oficialmente tiene veinticinco habitantes (en realidad, no pasan de doce) y, tras su jubilación, convirtió ese pequeño pueblo en “su lugar en el mundo”.

De su pequeño pueblo de acogida destaca su tranquilidad, reconoce que el humor castellano no se parece al andaluz pero, sobre todo, considera que Bercimuel es la “Segovia profunda” que se encuentra en “la ruta del silencio”.

De la historia de Bercimuel, del drama de la despoblación, del trabajo de cronista y del futuro que todos deseamos a nuestro medio rural… Él mismo nos habla.

— ¿Cómo llegó a convertirse en el cronista de esta pequeña localidad segoviana?
— Llegué hace “veintitantos” años, buscando una casa, una segunda residencia y la encontré aquí. La gente me trató bien y se formó un lazo que ha pasado a ser de total convivencia con el pueblo porque, cuando me jubilé hace unos seis años, en el 2013, decidí venirme a vivir aquí, al término de Bercimuel. Así comenzó mi relación con el pueblo.

— Cuando alguien es de otro lugar, de otra ciudad o provincia, tiene más posibilidades de definir y encontrar las diferencias, los puntos excepcionales, en relación a otras poblaciones…
— En eso tiene razón. La perspectiva de venir de fuera me da una visión mucho más amplia para comprender a fondo a estos pequeños “pueblos silenciosos” de la “Segovia profunda”

En Andalucía no hay pueblos que tengan 15 o 20 habitantes, como tiene Bercimuel. Para mí fue una sorpresa ver el tamaño y la idiosincrasia de estos pueblos, que es muy peculiar. Cuando llegué de Andalucía, lo primero que me llamó la atención, fue el buen ambiente que había en el pueblo, porque siempre había oído que los castellanos eran “un poco más fríos” o, esa es la fama que tienen.

— Dicen que somos más “secos”…
— Más distantes y… sí, lo son. A todo el que viene de fuera se le mira con prevención. Pero eso me gustó, y después de descubrir todas las maravillas que puede tener un pequeño pueblo por ejemplo, la tranquilidad, la paz, el sosiego… He escrito un libro sobre esta localidad, “Bercimuel, un pueblo del nordeste de Segovia en la Ruta del Silencio”, porque me parece que el silencio en esta zona, es una de las sus características más peculiares.

— ¿Le llama la atención el silencio…?
— Sí, me llama la atención por el contacto tan íntimo que hay entre el hombre y la naturaleza, así como la paz que hay… valores que son muy difíciles de encontrar en una gran ciudad.

Vengo de Madrid, era profesor en la Universidad Complutense de Madrid y allí es donde hice mi vida laboral y, aquello no tiene nada que ver con esto.

— En la zona de Bercimuel, uno puede oír sus pensamientos…
— Sí, en eso casi aciertas. Cuando vine aquí, empecé a colaborar no solo con el Ayuntamiento, intentando echar una mano en las actividades culturales, también con los Grupos de Acción Local. Me puse en contacto con “Nordeste Segovia”, un periódico local mensual que hay aquí, con el que colaboro todos los meses. Una de las secciones fijas que tengo tiene el título de “Aforismo para sobrevivir en esta vida”, en la que escribo una serie de reflexiones que se me ocurren cuando voy paseando por los caminos de Bercimuel.

— ¿Recuerdas el último o, en su defecto alguno de los “aforismos” que has escrito? ¿De qué trataba?
— En uno de los últimos, después de una reflexión sobre cómo nos afectan los avances tecnológicos, comento por ejemplo que “Uno solo es dueño de aquello de lo que puede prescindir” pero, en otros aforismos que ahora recuerdo digo: “No sigas el juego a quienes juegan contigo” o, “La gota que colma el vaso, no es la única culpable de que el agua se derrame”… algo así.

— ¿Cuáles son las principales diferencias entre los pueblos de Andalucía y los de Castilla, como Bercimuel?
— Los pueblos de Andalucía son todos muy abiertos, tienen buen clima y además, son mucho más grandes y la gente vive mucho más fuera, en la calle. Esta es una de las características que he descubierto. Aquí, llega en invierno castellano y nos metemos todos en nuestra casa.

También, inevitablemente, el tipo de humor, el tipo de alegría, es diferente en Andalucía al de aquí, en Castilla, que es mucho más “seco”.

— ¿Aquí nos gusta reír o somos como nuestro paisaje?
— Los juegos de palabras, las chanzas, los dobles sentidos… aquí no son bien recibidos. Aquí nos gustan más las cosas más claras. No basta con decir las cosas, de eso también me he dado cuenta, aquí hay que tener mucho cuidado con el lenguaje.

— Aquí nos tomamos todo muy en serio…
— Como debe ser ¿no?

— ¿Llevas mucho tiempo viviendo en Bercimuel?
— En Bercimuel… compré la casa hace veintitantos años pero, me vine a vivir de continuo hace unos seis años, cuando me jubilé.

— Te lo digo porque no parece que se te note mucho el acento andaluz…
— Es curioso pero, por mi carrera, yo me doctoré en Filología Árabe, en la Universidad de Granada. O sea, soy arabista y, fui profesor y dirigí el departamento de Estudios Árabes Islámicos de la Complutense hasta mi jubilación. Siempre me decían que a pesar de haber pasado tanto tiempo por estos países árabes, no había perdido el acento pero, lo debo de haber perdido al venir a Castilla…

— Desde que eres cronista de Bercimuel, ¿qué es lo que más has estudiado y que es lo que te gustaría estudiar?
— Bercimuel es un pueblo cuyo censo no pasa de veinticinco habitantes pero eso sí, tiene mucha más historia de lo que parece. Por lo que he podido investigar, ver y rastrear, la historia se remonta a los tiempos de los romanos. En la Edad Media, fue capital del Ochavo de Bercimuel de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda, lo cual no es “moco de pavo” pero, después sufrió, como todos los pueblos, el “tajo” de la despoblación de los años sesenta y ahora aquí… El libro que he escrito que quiere preservar para los hijos o los hijos de los hijos de los bercimuelenses actuales, la memoria de este pueblo.

— ¿De los documentos que has encontrado hay alguno especial?
— Revisé lo que estaba al alcance de mi mano. Vi los Archivos de Sepúlveda, de Segovia, los nacionales y, con todo ello, fui escribiendo la historia. Ahora estoy liado, quiero que salga antes del verano el estudio de un documento del siglo XVIII “El Catastro del Marqués de la Ensenada”, la parte dedicada a Bercimuel, la visita que hizo la Comisión Real a Bercimuel y las respuestas que les dieron las autoridades de aquí, del pueblo. Ahora, aún estoy transcribiéndolo, analizándolo. Me gustaría presentar el retrato de Bercimuel en el siglo XVIII.

— ¿Se tarda mucho en completar estas investigaciones? ¿Es fácil encontrar la documentación necesaria o está dispersa?
— Has dado en el clavo. No, no es fácil. Principalmente porque los documentos municipales se pierden en muchas ocasiones. La grandes casas reales o las grandes instituciones consiguen guardar los documentos pero, en los pueblos, a causa de cualquier cosa: Un incendio, una inundación… se pierden. Por lo tanto, todo lo relacionado con los documentos municipales me ha costado muchísimo trabajo, casi no hay. De la iglesia, en cambio, he encontrado más, eso depende pero, uno de los principales problemas que tenemos en estos pueblos es la pérdida de la documentación antigua.

— ¿Entonces en que os basáis? ¿Cómo os organizáis?
— Pues en lo que nos queda, en lo que se encuentra en otros lugares, en la bibliografía antigua y, también en el patrimonio físico que tenemos, como iglesias ermitas… y en las tradiciones.

— En patrimonio ¿qué destacas en Bercimuel?
— Nuestro buque insignia, nuestra “perla”, es nuestra iglesia románica del siglo XII. Ya sé que todos los pueblos tienen su iglesia pero, nosotros también la tenemos y sentimos mucho cariño por ella, ese es nuestro gran monumento. Después tenemos un par de fuentes del siglo XIX por las que siento un gran aprecio y, nuestra cruz del siglo XVI a la entrada del pueblo… Bercimuel no es ni Riaza ni Sepúlveda pero, también tiene su gracia y también tenemos nuestras cosas…

— No todos los pueblos tienen que ser monumentales, hay otras localidades con otros encantos pero, ya entrando de lleno en el futuro, porque los cronistas no solo analizáis el pasado, también os enfocáis hacia lo que vendrá. Con los datos que vas conociendo de Bercimuel, ¿Cómo ves su futuro?
— En mi libro, al final, cuando hablo del futuro de Bercimuel, digo que es una página en blanco. Esta es una frase que se puede aplicar a todos los pequeños pueblos del nordeste de Segovia, “tocados” por la despoblación.

¿Qué cual va a ser nuestro futuro? Pues no lo sabemos, dependerá mucho de la actuación del Estado , de lo que se pretenda. Puede que lleguemos a ser pueblos de segunda residencia, puede que seamos pueblos que luchemos por el arraigo de la gente y consigamos que venga un grupo importante de personas que permitan que no mueran estas poblaciones, puede que tengamos, por fin, unos servicios básicos, una buena Wifi y una buena conexión para móvil y que pueda venir aquí la gente a trabajar, como técnicos teleoperadores… Eso dependerá de lo que quiera hacer el Estado a través de los futuros gobiernos con nuestra zona.

— ¿De momento se ha hecho algo?
— Seguimos luchando. Aquí, uno de los objetivos que hay es la lucha contra la despoblación. En pocos días va a tener lugar una gran manifestación, esperemos que masiva, en Madrid, en la que estaremos Soria, Teruel, Segovia… Pidiendo medidas concretas, económicas, fiscales, medidas de servicios… una mejor planificación para estos pueblos.

Pedimos que no sea tan terrible la burocracia cuando tengamos que pedir algo, hay que hacer muchos papeles. Estamos todos metidos en ello porque, de lo contrario, estos pueblos desaparecen. Cuando vine a conocer la zona, tenía cien habitantes. Cuando vine a vivir, unos cincuenta y, en este momento, unos veinticinco, de los que viviendo realmente, seremos una docena como mucho. La inmensa mayoría somos jubilados. La población activa aquí será de dos o tres personas y, eso sí, no trabajan en el pueblo, trabajan en los alrededores como Riaza, Boceguillas, Aranda… donde hay trabajo.

— Donde hay trabajo, tú lo has dicho. Debe ser muy complicado para pequeños pueblos como este, mantener la población.
— Lo es. Intentamos que la gente tenga arraigo y, para ello hacemos fiestas como la de la “Matanza”, para que la gente venga. Todos, los hijos de los migrantes que viven en Madrid o Barcelona normalmente vienen. Intentamos conseguir que esta gente no pierda el contacto, los que han nacido aquí y sus hijos… Que no pierdan el contacto con su pueblo.

— Pero, lo malo es que cuando hay que buscar trabajo, la gente sale corriendo…
— Claro, si no hay trabajo, es imposible quedarse.

— Cuando me hablabas de los pueblos de Andalucía, que son más grandes, es porque “hay trabajo”… Del tipo que sea, pero lo hay.
— Sí, aunque el problema del paro es importante en toda Andalucía allí por lo menos existe el PER, las famosas peonadas. Eso hizo que los pueblos no se despoblaran, como ha pasado aquí. Si se hubiera adoptado una política como el PER, en su momento, se hubieran salvado muchos pueblos de la soledad en la que estamos ahora.

— A vosotros, a los cronistas, que estáis en contacto con lo que ocurre estudiando la historia, trabajando codo con codo con los Ayuntamientos, con la gente, resolviendo dudas desde un punto de vista histórico, apoyando para que el futuro sea lo más claro posible ¿Las autoridades os consultan cual sería la mejor manera de atajar un problema, o no?

— Depende de la “autoridad”, las principales sí que tienen más contacto con nosotros, con los cronistas. Por ejemplo, a la hora de poner el nombre a una calle, o algo así, siempre se nos consulta pero, también es cierto que nosotros estamos cerca de ellos, intentando preservar el patrimonio histórico, procurando que no se deteriore.

Ocurre lo mismo con el patrimonio natural, parajes que son característicos y típicos, como el “Pico de la Cuesta”, que ahora hay una mina que se lo quiere comer… Por eso estamos encima, para que resista y que la gente tome conciencia de que tiene que defenderlo, porque es más los que estamos encima de ellos que ellos de nosotros. De todas las maneras estoy muy contento porque siempre que hay algo cultural me consultan y trabajamos juntos.